RSE

BMV: inversión responsable

1bmvcatalinaCatalina Clave, directora de Información y Productos de la Bolsa Mexicana de Valores (BMV), advierte sobre el riesgo de no tener una estrategia clara de responsabilidad social, y no comunicar sus acciones. En un entorno global, la empresa competitiva ya no puede darse el lujo de no informar.

La fecha y hora de la presentación del Informe Financiero de la famosa multinacional era un evento que ningún inversionista se podía perder.

Tan pronto se daban a conocer aquellas esperadas cifras “alegres”, una estampida de millones de dólares se volcaba al mercado de valores y disparaba el precio de la acción de la empresa y, con suerte, aquellos capitalistas terminaban el día con algunos miles de dólares más en el bolsillo. Era un juego simple.

Hoy, ya no es así. Las crisis financieras, fraudes contables, los accidentes operativos que han detonado catástrofes ambientales y reputaciones destruidas, acabaron con las reglas.

Ahora, los dueños del dinero exigen más que números negros para entregar sus recursos. Si van a tomar un riesgo, más vale que haya una buena justificación y, todo indica, que ser una empresa respetuosa de su entorno y de la comunidad, mueve más que emociones, también mueve flujos de capital.

Catalina Clave, directora de Información y Productos de la Bolsa Mexicana de Valores (BMV) asegura que el perfil del inversionista global ha cambiado. Desde hace algunos años, son más analíticos para elegir una empresa y evalúan el potencial de la firma hacia el futuro, su capacidad de ser sustentable y su responsabilidad tanto con los consumidores como con sus clientes internos.

Ante este escenario internacional, las empresas mexicanas deben mostrarse competitivas. No es que no lo sean, aclara la ejecutiva, sino que falta que den a conocerlo que hacen.

En una sociedad que exige discreción cuando de acciones sociales se trata, reportar se ha convertido en un punto crítico para las emisoras. Es tiempo de hacer pública su estrategia de Responsabilidad Social Empresarial (RSE), y de presumir la contribución que tienen en su comunidad y entorno.

Si no lo hacen, corren el riesgo de perder atractivo, en especial, ante los inversionistas internacionales, advierte Clave.

¿Cuál ha sido el proceso que ha llevado la BMV para impulsar el Índice de Responsabilidad Social?

Lo primero fue buscar al ejecutor. En 2009 decidimos empezar a buscar una firma que pudiera calificar a las empresas en materia de sustentabilidad y responsabilidad social, para luego integrar el Índice. Sin embargo, no fue sencillo. Lo más importante era que no mantuviera algún interés contractual con alguna de nuestras emisoras. Este factor nos iba a garantizar que fuera objetivo y no enfrentáramos algún conflicto de interés.

De esta forma, aunque teníamos la opción de considerar a varias instituciones, muchas de ellas trabajaban con las emisoras, así que nos tomó un año encontrar a la entidad que lideraría el proceso. Incluso, tuvimos muchas pláticas con SAM, la firma que integra y opera el índice Dow Jones Sustainability, pero al final nos decidimos par EIRIS, entidad que diseñó y controla el Índice FTSE4G00D.

Nos gustaron los altos estándares de calidad bajo los cuales operan, que no tiene ningún interés en alguna emisora mexicana y que, al contrario, enfoca su trabajo más hacia los inversionistas. Además, su esquema de calificación cubre los tres ámbitos que más nos interesaban: responsabilidad ambiental, responsabilidad social y gobierno corporativo.

Firmado el contrato de trabajo, EIRIS comenzó su labor de análisis y calificación de las emisoras potenciales, proceso que ha tornado más tiempo del que esperábamos.

¿Cuáles han sido los factores que han obligado a tomarse más tiempo para integrar el Índice?

Es muy sencillo de explicar. De Las 120 emisoras que tememos listadas, 60 son bursátiles; de este grupo, sólo ocho o 10 tienen un avance significativo en materia de Responsabilidad Social Empresarial (RSE). Sin embargo, de este conjunto, sólo algunas tenían la cultura de reportar este tipo de acciones.

Entonces, tenemos emisoras de calidad mundial, con una estrategia de RSE muy competitiva, con grandes iniciativas en la materia, pero que apenas con este proceso de integrar el índice se van a descubrir.

Son empresas que han mantenido prácticas de RSE que podrían compararse con las mejores del mundo, que tienen proyectos y estrategias muy claras, pero que no tenían la metodología ni la costumbre de darlas a conocer.

