Colaboraciones

De amistades en la RSE… chapulines y tragos de gasolina

p1000843Es indudable que el trajín de la vida DFtonita casi nos prohibe tener algo de tiempo para nosotros mismos… o para nuestras columnas; pero aquí estamos de vuelta, después de una larga cuaresma que espero que para muchas empresas pueda significar RSEurrección.

Leyendo el libro de Ronna Lichtenberg, En los Negocios, todo es personal, me encontré con un concepto lapidario: No se puede hacer amigos en los negocios, la amistad es desinteresada y en los negocios siempre habrá un interés.

Una aseveración con la que un ermitaño topo como yo, estaría generalmente de acuerdo, sin embargo, he de admitir que la RSE me ha traído buenas amistades, como la del buen HELP, de quien ya les hablé anteriormente o nuestra regia amiga, a quien llamaré Shopgirl por su adicción a las fugas geográficas a McAllear y quien antes de venir a México suele enviar dos mails, uno para preguntas relativas a la RSE y el trabajo, y otro para informarse de ofertas y direcciones de outlets como el de Palacio de Hierro.

De hecho en días cercanos a la entrega de ciertos reconocimientos de RSE, nos reunimos un pequeño grupo, a comer en Los Danzantes, uno de los restaurantes más disfrutables de Coyoacán.

— ¿Chapulines? — preguntó ella leyendo la carta. — Nunca los he probado —
Ante tal información HELP y un servidor, no pudimos hacer otra cosa que ser buenos anfitriones y solicitar un plato como botana para que nuestra colega regia les hiciera los honores.

— Lo único malo de los chapulines — le dije con perversidad — es que al igual que con los frijoles, suelen pegarse a los dientes, de modo que no te sorprendas si al rato traes una patita de saltamontes por allí.

El grito proferido por ella coincidió con la llegada de un plato rebosante del oaxaqueño y colorado manjar.

— Cambiando de tema — dijo HELP mientras se preparaba el primer taco ¿Qué te pareció el programa para la entrega de los reconocimientos este año?

— Un poco extenso — respondió ella, poniendo más atención en el platillo que en su respuesta; lo miraba con curiosidad, como si a la pregunta ¿Quién es el que anda allí? en medio de tanto chapulín, se escuchara una melodiosa voz… Es Cri-Cri, es Cri-Cri. Finalmente probó un taco.

— Saben como a charales — dijo.

Asentí mientras expresaba mi opinión sobre el punto del programa de los reconocimientos — Creo — dije — que los organizadores deberían hacer una ceremonia como la de Caracol de Plata, donde en un evento corto, dentro de un auditorio, se entregaran los reconocimientos y se dieran los discursos; después de ello, se podría pasar al coctel en un salón; en el caso de Caracol fue en el Museo de Arte Popular que es un sitio soberbio, sin embargo, el Centro Banamex tiene instalaciones para cumplir con creces las expectativas.

HELP asintió al tiempo que solicitaba como complemento a la botana, un plato de Hoja Santa rellena de queso oaxaca y queso de cabra.

bar— Hablando de RS — agregó — aquí cerca hay una cantina que se llama la BiPolar, creo que pertenece a Diego Luna. Me llamó la atención la última vez que fui, que en su pared, pintado cual rótulo, tienen escrita una declaración de empresa incluyente. Además se proclaman “establecimiento libre de humo de tabaco.”

Sonreí pensando en el inigualable folklor mexicano.

— Es una posición loable viniendo de una cantina en Coyoacán — mencioné socarrón — Algo que ni Vips logró hacer cuando se amparó contra la Ley Antitabaco.

— La responsabilidad social — añadió nuestra regia acompañante tras terminar su experimental taco — debe ser parte de la compañía y no simple cosmética. Nosotros fuimos de los primeros en ofrecer seguridad social a los trabajadores, no por cuenta del gobierno, sino por nosotros mismos.

¡Me encanta ver cuando alguien trae puesta la camiseta! No hay un activo mejor para una compañía — pensé —.

