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Empresas responsables, motores del cambio socioeconómico

Ante la pobreza, no sólo se necesita filantropía, sino compañías que interactúen con la sociedad y el Estado

A pesar de que algunos países, como China e India, pudieran lograr la meta del milenio de reducir la pobreza y el hambre en 50%, de 1990 al 2015, lo cierto es que a nivel general, los índices de marginación en todo el mundo van en ascenso.

Esto es, poco menos de la mitad de la población mundial de los más de 7,000 millones de personas que la conforman, viven con menos de 2 dólares diarios y casi un quinto obtiene menos de uno; lo cual es moralmente inaceptable y económicamente absurdo. Ante ello, urgen soluciones innovadoras que, sin duda, las empresas pueden dar y con esto hacer una diferencia en su entorno, con la comunidad que atienden, así como emprender acciones de gran impacto social. Lo anterior, con todo y que son las corporaciones a quienes se les atribuye gran parte de las disparidades de los ingresos.

De acuerdo con George C. Lodge la importancia de que la gran empresa asuma a cabalidad su papel responsable en la sociedad, estriba en varios factores: poseen competencias como talento humano, tecnología y crédito, entre otros. Los beneficios del crecimiento no necesariamente llegan a los estratos de más bajos ingresos, se requieren esfuerzos especiales.

No basta, por ejemplo, con conectar a una localidad con la Internet, los habitantes de ésta pueden recibir capacitación y la gran empresa proveer entrenamiento, tiempo de sus asociados 
y motivación.

Las firmas también tienen un enorme potencial para promover el capital social, organizar a sus asociados, persuadirlos y fomentar actividades en pro de terceros y de la comunidad, pueden ser promotoras de poderosas redes sociales, que incluso pueden tener representación política.

No menos importante es su papel dentro de la cadena de valor, como factor de arrastre y demostración, incluso, compartiendo sus mejores prácticas con proveedores, distribuidores y clientes. Además es una magnífica oportunidad, por ejemplo, para que pequeñas y medianas empresas mejoren su competitividad y se sumen a prácticas socialmente responsables.

Una nueva línea de esta responsabilidad corporativa es la expuesta por Prahalad y Hammond, al conceder a las multinacionales un papel importante en el desarrollo económico mundial, al proveer bienes y servicios de calidad y bajo costo a la población de menores ingresos, lo cual permite mejorar la calidad de vida de miles de personas en la base de la pirámide y, al mismo tiempo, generar negocio.

Otra ventaja de la gran empresa es su posición para apoyar e impulsar proyectos locales que puedan convertirse en el factor de cambio y el parteaguas para las comunidades que viven en pobreza extrema.

Todos estos atributos son importantes en la lucha por la erradicación de la pobreza. Algunos pasos ya se han dado para convertir a la empresa en un verdadero y nuevo motor de cambio, como cuando en julio de 2000 se lanzó el Pacto Mundial a iniciativa del Secretario General de la ONU, Kofi Annan, para promover las prácticas de negocios responsables, al cual ya se han adherido un número importante de corporaciones.

Desarrollar un sentido de Responsabilidad Social Empresarial (RSE) implica que las empresas tengan que avanzar por diversas etapas en la curva de aprendizaje, antes de ostentarse como negocios responsables.

Muchas veces la responsabilidad social se encasilla sólo en la filantropía o bien se ejercen prácticas de RSE, pero no se les reconoce como tal, esto es lo que Simon Zadek define como la etapa defensiva.

Después viene una etapa de cumplimiento, basada en una serie de políticas claramente definidas en materia de RSE; seguida por la de gestión, cuando estas prácticas se introducen en los procesos centrales de gestión. Un siguiente peldaño es la estratégica, cuando las medidas de RSE forman parte de la planeación estratégica y por último está la etapa civil, donde la compañia ya promueve sus prácticas de Responsabilidad Social Empresarial hacia el exterior: la industria, su cadena de valor e incluso la comunidad.

Sin duda, la RSE requiere de un aprendizaje (de un liderazgo valiente, la adopción de medidas que no aportan a los resultados financieros de la empresa y que incluso pueden ser onerosos a corto plazo) y de un proceso arraigado para la innovación organizacional. El camino hacia la Responsabilidad Social Empresarial, aún es largo, pero se presenta como una magnífica oportunidad para ser un motor de cambio y transformar la calidad de vida de millones de personas que hoy viven sin esperanza; es redimensionar el papel de las empresas en la sociedad y su interacción con las políticas públicas.

Fuente: mundoejecutivo.com.mx
Por: Laura Iturbide Galindo/Directora del Instituto de Desarrollo Empresarial Anáhuac
Publicada: 24 de mayo de 2012

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