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Agricultura regenerativa: la apuesta de Nestlé, Diageo y Unilever frente a la crisis climática

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Durante años, la conversación sobre sostenibilidad en la industria alimentaria se ha concentrado en empaques, emisiones y cadenas de suministro más eficientes. Sin embargo, un tema ha comenzado a ganar protagonismo en las agendas ESG de las grandes compañías: el suelo. Lo que ocurre bajo nuestros pies se ha convertido en un factor determinante para enfrentar la crisis climática, proteger la biodiversidad y garantizar el abastecimiento futuro de alimentos.

En ese escenario, empresas como Nestlé, Diageo y Unilever han decidido apostar por un modelo que promete cambiar la forma en que se produce comida a nivel global: la agricultura regenerativa. No se trata únicamente de reducir daños ambientales, sino de restaurar ecosistemas agrícolas completos, una tarea que, según líderes de la industria, solo será posible mediante colaboración y metodologías comunes.

Agricultura regenerativa: un lenguaje común para transformar el campo

De acuerdo con un artículo de Quartz, uno de los principales obstáculos que ha frenado el avance de la agricultura regenerativa ha sido la falta de una definición compartida. Mientras algunas compañías impulsaban proyectos pilotos con criterios propios, otras evitaban hacer afirmaciones públicas por temor a caer en promesas difíciles de comprobar o incluso acusaciones de greenwashing.

Para atender este desafío, la organización SAI Platform concluyó un programa piloto global para su marco Regenerating Together, respaldado por 40 grandes empresas de alimentos y bebidas. La iniciativa busca crear una metodología común que permita escalar prácticas regenerativas sin perder de vista las necesidades específicas de cada territorio agrícola.

Entre las compañías firmantes también figuran empresas como Mondelez International, ADM, Carlsberg Group, McCormick & Company y McCain Foods, quienes reconocieron que transformar el sector agroalimentario a la escala que exige la crisis climática está fuera del alcance de cualquier empresa actuando por separado.

Agricultura regenerativa

De la teoría a los cultivos: una prueba global en 25 países

La dimensión del piloto deja claro que no se trata de una conversación aspiracional. Desde 2023, el programa se implementó en 25 países y en 23 sistemas de producción distintos, involucrando más de 35 iniciativas agrícolas con características locales muy diversas.

En Canadá, por ejemplo, 25 explotaciones de avena gestionadas por Nestlé se integraron al proyecto. Mientras tanto, la empresa británica Wildfarmed incorporó 150 granjas de trigo, avena y cebada. También se desarrollaron proyectos colaborativos en India para el cultivo de papas, en Dinamarca para sistemas agrícolas integrados y en Argentina para la producción de cacahuates.

Esta amplitud geográfica responde a una necesidad concreta: demostrar que un mismo marco puede adaptarse tanto a regiones con climas extremos como a sistemas agrícolas altamente industrializados o pequeños productores locales.

Los cuatro pasos que buscan redefinir la agricultura regenerativa

Más allá del discurso corporativo, el modelo propuesto por Regenerating Together plantea un proceso estructurado. Las empresas participantes siguen cuatro pasos: primero, analizar las características específicas del suelo y del ecosistema agrícola; segundo, definir objetivos prioritarios como biodiversidad o captura de carbono; tercero, seleccionar prácticas adaptadas al contexto; y finalmente medir resultados de forma continua.

La lógica detrás del esquema es sencilla, pero poderosa: evitar soluciones genéricas. No todos los cultivos enfrentan los mismos retos ambientales ni todas las regiones poseen iguales capacidades productivas. Lo regenerativo, según este enfoque, no significa copiar una fórmula universal, sino trabajar desde la realidad de cada territorio.

Dionys Forster, director general de SAI Platform, ha señalado que durante años las distintas interpretaciones sobre regeneración agrícola generaron confusión en el sector, provocando desde excesiva cautela hasta mensajes poco claros sobre impactos reales. El nuevo marco intenta reducir esa ambigüedad mediante estándares compartidos.

La colaboración como nuevo músculo competitivo

La sostenibilidad corporativa ha evolucionado de un modelo basado en ventajas competitivas aisladas hacia uno donde compartir aprendizajes puede acelerar resultados. El caso de Regenerating Together ilustra justamente ese cambio de paradigma.

Simon Boas Hoffmeyer, vicepresidente global de Sostenibilidad y ESG de Carlsberg, resumió el reto de forma contundente: la transición requiere alineación y colaboración, no esfuerzos fragmentados. La frase refleja un consenso creciente entre compañías que compiten en el mercado, pero entienden que ciertos problemas sistémicos —como el deterioro del suelo o la pérdida de biodiversidad— no distinguen entre marcas.

Desde Wildfarmed, Rob Bray describió el programa como una hoja de ruta práctica que ayuda a simplificar un concepto que históricamente ha sido complejo de aterrizar. La claridad metodológica, aseguran los participantes, será clave para escalar impactos medibles.

Tecnología y datos: el siguiente gran paso

La siguiente fase del proyecto apunta hacia un terreno donde sostenibilidad y tecnología convergen. SAI Platform anunció que el lanzamiento formal de la nueva etapa ocurrirá en junio de 2026, durante su encuentro anual en Saskatoon, Canadá.

Entre las prioridades destacan herramientas digitales como la teledetección, sistemas de monitoreo y mecanismos de medición y verificación. La meta es lograr que las prácticas regenerativas puedan documentarse con evidencia objetiva y trazable, algo cada vez más demandado por inversionistas, reguladores y consumidores.

Para líderes ESG, este componente tecnológico representa mucho más que eficiencia operativa: significa construir credibilidad en un contexto donde las afirmaciones ambientales están siendo examinadas con mayor rigor.

¿Puede la regeneración convertirse en el nuevo estándar?

La gran pregunta ya no es si la transición agrícola será necesaria, sino qué tan rápido podrá ocurrir. Sequías prolongadas, degradación del suelo y alteraciones climáticas están obligando a las empresas a repensar sus modelos productivos desde el origen mismo de las materias primas.

En ese contexto, la agricultura regenerativa comienza a posicionarse no como una tendencia temporal, sino como una estrategia de resiliencia empresarial. Para gigantes como Nestlé, Diageo y Unilever, restaurar ecosistemas agrícolas podría ser tan importante como reducir emisiones o innovar en empaques sostenibles.

El piloto impulsado por SAI Platform muestra que la transición hacia sistemas agrícolas más resilientes requiere algo más que compromisos públicos: necesita marcos compartidos, métricas claras y cooperación entre actores que tradicionalmente han trabajado de forma independiente. La magnitud del desafío climático parece estar empujando al sector hacia nuevas formas de colaboración.

Si la promesa de estos programas logra traducirse en resultados tangibles para productores, ecosistemas y cadenas de suministro, la agricultura del futuro podría dejar de centrarse únicamente en producir más y comenzar, finalmente, a regenerar aquello de lo que depende: la tierra misma.

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