Un ejemplo de ello es Pañoles. Por el giro de su negocio y por los controles que la ley le exige mantener, exhibe una de las mejores prácticas en materia de sustentabilidad y apoyo social. Y, si bien fue de las primeras en emitir un informe, ha venido mejorando su proceso de reportar.

Ahora, otro factores que EIRIS no se dirige a las empresas para cuestionar las sobre sus prácticas, sino que las investiga con la información pública disponible. Entonces, muchas de nuestras emisoras no tienen la cultura de exponer su política de RSE en la red ni tienen reporte anual al respecto, de tal suerte que si un inversionista de Australia quiere destinar su capital a una empresa mexicana “responsable”, puede pensar que no hay ninguna.

Bajo esta lógica, la calificadora toma la información pública disponible, llena sus formatos de evaluación, y luego contacta a la emisora para darle una retroalimentación e indicaciones sobre que debe haber para completar los estándares necesarios para sumarse al índice. En esta etapa estamos y, como resultado, puedo decir que la información disponible ha aumentado 70% desde agosto de 2010 la fecha.

¿Cuáles son los indicadores que se evalúan en las emisoras para que puedan integrar el índice RSE de la BMV?

La serie de indicadores analizados están apoyados en tres pilares fundamentales: responsabilidad ambiental, responsabilidad social y gobierno corporativo.

En los tres ámbitos, las emisoras se deben basar en los 10 Principios del Pacto Global de las Naciones Unidas, en donde se detalla cuál debe ser el compromiso empresarial con el ambiente, la sociedad y su entorno.

De esta forma, en materia de responsabilidad ambiental se mide el manejo de recursos naturales, la generación de Gases de Efecto Invernadero (GEI), y el control de desechos.

En términos de la responsabilidad social, el enfoque está muy dirigido a los derechos humanos, pero orientados hacia los derechos laborales. Entonces, lo que se mide es cómo se relaciona la emisora con sus tres principales grupos de interés: empleados, proveedores y clientes, y la sociedad.

La relación con los colaboradores debe estar apoyada en una lógica de favorecer el equilibrio familia-trabajo, un ambiente sano y amigable, con oportunidades de crecimiento, y que todas las políticas sean públicas y conocidas por todos.

Con los proveedores y clientes se evalúa que las emisoras se relacionen con empresas que también demuestren ser socialmente responsables.

Y finalmente, la relación de la emisora con la sociedad no debe ser en un ánimo de filantropía, lo único que se pide es que procuren el bienestar del entorno, en una lógica de -como dice el dicho-, enseñarles a pescar, en lugar de regalarles el pescado. Como ejemplo tenemos a Telmex, que da becas para terminar una carrera, o Peñoles, que enseña a las comunidades a depender de otra actividad que no sea sólo la minería.

Por último, sobre el gobierno corporativo, lo que medimos es que las empresas informen por arriba de lo establecido en la ley, y que den la garantía de estar manejándose en el interés de todos los inversionistas, desde el más pequeño hasta el mayoritario.

Este ha sido un tema muy controvertido, porque nos basamos en las mejores prácticas del International Corporate Governance Network y el International StakeHolder Corporation, que son superiores a los estándares normales. Entonces, las empresas decían que ya habían cumplido con lo mínimo, pero nosotros les pedimos más.

¿Cómo determinan que una emisora está cumpliendo con el indicador?

En una primera fase lo que pedimos es tener métricas, que demuestren que tienen una política bien definida, que esta política ha sido apoyada desde el Consejo de Administración, y que hay un compromiso de la Dirección General para ejecutarla. En este sentido, se exige que tengan un plan de implementación y un plan de medición. Nosotros le llamamos sistemas y reportes.

Comprobamos que la emisora haya capacitado a todo el personal sobre la práctica y, al final, que tenga un reporte anual en donde publique todas sus acciones y resultados.

En una segunda fase le pedimos a los emisores que tengan metas bien definidas hacia el futuro. Por ejemplo, que establezcan un nivel de reducción de agua o energía para 201 3 o 2015. Los objetivos que decidan, pero que tengan una meta y métricas bien definidas para comprobar que realmente están cumpliendo.

Parece que el Reporte Anual de RSE es tan importante como la propia práctica y ahí se centra la debilidad de las emisoras mexicas, ¿es así?

Es lo que más tiempo ha tomado. Muchas de nuestras emisoras han sido reconocidas como Empresas Socialmente Responsables (ESR) y realmente mantienen estándares muy altos en la materia, pero no siempre reportan estas acciones como debe ser.

Cuando logran alguna certificación o reconocimiento, es una relación entre la emisora y la certificadora, pero nadie más sabe que fue lo que se certificó. Por esta razón, EIRIS les dice claramente que es lo que deben publicar y cómo lo deben hacer.

