Colaboraciones

Hacia la ciudadanía ambiental

Por: Forma y Fondo CLXXXII

Muchos años hace que se comenzaron a tratar los problemas y temas ambientales sin un progreso relevante. Los logros y aciertos alcanzados se ven minimizados ante el fracaso de llevar el tema a la vida diaria. Si se pregunta a un citadino cuáles son sus prioridades en materia ambiental, la probable respuesta será la contaminación, el transporte, el caos vial, la falta o la deficiencia de los servicios. Un habitante de zonas rurales hablará de la sequía, la falta de agua potable y servicios, las inundaciones, y en el mejor de los casos la tala inmoderada y la erosión de suelos.

Ambos tienen razón y si se exploraran más opiniones se encontrarían otras diferencias, pero todas convergiendo al mismo punto. Sin embargo no se ha logrado infundir una conciencia ambiental generalizada para recuperar el equilibrio ecológico, el aprovechamiento de los recursos naturales, la protección del ambiente, la flora, la fauna y contribuir cada uno desde su ámbito al desarrollo sustentable a nivel regional y comunitario tanto en zonas urbanas como rurales. Es un hecho que hay más información que fluye hacia la gente gracias a los medios, pero aun está lejana la decisión de transformar nuestros actos, nuestros valores, nuestra ética, en última instancia nuestra conducta cotidiana, en pro del bienestar común.

El concepto de ciudadanía sigue siendo polémico porque implica las exigencias de justicia y pertenencia comunitaria, con una serie de derechos y obligaciones que cada individuo tiene que respetar y hacer que se respeten. El término tiene su origen en la civitas, ciudadanía o ciudad – recuérdese que una misma palabra en la construcción gramatical latina tenía varias aplicaciones y hasta diferentes significados dependiendo del autor – y el civis, ciudadano, cuyo conjunto daba forma a la unidad política más importante. Con el tiempo, ésta pasó a ser el Estado, formado hoy en día por la ciudadanía.

Por igual se estudió desde la concepción del pensamiento liberal y el socio-histórico. La idea lleva a Platón y Aristóteles a separar lo público de lo privado, dando origen a dos tipos de leyes, base del moderno contrato social, que recuerdan a Rousseau, Hobbes y otros pensadores. La separación entre lo público y lo privado es dilemática por la delgada linea que separa al ciudadano del quehacer público.

El concepto de ciudadanía ambiental se maneja en los países anglosajones hace varios años, no así en América Latina en donde es reciente. El ciudadano ambiental es voluntario y comprometido a aprender acerca del ambiente y se involucra con acciones responsables. Entiende que hay un orden moral que respeta toda forma de vida, la integridad de los ecosistemas, la justicia social y económica, la paz, la democracia y la no violencia. Estos últimos cuatro principios, soporte de La Carta de la Tierra, código de ética para el Desarrollo Sustentable, propuesto en la Cumbre de Río en 1992.

La ciudadanía ambiental, teóricamente tiene sus raíces y valores en el proceso educativo, pero no sólo en el ámbito escolar, sino en los diferentes espacios de la vida diaria y la esfera pública. Sus capacidades y competencias para elegir entre las diferentes opciones que parten de intereses en común y consideraciones éticas implican una pedagogía social, ligada a lo político.

Otro concepto la enriquece aun más. Es el de ciudadanía ambiental global, que rebasa al ciudadano de un país, para convertirlo en ciudadano global por las obligaciones vinculantes con la sociedad y con los recursos naturales del Planeta. Un conocimiento del medio ambiente para tomar acciones ambientales responsables, en lo individual y en lo colectivo. Es la evolución de la vida en sociedad que revalúa el contenido de la relación político social entre individuos y grupos con la expectativa de un nuevo pacto social en que los ecosistemas son el factor básico a preservar, para asegurar la supervivencia de la especie.

La ONU inició el proyecto de Ciudadanía Ambiental Global en el 2003, incluyendo educación y comunicación ambiental, en siete países: Argentina, Chile, Perú, Ecuador, Costa Rica, Cuba y México. Sus objetivos generales buscan elevar la conciencia pública en cuatro temas torales: biodiversidad, cambio climático, capa de ozono y aprovechamiento del agua. El cambio de actitud ante estos problemas tan graves es decisivo, ya que de continuar arrastrando los problemas surgidos ayer, que afectan el presente, también lo harán con las próximas generaciones.

Tales son los desafíos en la búsqueda de una visión integral para ejecutar los instrumentos de las políticas ambientales, adaptando las variables ecológicas, económicas, políticas y sociales. La salud, los recursos energéticos, la preservación de los recursos naturales, la disposición final de residuos, la gestión ambiental, el control de las actividades productivas, la recuperación de suelos y la mejoría en la calidad de vida de la población son los temas que se evalúan en la óptica de la sustentabilidad futura, fincándola en el presente.

La forma: apoyar las iniciativas para no seguir deteriorando y perdiendo ecosistemas.
El fondo: el Planeta, nosotros y las generaciones futuras lo agradeceremos, porque: TODOS SOMOS NATURALEZA [email protected]

Este artículo es responsabilidad de quien lo escribe y no refleja la opinión de Expok ni de sus colaboradores.

Fuente: Acacia Fundación Ambiental A.C

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