Ciudadanía en Construcción

¿Debe terminar el voluntariado asistencial?

Esto es lo que opinan los más jóvenes sobre el voluntariado asistencial.

Voluntario vía shutterstock

Voluntario vía shutterstock

Por: Emilio Guerra Díaz

Durante el Coloquio sobre Voluntariado Universitario llevado a cabo en la FCPyS de la UNAM en días pasados, varios de los expositores, por cierto casi todos ellos jóvenes, al compartir su experiencia como voluntarios coincidieron en señalar que el voluntariado hoy se tendría promover es aquel que se aleja del asistencialismo y se enfoca a otras cuestiones sociales de “mayor trascendencia o relevancia”.

Desde luego, como corresponde, cada cual deseó destacar que lo que la organización a la que representan realiza el voluntariado más acertado. Pero en las presentaciones e ideas compartidas con la audiencia durante los cuatro días de trabajo, también mostraron que la evaluación del impacto de la acción voluntaria se percibe como de gran relevancia, pero en realidad no se hace porque no se sabe cómo. Hay rasgos que se detectan sobre cómo medirlo, pero muchos panelistas hicieron referencia a tres tipos de indicadores como si pertenecieran a la misma categoría. Así por ejemplo, los indicadores de resultados, de gestión e impacto se utilizan en el discurso como si fueran lo mismo.

Alguno de los expositores fue aún más lejos, señalando que no era posible medir el impacto porque hay muchos datos intangibles y que no hay información oficial sobre el número de voluntarios en el país (aunque en la conferencia magistral ofrecida por la Dra. Jacqueline Butcher García Colín, compartió fuentes y datos).

Como no todo es blanco o negro, entre los matices acertadamente alguien expresó que el impacto de la acción voluntaria se ve reflejada mucho tiempo después de que concluyó la participación voluntaria y que se manifiesta en el recuerdo de la satisfacción de haber hecho algo a favor de los demás. Para algunas personas haber sido voluntario les “empujó” a profundizar en su participación ciudadana y continúan brindando servicio hoy en día o bien reafirmó su vocación profesional. Para otras personas el servicio significó solo una grata experiencia. En algunos beneficiados de acciones voluntarias les despertó su sentido de corresponsabilidad, etc.

Otra constante en el discurso en el coloquio, que detectó acertadamente el Mtro. Carlos Chávez Becker, es que hoy al voluntariado, como a otras iniciativas filantrópicas, se le están incorporando otros conceptos en el discurso para darle más valor social pero que no necesariamente se consolidan o se llevan a cabo por las organización voluntarias y filantrópicas, como por ejemplo señalar que el voluntariado lleva al emprendedurismo o al empoderamiento como una situación mecánica o automática.

Depende del tipo de actividad voluntaria, la organización en la que se realiza y a la comunidad a la que se sirve si en realidad el voluntariado cumple con aquellas virtudes. Eso quizá merezca otro análisis y discusión, pero lo que esa visión provocó en el coloquio es que se demeritó el servicio que alguien etiquetó de “voluntariado humanitario” y otros como “voluntariado asistencial” que en ambos casos pareceríano tiene tanto valor y ya no hay que promoverlo.

El voluntariado que asiste, que ayuda al prójimo en lo inmediato (como en casos de desastres) o el que atiende a grupos vulnerables (como el servicio a orfanatos, casas cuna, casas hogar, etc. y que demandan muchos años se servicio), es tan valioso y útil como el voluntariado orientado al desarrollo comunitario, nada más que sus efectos se ven en el mediano o largo plazo.

De esta manera, imagine el lector un caso de voluntariado asistencia para dimensionar su importancia. Centenares de voluntarias que ayudan día a día a criar a niños en situación vulnerable o en desamparo, hasta que alcanzan la adolescencia y que han velado por su alimentación, manutención y educación, que inculcaron valores de solidaridad y generosidad, si no han logrado un gran impacto cuando han sido factor clave para formar de esos infantes, mujeres y hombres de provecho.

En contraste, durante el coloquio se incluyeron que algunos participaron compartiendo sus propias experiencias vividas como voluntarios y que a la postre terminaron o incorporándose a una organización de la sociedad civil o crearon un grupo voluntario o incluso una asociación.

Por los factores arriba expuestos no cabe duda que el voluntariado cuando fluye a través de una organización que estructura su programa genera muchas más circunstancias benéficas para que la gente permanezca donando parte de su tiempo a favor de causas de interés público, contagiando la voluntad de servir y logrando pequeños pero efectivos cambios de actitud que nutren la responsabilidad ciudadana.


Emilio Guerra Díaz

Emilio Guerra cuenta con amplia experiencia en la Gestión de la RSC, destacando su trabajo en el área de vinculación con la comunidad que potenciar la inversión social empresarial. Ha gerenciado fundaciones empresariales.

Acerca del autor

Emilio Guerra

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