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Germán Dehesa, el filántropo

Para Germán Dehesa, in memoriam
Para Angel y Andrés; con afecto.

Por: Emilio Guerra

1guerradehesaGerman Dehesa Violante ha dejado de existir, pero vivirá entre sus lectores y las personas que se cuentan por millones que le admirábamos. Vivirá entre nosotros por su legado como escritor, periodistas, narrador, amigo, humano y filántropo.

Hoy me siento triste y un poco vacío pues Germán nos representaba también un faro, una guía para nuestro actuar cotidiano. Leerlo en Reforma era, junto con los textos de Catón, lo que hacía más sabroso el matutino café. Su afición al fútbol y a los Pumas de nuestra UNAM era contagiosa. Como se sabe se canceló el homenaje que rendiría nuestra máxima Casa de Estudios.

German Dehesa, fue un “filántropo de las letras, por las letras y de las letras” nos enseño a través de su oficio el compromiso con los demás como una forma de vida útil profesionalmente hablando. Predicó con el ejemplo y siempre puso su talento y sus medios a favor de los demás. Aún cuando muchos medios de comunicación han narrado su trayectoria profesional, queremos destacar en Expok su lado como filántropo.

El sector filantrópico mexicano le recuerda un sinnúmero de acciones que realizó para apoyar toda causa de beneficio social. Siempre fue un ser solidario con todas las causas dignificantes y que tenían que ver con los desposeídos, los más vulnerables, los más despojados de oportunidades de la vida. Apoyó a Daunis, Gente Excepcional; alentó la operación Cobija y la operación Pibil; colaboró con la Asociación Mexicana Pro Personas con Parálisis Cerebral. Escribía a favor de la ayuda “a los sin casa”, a la donación de sangre, a la procuración de fondos para aliviar las carencias y detonar el desarrollo social, pero siempre, siempre antepuso énfasis en la dignidad de las personas.

Dehesa Violante yuxtapuso con su actuar dos roles que debiesen ser uno en todos nosotros: ser ciudadano y ser filántropo. Por un lado respondió como ciudadano en sus deberes y obligaciones y cuando fue convocado se sumó a comités, grupos de trabajo y consejos ciudadanos. Quién no recuerda su participación en el Fondo Pro Bosque de Chapultepec o bien su compromiso con el comité ciudadano para recuperar el Centro Histórico de la ciudad de México (que instituyera por presiones sociales López Obrador cuando fue jefe de gobierno y que realmente no operó por intereses del perredista. Posteriormente Dehesa en forma digna renunciaría a ese comité ya que no se prestaría jamás a hacer pantalla de nadie).

Por otro, el rol de donante, de activista, de filántropo. Desde su trinchera alentaba a otros a donar, a participar en lugar de quejarse y en forma habitual invitaba a que cada cual descubriera la causa social que deseaba apoyar. De hecho Dehesa formó parte de distintos consejos directivos o consultivos de organizaciones civiles como por ejemplo el Museo de Arte Popular, la Fundación Rodrigo A. Llaguno, Padres Afectivos e IBBY México, por citar algunas.

En su desenvolvimiento como comunicador dispuso sus recursos a difundir y apoyar también causas sociales. A través de la Radio, donde tuvo diversos programas en distintas estaciones, promovió el programa Mira por los Demás que lanzó en 1994 el Centro Mexicano para la Filantropía. En 1995 apoyó la campaña y difundió una extraordinaria entrevista con Don Manuel Arango y Jorge Villalobos quienes en los micrófonos del Núcleo Radio Mil explicaron los alcances de actuar a favor de los demás y fue cuando se introdujo en México la propuesta de que las empresas donaran el 1% de sus utilidades antes del pago de impuestos y que las personas donáramos una hora de nuestro tiempo a la semana para dirigir trabajo voluntario.

En lo personal me dejó grandes lecciones con su tono fino y a la vez sencillo. Una de las mejores enseñanzas que me legó como maestro fue la celebérrima frase que cuando en las estaciones de radio se promovía la venta de uno de sus libros se le citaba: “agradezco a la vida por la educación que me han dado mis hijos”, frase que refiere su magistral forma de vivir, de estar abierto de romper sus propios esquemas, prejuicios, perspectivas parciales y aceptar otros puntos de vista, otras visiones.

Como lo han dicho otras personas, Dehesa gozaba la vida, contagiaba y nos mostraba que a través del gozo también se agradece al creador. Su columna, La Gaceta del Angel, significaba para sus lectores un apapacho cotidiano, era quien te abrigaba por su sencillez y hacía notar la ayuda que se precisaba para cuidar los bienes públicos. Siempre enfrentó y llamó la atención sobre el riesgo de que la estupidez fuese aceptada como justificación del deber público incumplido. Su última batalla, “Qué tal durmió”, se circunscribía a ese razonamiento y aunque él no esté físicamente, nos deja la tarea de continuar y perseverar hasta que se alcancen los objetivos deseados.

Tuve el honor de conocerlo personalmente y convivir con él en varios eventos filantrópicos. Especialmente recuerdo cuando recibió el Reconocimiento al compromiso con los Demás, que el Centro Mexicano para la Filantropía le otorgó en 2003. Este es sin duda uno de los reconocimientos más trascendentes que hay en el mundo de la filantropía. Esa noche en uno de los salones del Hotel Camino Real dictó cátedra. Modesto y sencillo como fue, nos leyó su escrito “Nosotros” que se publica líneas abajo. Expresó entonces que el reconocimiento lo recibía no por méritos personales, sino porque con ello se destacaba el esfuerzo de un sin número de héroes sociales que permanecen anónimos.