— Opino lo mismo — agregué mientras comenzaba a comer mi rollo de camarones — He visto varias empresas con fuertes programas de RSE que en verdad son parte de su esencia y no parches añadidos. De hecho, hace unos días me llegó por correo, un folleto del restaurante La Buena Tierra donde se proclaman como una empresa con responsabilidad social y sin embargo no ostentan ningún reconocimiento; Starbucks creo hace lo mismo y también la cadena de Hoteles Emporio quienes muestran esa declaración de empresa incluyente de la que hablamos, en sus mostradores, incluso tienen información sobre su alianza con Un Kilo de Ayuda y manejan en conjunto con sus huéspedes, programas de ahorro de agua. Todas estas son organizaciones socialmente responsables, no porque lo aseveren sino porque lo demuestran. De modo que debo decir que aún cuando Ricardo Arjona sea una purga amarga a mis oídos, debo parafrasearlo un poco para decir que la RSE es verbo, no distintivo… er… sustantivo, quise decir.

Después de algunas cervezas, de seguir hablando un poco más de RS, por supuesto de outlets y ventas nocturnas y posteriormente de chistes y experiencias con fantasmas, he de decir que HELP nos contó una anécdota para erizar los pelos de cualquiera.

— He de confesarles algo — dijo con un tono serio que rompió con el festivo cauce que había tomado la conversación. — Antes de integrarme a la responsabilidad social, cuando era adolescente, tenía una banda de amigos que eran medio “gandallas”. Una noche andábamos de farra y nos detuvimos en una gasolinería; mientras nos cargaban combustible, se acercó un niño para pedirnos limosna. Mi amigo, que iba al volante le dijo “Te doy cincuenta pesos si te atreves a darle un trago a la gasolina”.

En ese momento un escalofrío me corrió por la espalda ¿De verdad existía gente tan desgraciada? Me sorprendió de HELP quien continuó con el relato.

— El niño dudó, pero seguramente tendría mucha hambre, por lo que agarró un bidón que había al lado de la bomba de gasolina y le dió un trago. Inmediatamente se puso como loco y comenzó a correr en círculos gritando, hasta que de repente se cayó y quedó inmóvil.

Nuestra amiga regia no se pudo contener y con cara horrorizada hizo la pregunta obligada — ¿Se murió? —

— No — respondió HELP con una sonrisa maliciosa — ¡Se le acabó la gasolina!

Soltamos la carcajada ante lo que obviamente se trataba de un chiste cruel y en el que habíamos caído redonditos.

Recordando esta comida y momentos así, es que debo decir que entiendo lo dicho por Ronna Lichtenberg en su libro pero trato de no compartirlo… tal vez porque en relaciones así, uno está consciente de que el desempeño, independientemente de la amistad, debe ser altamente profesional.

Y volviendo al tema de la RSE, no creo que ésta sea la manifestación del alma bondadosa de las empresas (como popularmente se suele creer); y no porque las empresas sean unas desalmadas, hablando por supuesto de la ausencia de un alma y no del término peyorativo (aunque a algunas definitivamente les quede el calificativo). Simplemente creo que en una época de Globalización, con organizaciones más poderosas que muchos países, ser una empresa socialmente responsable por ADN y no por etiqueta, es una estrategia brillante para frenar el constante descontento corporativo y generar así la tan ansiada licencia social.

Si no me creen, pregúntenle a Burger King sobre su última metida de pata con el caso de la hamburguesa Texican Whopper…

Hasta aquí esta columna que hoy estuvo algo gourmet y algo amistosa… creo que mi panza está brincando ¿Serán los chapulines?



aRSEnico

aRSEnico es el seudónimo químico de un asesor en RS muy tóxico, solitario, ensimismado y cuasi misántropo, que a través de una propuesta editorial de crítica ácida, expone las circunstancias, a veces inverosímiles, que se presentan en la RSE. La columna, si bien es ficticia se alimenta de eventos de la vida real sin los cuales no sería posible su realización. El objetivo es precísamente, además de provocar la risa forzada de reconocer y reconocerse en ella, señalar dichas circunstancias desde un enfoque cínico e incluso que raya en anti RS, para mostrar finalmente en este radioactivo estilo, el “deber ser” de la RSE.

Acerca del autor

ExpokNews

Comentarios

  • Qué onda aRSEnico, ya te extrañábamos!!!! qué bueno que regresas escribiendo buenas columnas como estas, you know why….por cierto, aún tengo atravesadas en la garganta las empanadas argentinas de la última vez que nos vimos, todo por las prisas del DF..chin, nomás por ser tan buenos anfitriones, tú y HELP se merecen una invitación mínimo mínimo al Le Cirque…
    saludos.

  • A una empanada argentina, a Le Cirque (aunque creo que ya no existe) o a donde sea… somos materia dispuesta.

Dejar un comentario

[index]
[index]
[523.251,1046.50]
[523.251,1046.50]
[523.251,1046.50]
[523.251,1046.50]