En el marco de la consulta sobre el aeropuerto, hablamos con el encargado del impacto ambiental del NAIM. Esto fue lo que nos dijo.

La decisión sobre el próximo proyecto aeroportuario en el Valle de México se ha polarizado entre dos propuestas. Por un lado se plantea continuar con el desarrollo del Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM) en la zona del ex-lago de Texcoco, mientras que por la otra se propone ampliar la actual terminal aérea de Santa Lucía y fortalecer el aeropuerto actual.

Este jueves dio inicio la consulta ciudadana que busca identificar la preferencia de la sociedad entre ambos proyectos. Las casillas se mantendrán hasta el próximo domingo 28 de octubre.

Los aspectos a tomar en cuenta para tomar una decisión informada alcanzan múltiples dimensiones, como los aspectos de capacidad y operación, de financiamiento de cada propuesta y los impactos sociales y ambientales.

En particular, el impacto ambiental del NAIM ha cobrado mayor notoriedad a raíz del surgimiento de voces críticas contra el proyecto y la campaña en redes sociales #YoPrefieroElLago.

Desde Grupo Aeroportuario de la Ciudad de México (GACM), empresa mayoritariamente estatal encargada de operar el NAIM, califican estos ataques como “información descontextualizada” cuyo origen procede de los propios documentos y estudios públicos que ellos han dado a conocer como parte del proceso.

Alejandro Virchez, subdirector de Medio Ambiente de GACM, defiende su proyecto al considerarlo la opción más sustentable y con la mejor posibilidad de “generar un tsunami positivo” para la zona oriente de la ciudad.

Aunque la comparación entre las cualidades ambientales de ambas propuestas resulta complicada actualmente, lo que han destacado algunos expertos en tanto que los estudios de impacto de Santa Lucía se encuentran en desarrollo, Virchez visualiza algunas situaciones de riesgo en este plan.

“No hay posibilidad ahorita de hacer un comparativo entre ambas propuestas porque no hay plan ni programa para el caso de Santa Lucía. El proyecto del nuevo aeropuerto tiene 20 años de estudio, cuenta con una Manifestación de Impacto Ambiental (MIA), tiene mejor accesibilidad y mayor factibilidad, aeronáuticamente hablando, que el actual aeropuerto y es un predio que permite crecer. No es un capricho”, asegura.

¿Cuáles son los riesgos ambientales y sociales que ve en el proyecto de Santa Lucía?

Sobre ese proyecto hay mucho desconocimiento, no sabemos qué va a pasar. Está asentado también en un lago y colinda con varias zonas de producción agrícola intensas que habría que adquirir; cerca se encuentra el Lago de Zumpango, lo que generaría complicaciones; tampoco hay zonas de explotación por lo que tendrían que llevar materiales de otra zona y las vialidades están restringidas, no hay metro ni transporte colectivo.

Y el nuevo aeropuerto, ¿qué cualidades lo hacen mejor opción para el entorno y la sociedad?

Estamos generando un número importante de empleos, actualmente tenemos 2 mil plazas temporales a quienes estamos capacitando en oficios junto con la Cámara Mexicana de la Industria de la Construcción (CMIC). Esto con la idea de que continúen con nosotros pero puedan alcanzar un mejor empleo y beneficios económicos. En todo el polígono, tanto grupo aeroportuario como sus empresas proveedoras, hay 14,000 trabajadores. A mediados del próximo año anticipamos 27 mil y para finales, 40 mil. Y ya en la próxima fase anticipamos alcanzar 120 mil y 400 mil empleos cuanto lleguemos al pico.

Hablando del impacto ambiental del NAIM, vamos a utilizar energías limpias pues nuestra meta es abastecernos 100% de estas fuentes cuanto estemos operando, es decir entre 2022 y 2024. Vamos también por la certificación LEED en cuatro edificios, uno de ellos será nivel platino versión 4, lo que nos convierte en el primer aeropuerto con una certificación de este nivel. Sólo San Diego tiene nivel platino pero es versión 3. Y realizamos esfuerzos para alcanzar la huella de carbono cero durante la construcción y operación, a través de la compra de bonos verdes y medidas ecoeficientes de nuestros equipos y procesos.

¿Cómo se abastecerá de agua potable el nuevo aeropuerto y se evitará mayor presión hídrica para la zona?