Ese día conocí al pequeño Andrés, el Bucles y en otra ocasión por las faenas del trabajo de comunicación en filantropía conocí a Angel por intermediación de la querida comunicadora Laura Viadas. Tanto a Angel como a Andrés les rodea un aura dehesiana, ¿serán los genes?, ¿será la intelectualidad?, ¡¿Será el gozo por la vida que les enseño su padre?!, No lo sé pero mandamos un abrazo que les pueda brindar consuelo y resignación.

Dehesa Violante nos marcó una ruta que desde luego el siguió y que puede resumirse en una lección de vida, lo que tú eres, sí no lo compartes a favor de los demás, de nada te sirve. Por eso mantengamos a German entre nosotros, que siga sentado en nuestra mesa, para ello hay que donar, darnos, compartir, conjugar siempre el “nosotros”.

A continuación reproducimos con permiso del Centro Mexicano para la Filantropía, el discurso que Germán Dehesa pronunciara en noviembre de 2003 con motivo del otorgamiento del Reconocimiento al Compromiso por los Demás; texto publicado originalmente en el Boletín Cemefi Informa, noviembre-diciembre 2003, México.

Los reconocimientos se conjugan en un “nosotros”

Germán Dehesa

Mi paraje. Cada quién tiene sus sueños. En estos días a mi me ha ocurrido que estando despierto, bien despierto, he fabricado un sueño. En él aparecen los descendientes de Adán y Eva, que reclaman su inalienable derecho de que el mundo les sea devuelto. Sueño también que la ley los apoya y que algún supremo e inapelable tribunal dictamina, todos tienen derecho durante sus contados días a usufructuar, a disfrutar, a vivir, a gozar, a morir en su justa parcela de mundo que será provisionalmente suya y en tanto la honren con el trabajo, con el amor permanecerá en sus manos.

Los descendientes de Adán de Arcipreste y Eva de Arcipreste somos nosotros, todos nosotros, los presentes y los ausentes, los que tenemos de sobra y los que no tienen nada. Este es mi sueño, el mundo, el femenino cuerpo del mundo, es mi paraíso y en favor de mi sueño trabajo y trabajaré con gusto y sonriente amor.

Es enormemente deleitoso saber que no estoy solo, que el mero hecho de optar por la justicia y la equidad me coloca de golpe en lo que Octavio Paz llamaba “el reino de los pronombres en pasado”. El “yo”, el fatigoso yo; el “tú”, el amenazante tú; y el lejano y misterioso “él”, se disuelven uno en el otro, y de esta dulce alquimia surge humano, esplendoroso, el único pronombre que nombra a los humanos “nosotros”. Este es para mi importantísimo.

Recibo este reconocimiento a nombre de “nosotros”, la delirante creatividad de mi madre me condenó a llamarme Germán, pero también me llamo Ángel, Adriana, Rosa Elvira, Nely, Señor o Señora Llaguno, Beatriz, Marinela, Josefina, Federico, Marú, o Rubén, o Alfredo.

Soy una multitud, una activa sablea de nombres, pronombres, recuerdos y olvidos. Mi vida, es la vida. No creo, en verdad, no creo haber hecho algo notable. Lo dolorosamente notable es el egoísmo y la mezquindad de tantos seres, que al desentenderse de la generosa justicia, no se dan cuenta que están renunciando a la vida y se están condenado a una permanente y anticipada muerte.

Todo yo, emblema de fatuidad es un ser condenado, la amorosa salvación se llama “nosotros”. Recibo este premio, literalmente, encantado de la vida. Lo recibimos los tarahumaras, los niños y jóvenes de APAC, los que estamos aprendiendo a leer, los que voceamos periódicos, la gente, mi gente de Tepito, los que nos reunimos en la operación Pibil, mis talentosos músicos, las letras mexicanas que quieren vivir, los médicos y los niños que restauran el corazón de México, los campesinos de Tlalmanalco, el desgarrado tejido social de Ciudad Juárez, los enfermos mentales, los de Aldeas Infantiles, los que crecen al amor del Teletón, de la Fundación México Unido, los de Un Kilo de Ayuda, las jovencísimas madres de la Casa de las Mercedes, los niños con SIDA de la Casa de La Sal, los animales, las orquídeas de la Selva de los Tuxtlas, los del metro de libros, los artesanos de mi país, la Comunidad Down, mis fidelísimos, jaladorsísimos, mis solidarios lectores.

Por supuesto que lo recibimos, y lo agradecemos. “No es bien nacido quien no es agradecido”, decía mi madre. Ella todavía está aquí, de alguna manera está aquí, y sigue diciendo que no tengo remedio. Lo sé, yo no tengo remedio, pero “nosotros” esa hermosa fusión y confusión de los que precisan ayuda, con los que nos ayudamos ayudando, somos el nombre secreto de la salvación.

Adriana, mi amor, acompañémonos; amigos, acompañémonos. Recibamos premios antes de que se arrepientan los que los otorgan. Aparece mi padre, que se llamaba Ángel, si te dan agarra; si te quitan, grita. Agarro nuestro premio a nombre de los descendientes de Adán y Eva, e insisto del brazo de Rosario Castellanos, acompañémonos, acompañémonos, hasta que la justicia se siente entre nosotros.

Gracias.


Emilio Guerra Díaz

Sociólogo, articulista en diversos medios impresos desde 1988. Ha colaborado en el sector filantrópico por más de 20 años. Es Voluntario desde 1989. Autor del libro “La política de planificación familiar del estado mexicano”, UAM-Xochimilco, 1991. Consultor en Desarrollo Institucional para OSC. Fue subdirector de la Fundación Cultural Bancomer y Director de Información y Servicios del Cemefi. Actualmente es Gerente de la Fundación ADO.

Acerca del autor

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