Gobierno

India pregunta si comer es un derecho

En el deslucido hospital de distrito, donde perros olfatean los pasillos en busca de comida, los hijos de Ratan Bhuria están acurrucados en el pabellón de desnutridos, al borde de la inanición. Su hija, Nani, tiene 4 años y pesa 9 kilogramos. Su hijo, Jogdiya, tiene 2 y sólo pesa 3.6 kilos.

Sin tierra, analfabetas y ahogados en deudas, Bhuria y sus hijos llegaron al hospital tras haber caído por la red de seguridad social de India. Deberían recibir del Gobierno alimentos o aceite de cocina subsidiados. No es el caso. Los niños más grandes deberían ir a la escuela y recibir una comida diaria gratuita. No es el caso. Y distan mucho de ser los únicos: un reciente estudio arrojó que los ocho estados más pobres de India cuentan con más habitantes en situación de miseria (421 millones, de acuerdo con estimaciones) que las 26 naciones más pobres de África.

Para el gobernante Partido del Congreso Nacional, que ha basado su suerte política en atraer a los pobres, esta persistente incapacidad para que el Gobierno funcione para gente como Bhuria ha suscitado un debate ideológico sobre un tema que hubiera resultado impensable para India en el pasado: ¿acaso el país debería empezar a liberar a los pobres del yugo del ineficiente sistema de distribución gubernamental de alimentos, instituido hace décadas, y poner a prueba algo radical, como simplemente entregar vales para alimentos o efectivo?

Este replanteamiento es ahora impulsado por una propuesta potencialmente extensa que ha dividido al Partido del Congreso. Su presidenta, Sonia Gandhi, aboga por la creación de un derecho constitucional a la comida y la ampliación de la prestación existente para que cada familia india sea candidata a recibir cada mes un costal de 35 kilogramos de cereal, azúcar y queroseno. Estas prestaciones han ayudado al Partido a ganar votos.

Muchos economistas y defensores de la economía de mercado dentro del Partido coinciden en que los pobres requieren mejores herramientas para recibir sus prestaciones, pero creen que el sistema actual de entrega tiene que ser desmantelado, no ampliado. Alegan que entregar vales equivalentes al costal de cereal liberaría a los pobres de un rígido aparato gubernamental y les permitiría comprar donde y lo que quisieran.

India superó la escasez alimenticia durante los 60 gracias a la Revolución Verde que introdujo cereal de alto rendimiento y fertilizantes, además de ampliar la irrigación, y la economía india ha registrado uno de los crecimientos más rápidos del mundo durante la década pasada. Pero hoy, sus niveles de pobreza y hambruna se mantienen pésimos: aproximadamente 42 por ciento de todos los niños indios menores de 5 años tiene un peso por abajo del normal.

El sistema alimenticio existe desde hace más de medio siglo y se ha visto plagado por la corrupción y la ineficiencia. Estudios arrojan que el 70 por ciento de un presupuesto de aproximadamente 12 mil millones de dólares es malgastado, robado o absorbido por costos burocráticos y de transportación.

Para Gandhi y sus aliados de inclinación izquierdista, convertir la comida en derecho legal les daría a personas, como Bhuria, una herramienta para exigir prestaciones que les corresponden legítimamente.

En el hospital de distrito, Bhuria relató que solicitó tres veces una tarjeta de racionamiento alimenticio, pero que el empleado nunca se la entregó.

Él y su esposa migraron con sus hijos al estado vecino de Gujarat para trabajar como jornaleros. Trabajar en Gujarat es común para campesinos de Jhabua, pero puesto que no pueden utilizar sus tarjetas de racionamiento fuera de sus aldeas de origen, batallan para dar alimento a sus familias. Cuando los migrantes regresaron en julio para sembrar en sus campos, los pabellones de desnutridos del hospital de distrito empezaron a llenarse.

“Es un ciclo”, expresó I.S.Chauhan, médico que supervisa los pabellones. “La madre también sufre desnutrición. Y son trabajadores migrantes. Trabajan todo el día y no pueden cuidar a sus hijos”.

Hari Kumar contribuyó con reportes a este artículo.

Fuente: Reforma – The New York Times, p. 2
Autor: Jim Yardley
Publicada: 14 de agosto 2010

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