El consumo de agua de la cuenca de Texcoco que vamos a tener –explica Virchez– es realmente mínimo, no supera 2 por ciento. Vamos a tener dos pozos y vamos a tratar agua para su uso como agua de riego en la zona, evitando que agua potable se destine a ello. También es cierto que, con o sin aeropuerto, el agua es cada vez más escasa.

¿De qué manera mitigarán la afectación en la recarga de acuíferos en esa zona?

Con la Comisión Nacional Forestal (Conafor) estamos ya compensando ese tema de impacto ambiental del NAIM con la reforestación de 5 mil hectáreas en una zona alta, que es donde se debe reforestar porque ahí se recargan los mantos acuíferos. No sólo nos vamos a quedar en las 5 mil, este programa sigue. Además, la construcción del aeropuerto se sostiene en foniles, que son las columnas de la estructura, los cuales permitirán captar agua de lluvia y recargar los acuíferos. Con esto prevemos no sólo mantener sino fomentar la recarga de acuíferos que se da actualmente.

¿Qué va a pasar con el Lago Nabor Carrillo, del cual se ha dicho que se está secando por esta construcción?

El Nabor Carrillo no va a desaparecer por ese compromiso que tenemos nosotros de mantener ese entorno. Lo negamos categóricamente. Esta laguna se encuentra al sur del polígono donde estamos construyendo y va a mantener sus funciones ambientales. Además vamos a hacer cinco lagunas para compensar el tema del flujo de agua y permitir un óptimo manejo hídrico. Es cierto que al cambiar el hábitat que se tenía en el polígono se evaporan algunas lagunas de regulación, y estas generaban un hábitat aviar, pero vamos a hacer compensaciones en función del impacto ambiental del NAIM.

Al respecto, Patricia Ramírez, asesora ambiental de GACM, asegura que “la función reguladora que no pueda hacer el Nabor Carrillo la van a hacer otros cuerpos de agua en la zona”. Explica que estos cuerpos de agua actualmente tienen poca transparencia, gran cantidad de materia orgánica, fostatos y nitratos, lo que los hace poco propicios algunos tipos de vida. “Las características del Nabor Carrillo –dice– son las más bajas de los 10 cuerpos de agua que estamos monitoreando”.

Patricia Ramírez asegura que se están haciendo los esfuerzos necesarios para salvaguardar a los patos y aves playeras que ahí viven, manteniendo las condiciones ambientales en los cuerpos de agua que las hagan permanecer ahí dentro y reduciendo también riesgos de colisión con los aviones.

“Si no se les molesta, tienen alimento suficiente y se evita que la gente entre a molestarlas o cazarlas, esas aves tienden a moverse poco”, comenta.

De manera paralela, se acordó con la Comisión Nacional del Agua (Conagua) subir el nivel de otros cuerpos de agua, como Zumpango, Guadalupe y la presa El Manantial, donde ya se ha registrado mayor presencia de aves.

Como parte de sus acciones de reforestación están sembrando especies que algunos califican como “invasoras”, ¿qué sustento tiene esta decisión?

La decisión de sembrar especies como el pino salado se sustenta en los propios estudios ambientales que desde los 60 hicieron justamente Nabor Carrillo y Gerardo Cruickshank. La única variedad que se dio sin problema fue el pino salado, porque no hay otra que aguante la cantidad de sal que hay debajo, tenemos tres veces más de sal que el mar. Además esa especie subsiste con muy poca agua. Ahorita algunos académicos dicen que es una especie invasora pero no se ha comportado como invasora en esa zona. Llevan 50 años conviviendo ahí, no la trajo el nuevo aeropuerto. Nuestra responsabilidad es no sacarla de la zona, donde ha funcionado muy bien, y no lo vamos a hacer.

Recientemente, el Foro Consultivo Científico y Tecnológico (FCCyT), órgano autónomo de consulta del Poder Ejecutivo, presentó un análisis que contrasta los pros y contras de los proyectos sobre el aeropuerto, con base en la revisión de más de 100 documentos oficiales sobre ambos planes.

El análisis, que puede consultarse aquí, “no busca decir cuál es la mejor opción, sino ofrecer información a los ciudadanos que vayan a participar en la consulta”, de acuerdo con el propio FCCyT.

La mejor opinión y decisión la tiene cada uno.

Acerca del autor

Alejandra Aguilar

Periodista especializada en responsabilidad social y sustentabilidad. Ha colaborado en medios como El Universal, El Economista y Mundo Ejecutivo; así como participado en publicaciones y pláticas de RSE.
Desde 2015 desarrolla investigación y contenido en Expok. #OrgullosamenteUNAM