Colaboraciones

Balance: menos diez

Forma y Fondo CXLVII

Como algo reciente permanece el recuerdo del inicio del siglo XXI. Las sombras de las profecías seculares, el optimismo de los pronósticos económicos, de los quiméricos logros sociales y las inalcanzables promesas políticas.

Terminamos la primera década y el recuento objetivo es magro, los resultados ahí están en el ámbito nacional y a nivel mundial: como que el destino sigue su carrera por alcanzarnos. En el orden económico mundial, una crisis financiera como nunca se había visto; más notoria porque ahora hay más de seis mil millones de habitantes en el mundo, es más difícil el aislamiento y las noticias son en tiempo real.

Los desengaños de la globalización y el capitalismo se reflejan en el aumento de la pobreza que según datos del Índice de Pobreza Multidimensional (IPM) de las Naciones Unidas y de la Universidad de Oxford, a nivel mundial suma mil setecientos millones de personas que sobreviven con un dólar y veinticinco centavos al día.

En México aunque las cifras indicaron una reducción de medio punto por ciento, estudios especializados no oficiales, revelaron que al final del recién ido 2010, seis millones ochocientos mil compatriotas aumentarían la población en condiciones de pobreza. Dependiendo de la interpretación de resultados, el número de pobres alcanza hasta los setenta millones en el país.

Entre los datos más relevantes, llama la atención que la actividad informal cuenta con casi trece millones de autoempleados. No perciben ingresos cerca de cuatro millones. Alrededor de doce millones no tienen acceso a prestaciones y más de treinta millones ni cuentan con servicios de salud.

La paradoja está en que mientras la pobreza aumenta, el gasto corriente de los gobiernos tiende a la alza, atribuyendo los problemas económicos a la crisis e inseguridad. Aunque esto tiene un gran impacto, la recaudación tributaria se ha incrementado pero los mayores recursos se destinan a promover, y otorgar prestaciones y remuneraciones a los funcionarios públicos.

Al lado de toda esta problemática, el reciente año que terminó marcó record en cuanto a desastres naturales. Fue el que más terremotos, inundaciones, olas de calor y frío sufrió en una generación

Aunque el cambio climático resulta cada vez más difícil de negar, los esfuerzos y promesas poco avanzan. Siempre se habla de que los acuerdos entrarán en vigor uno o dos años después de analizada la situación. Que los fondos con que se moverán los programas de mitigación y mejoramiento llegarán a partir de…

El 2010 queda como el año que sufrió más desastres naturales que lo habitual, con multimillonarias pérdidas económicas, millones de damnificados y la parte triste: más de un cuarto de millón de vidas, quedando como el año más mortífero de una generación. En el 2009, se registraron quince mil víctimas.

En los últimos treinta años, pocos se pueden comparar con este. La suma de catástrofes, con su mortandad y costos no debe verse como una situación aislada o una serie de eventos fortuitos. Son únicamente el preámbulo de una tendencia a continuar con más desastres en el futuro cercano.

El terremoto de enero en Haití se considera la peor tragedia del año por los daños y víctimas que causó. Aunque la pérdida de vidas es invaluable, en febrero un terremoto muchas veces más poderoso sacudió una área de Chile, con menos pobladores, mejores construcciones y menos pobreza, causando menos de mil muertes.

El derrame de petróleo en el Golfo, originado por la imprevisión humana, es otra de las tragedias que marcarán una nueva etapa de destrucción porque sus efectos todavía no están completamente cuantificados.

Las inundaciones en Paquistán y Venezuela; la ola de calor en Rusia con temperaturas cercanas a los cuarenta y cuatro grados; las tormentas invernales en Estados Unidos, Europa, Sudamérica y China con records impresionantes, además de las copiosas lluvias e inundaciones en México. Colombia y Venezuela parecen recordatorios de algo que será una nueva forma de vida.

Es imperante una visión a futuro. Las decisiones que se tomen hoy tendrán un impacto mínimo en los próximos veinte años. El peligro radica en que cada vez habitan más personas en áreas vulnerables y no se hace nada para prohibir nuevos asentamientos irregulares, círculos de miseria o poblaciones en regiones propensas a la actividad sísmica, al impacto de huracanes, a los efectos de inundaciones y a cualquier fenómeno que ponga en peligro vidas y bienes.

La forma: se fue la primera década del nuevo siglo y con ella proyectos y promesas que auguraban educación, empleo, salud, seguridad y desarrollo.

El fondo: queda como tarea repasar la historia reciente, para que en la segunda década el balance resulte positivo.

Y no lo olvidemos: TODOS SOMOS NATURALEZA.

Fuente: Acacia Fundación Ambiental A. C.

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