Fundaciones Empresariales

Fundación 9/11

Por: Emilio Guerra Díaz

Con respeto al trabajo voluntario que como bombero ha realizado por varios lustros Jorge Julián Chávez Murillo en Culiacán, Sinaloa.

Aún cuando no es una institución empresarial, como tema obligado por las fechas que conmemoramos en septiembre, se hace atractivo hablar de la norteamericana Fundación 9/11. Constituida a raíz de los atentados terroristas de septiembre de 2001.

Esta fundación busca apoyar la labor de policías, bomberos, paramédicos, rescatistas, voluntarios y sus familiares que actúan de inmediato en la atención de una emergencia. Sobre el modelo es sumamente atractivo visualizar cómo la participación organizada de la ciudadanía puede contribuir con recursos adicionales el esfuerzo público que proviene de las acciones de gobierno. La Fundación 9/11 destina apoyo tanto económico como psicológico a familiares de algún rescatista que haya fallecido a causa de su participación en una eventualidad para salvar la vida de otras personas.

En este caso, se observa que abastecer y proveer de las herramientas necesarias, dar capacitación y constante actualización en diversas maniobras que inciden en el rescate, en la logística para la atención de una emergencia y pagar la nómina de los empleados son responsabilidad gubernamental, lo cierto es que la ciudadanía que se suma a apoyar actividades de interés público, es una situación ventajosa para todos porque los particulares proveen de recursos adicionales para el manejo profesional de emergencias donde la lógica es muy interesante y profunda: colaboro hoy para prevenir el mañana.

Piense usted en dos mega catástrofes que por incendios devastaron ciudades completas, como fue la destrucción de Londres (2 de septiembre de 1666) y a principios de la primera década del siglo pasado San Francisco, California; que a raíz del terremoto de 1905 la ciudad vivió una situación de emergencia a causa de la propagación del fuego. La tragedia sobrevino por los efectos de vulcano y no tanto por las ondas sísmicas.

Del aprendizaje colectivo por la desgracia de San Francisco, la ciudadanía estadounidense comprendió que conviene a todos, pero absolutamente a todos, participar en el fortalecimiento de los cuerpos de rescate, que es una función pública a la cual el gobierno debe de dirigir los recursos suficientes para que cumplan su labor, pero como ciudadanos también aportan recursos privados a esta función pública.

Este mandamiento se hace ley y se garantiza un sueldo digno y capacitación constante. Sin embargo, los ciudadanos que se van involucrando en apoyar este tipo de actividades están preocupados, por que personas que involucradas en estas desgracias no mueran calcinadas, queden laceadas o pierdan su proyecto de vida y capacidad productiva; desean que el patrimonio familiar no se pierda; están interesados que la infraestructura urbana se preserve y conserve la riqueza colectiva atesorada en universidades y museos, galerías y centros comunitarios, escuelas, bibliotecas y edificios públicos. Cuando hay un incendio se pretende detenerlo lo más pronto posible pues el patrimonio social está en peligro y no sólo el lugar donde inició el fuego.

Al cumplirse una década del ataque terrorista a los Estados Unidos. El pasado fin de semana la televisión trasmitió diversos programas especiales, documentales y nuevas imágenes del atentado a distintos objetivos que sufrió la unión americana ese dantesco día.

Reflexiones al revisar documentales, testimonios de los sobrevivientes y de los cuerpos voluntarios y profesionales de salvamento, rescate y policía trasmitidos el pasado fin de semana motivaron a escribir este artículo porque a pesar de la gran infraestructura y preparación del Departamento de Bomberos de Nueva York (NYFD, por sus siglas en inglés) la magnitud de la desgracia rebasó cualquier preparación, pero siempre del análisis de los acontecimientos los norteamericanos sacan provecho para una mejora continua en actividades como la de rescate. Ese día decenas de bomberos y rescatistas dieron su vida por otros.

Ciertamente en alguno de los programas pude constatar la afirmación de un policía sobreviviente de una de las torres del World Trade Center de Nueva York, éste afirmaba: “no estábamos preparados ante magna catástrofe, la incertidumbre y falta información sobre el origen de la emergencia y su sucesivo desenlace”. De esta manera, el paradigma de “lo más seguro para una persona es permanecer en el edificio”, se vino abajo con los hechos.

A una década los cuerpos de rescate norteamericanos han desaprendido y re aprendido sobre procesos de cómo abordar una emergencia de gran envergadura y han desarrollado técnicas y más recursos. La ciudadanía ha aumentado su contribución en donativos para esta labor.

Yo desearía, soñando, que nuestros cuerpos de policía, bomberos y voluntarios fueran institucionalizados. Me gustaría ver que parte del presupuesto destinado a partidos políticos fuese recortado y dirigido a dignificar los sueldos de estos servidores públicos. Con lo que ganan, no podemos afirmar que cubran sus necesidades dignamente. Me enorgullecería que todos los guardáramos respeto y nunca más registrar casos como las “ladies de Polanco”. Y me placería que participáramos con seriedad y entrega a las actividades de protección civil. Me gustaría contar con una cultura colectiva de apoyo a los rescatistas y que contaran con el equipo necesario y de calidad y en cantidad suficiente para atender cualquier eventualidad.

Si usted visita hoy una estación de bomberos podrá testificar que sus equipos resultan insuficientes, obsoletos y poco funcionales. Necesitamos dotar, por conveniencia de todos, de recursos suficientes para dignificar su labor.

La segunda parte de este sueño que comparto en estas líneas, consistiría en que juntos nos involucráramos más y constituyéramos más organizaciones civiles para apoyar a nuestros verdaderos servidores públicos, quienes arriesgan la vida por otras personas que ni siquiera conocen y que sí es necesario, apoyemos a quienes fallecen en esta noble labor y no dejar solas a sus familias.

Ya tuvimos nuestro “septiembre negro” en 1985 pero no contamos con una Fundación tipo la 9/11 para apoyar a rescatistas.


Emilio Guerra Díaz

Emilio Guerra cuenta con amplia experiencia en la Gestión de la RSC, destacando su trabajo en el área de vinculación con la comunidad que potenciar la inversión social empresarial. Ha gerenciado fundaciones empresariales.

Acerca del autor

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