Por ejemplo, 90% de nuestras emisoras solo reportan en español.

Entonces, de entrada, además de hacer un reporte, se debe hacer también en inglés, porque la mayor parte de los inversionistas interesados en este tipo de empresas no son mexicanos. La realidad es que el capitalista local aún no ha pedido que las empresas sean sustentables, es más bien una demanda global. Así que los mexicanos no son su público.

De esta forma, con el modelo de la Global Reporting Initiative (GRI) se les dice cómo integrar su informe anual, y que elementos debe tener. Después, cómo exponerlo públicamente en la red, para que los inversionistas extranjeros puedan acceder a él.

Hace poco vinieron a México administradores de fondos australianos y suizos, y ya habían calificado a nuestras mejores ocho emisoras en RSE, y a todas ya las habían descartado por no tener la información pública.

¿El establecimiento del estándar internacional IS026000 será una exigencia para las emisoras y ayudará a homologar sus prácticas?

Sin duda. Ha sido una contribución internacional muy buena y muy importante. El estándar IS026000 y el Pacto Global de las Naciones Unidas son los que han definido el nivel mínimo que deben cumplir las emisoras para ser consideradas ESR y que puedan acceder a nuestro índice.

Es muy simple, si una emisora dice en su reporte que cumplen los estándares del Pacto o cuenta con el IS014000 o IS026000, entonces, de entrada, ya tiene muchos de los factores a evaluar palomeados.

Es un tema de exponerse en la vitrina internacional, de verse mejor en el escenario financiero global. Sin contar que, al cumplir con estos parámetros, atraen más inversionistas, mejores rendimientos y mayor crecimiento del negocio.

A lo mejora muchas empresas no les interesa estar en el índice de RSE de la Bolsa Mexicana de Valores, pero no es por eso. Los inversionistas internacionales ya no buscan empresas que muestren números alegres y una salud financiera aparente. El inversionista global ya cambió su perspectiva, ahora busca empresas solidas y con credibilidad social.

Es una lástima que hoy, no exista ni una sola emisora mexicana en el Dow Jones Sustainability Index. Hay brasileñas, chilenas, chinas, pero no mexicanas. Y no es que no tengan la calidad. Grupo Modelo, FEMSA y CEMEX, por ejemplo, tienen los mejores estándares.

¿Quién debe impulsar el proyecto integral de RSE al interior de una empresa para que se cumpla con lo que demandan?

Nosotros no exigimos que alguien en específico lleve este proceso, pero deben cumplir con 600 indicadores. Si no tienen un Departamento de Responsabilidad Social que se haga cargo de coordinar la estrategia, transmitirla a toda la organización, medirla, y reportarla o hacerla pública, será muy complejo cumplir con los estándares.

Además, el responsable de esta área debe reportar al Consejo de Administración.

Si la responsabilidad de esta área está en manos de una persona que depende de otro departamento, y este en una oficina escondida, en donde nadie le hace caso, será difícil que funcione.

Otro factor que hemos descubierto es que, por ejemplo, el Departamento de Recursos Humanos hace una cosa, y luego el Departamento Jurídico hace otra, porque tiene otra iniciativa, entonces las acciones están muy diseminadas.

Por ello, nosotros sugerimos, porque es una sugerencia, que se tenga a un departamento que sea responsable de coordinar todas las acciones hacia el mismo objetivo.

Grupo Modelo tiene un área de RSE, tiene una fundación, y tiene una persona que se hace cargo de compilar la información, alimentar el reporte y, en consecuencia, juntarse y dar la cara a los calificadores.

Esa persona tiene la sensibilidad para poder sentarse con el Consejo o con la Dirección y decir, señores, está faltando esto.

De las ocho emisoras que más avanzadas están en los procesos de calificación, todas tienen un departamento independiente de RSE.

¿Desde su perspectiva, cuál será el rol de la RSE en las inversiones del futuro?

Será fundamental. El empresario es el motor de la economía de un país y, por ello, debe impulsar las mejores prácticas sociales y ambientales, y con ello motivar a la sociedad a tomar el mismo camino.

Esto será de tal trascendencia al interior de las compañías, que todas van a tener un director de RSE a nivel de alta dirección. Lo que hoy es una oficina pequeña o inexistente, en el futuro será un rol tan importante como el CFO (Chief Financial Officer).

Fuente: Gestión, p. 30-36.
Por: Nancy Díaz Cabañas.
Publicada: Junio-Julio 2011.

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