RSE

Economía consciente

Si algo tuvo de positiva la crisis económica mundial del 2009, que todavía se hace presente en sus efectos, fue poner de manifiesto que íbamos por un camino equivocado y que, de seguir en él, pronto estaríamos frente al mismo problema.

La crisis hizo evidente, entre otras cosas, que compramos más de lo que necesitamos; pagamos más de lo que realmente cuestan las cosas y contaminamos de manera irresponsable y absurda el medio ambiente.

Dejo también en claro que en todos los países se trabaja duro para comprar y pagar un estilo y nivel de vida, que se ha desvirtuado, algunos dicen deshumanizado, donde lo que cuenta es tener y no ser.

En lo fundamental, nos definimos como compradores de cada vez más satisfactores, productos de marca que actúan como el criterio central de la felicidad y el éxito, pero no terminamos de saber quiénes somos y hacia dónde vamos.

El definirnos como personas, sólo en relación con la capacidad de compra, nunca permite hacer un alto en el camino y siempre surge una nueva necesidad. En los hechos, nunca hay un momento para pensar y reflexionar sobre nosotros mismos.

En reacción a esta manera de vivir, gana terreno la idea de una economía consciente, la cual se basa en la responsabilidad personal. Esta idea prende, sobre todo, en grupos de población de los países más desarrollados.

Se plantea como propósito que todos los actores sociales -gobiernos, empresas, organizaciones de la sociedad civil y personas en general- cooperen en la creación de un bienestar económico y social que sea eficiente y rentable para todos.

La economía consciente promueve en lo fundamental cuatro conceptos que invitan a la acción:

1) Responsabilidad social corporativa: Alienar el legítimo afán de lucro de las empresas con el mejoramiento sostenido de las condiciones de trabajo y el respeto creciente al medio ambiente.

2) Comercio justo: Promover una relación comercial igualitaria por una decisión voluntaria entre productores y consumidores. El consumidor asume pagar más en la conciencia de que debe recompensar al productor. Todos ganan.

3) Consumo responsable y ecológico: Se debe de comprar sólo lo que realmente se necesita en detrimento de lo que deseamos simplemente poseer.

4) Ahorro consciente: Colocar las inversiones en instituciones financieras éticas que invierten en proyectos que responden a los criterios anteriores y que no explotan a nadie. Son proyectos que benefician al que invierte, pero también a la sociedad. Nadie es explotado o robado.

La trasformación de la sociedad inicia por uno mismo. Somos nosotros los que gestionamos las empresas y la sociedad. Nosotros los que consumimos. Nosotros los que pagamos. Nosotros, al final, los que decidimos. Debemos actuar de manera consciente. De nosotros depende el mundo.

Fuente: El Economista, Política y Sociedad, p. 40.
Columnista: Rubén Aguilar (Convicciones).
Publicada: 21 de marzo de 2011.

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