RSE

Gracias por fumar o el cinismo de la RSE

Por: María José Evia Herrero

¿Quién defiende los intereses de las empresas de tabaco? ¿Y las del alcohol y las armas? ¿Cómo lo hacen sin sentir remordimiento por los daños de estos productos? Gracias por fumar es una comedia dramática que responde estas preguntas por medio de un personaje sin escrúpulos a quien no podemos evitar amar.

En el primer filme de Jason Reitman (Juno, Up in the Air), basado en el libro del mismo nombre de Christopher Buckley, Nick Naylor tiene el don de convencer a cualquiera con sus grandes habilidades para debatir, y decide usarlas siendo el vocero de la industria tabacalera.

El carisma de Nick, interpretado brillantemente por Aaron Eckhart, y su pasión por una buena discusión no conocen límites. Él no le explica a su hijo cómo resolver problemas morales, sino cómo argumentar a favor del lado que más le convenga. Hay escenas realmente divertidas que también nos dejan con un mal sabor de boca, como una donde Nick deja sin palabras a un niño con cáncer en un panel televisivo. ¿Saber convencer es lo mismo que tener razón?

La película nos lleva a las entrañas de las decisiones empresariales y gubernamentales sobre temas de salud pública, y podemos ver cómo la industria del entretenimiento tiene un gran poder para influir en el público. Pero poco a poco los dilemas éticos de los personajes se van complicando, y Nick cuestiona el ejemplo que le está dando a su hijo.

Gracias por fumar pone en tela de juicio a gobierno, empresas y medios, pero también nos obliga a nosotros, como consumidores, a analizar nuestro papel dentro de la RSE. ¿Somos robots que toman decisiones basados en lo que vemos en la televisión, o podemos desarrollar un criterio propio?

Las aventuras de Nick nunca dejan de ser divertidas, pero al final quedan muchos temas que pueden ser analizados con la mayor seriedad.

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