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Accidente de Pemex deja 26 muertos y 40 heridos, ¿por qué… otra vez?

La producción y distribución de hidrocarburo en nuestro país está en manos de un monopolio que no es modelo de transparencia, eficiencia o responsabilidad social.

Pemex tiene una relación muy creativa con su realidad. “Continuamos implementando las mejores prácticas operativas que garantizan el desarrollo sustentable de la empresa”, dice la portada del informe 2011 de Responsabilidad Social Corporativa de la empresa.

Más que ejercicios de rendición de cuentas, la paraestatal nos presenta obras de creación literaria.

Pemex no informa cuántos accidentes severos sufrió y/o provocó. Tampoco se esmera en cuantificar los costos que dichos accidentes produjeron. La mayor empresa de México quiere ser una firma moderna. Aplica ese criterio a la rendición de cuentas financieras y a la presentación de resultados fiscales. Sigue siendo opaca y confusa en cuestiones relativas con seguridad industrial, medio ambiente e impacto en las regiones donde opera. Muchos de estos asuntos tienen el tratamiento de secretos de Estado. Ése es uno de los problemas de tener un monopolio estatal que genera entre 35 y 40% de los ingresos fiscales del gobierno.

El mes pasado, un derrame de petróleo en Oaxaca causó graves daños en 200 playas del Pacífico. El hecho puso en evidencia la impunidad de Pemex y la insignificancia de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa). Los hechos ocurrieron el 11 de agosto, pero la petrolera informó a la Profepa 11 días después, cuando el derrame ya era un escándalo y motivo de movilización de grupos defensores del medio ambiente y poblaciones afectadas.

Profepa sólo le aplicó una sanción de 3 millones de pesos. Se encontró al autor de uno de los mayores delitos ecológicos del año y se le multó con 3 millones de pesos. La dependencia encargada de evitar y sancionar los daños al medio ambiente es David peleando contra un Goliat que tiene patente de corso. David casi nunca derrota a Goliat. Cuando eso ocurre, no va al top 10 de SportsCenter. Merece estar en la Biblia.

Ayer, estalló un centro receptor de gas a 19 kilómetros de Reynosa. La cifra oficial registra 26 muertos y 40 heridos. La información oficial es tan escueta que cabe en los 140 caracteres de una docena de tweets. Sabemos que el estallido ocurrió a las 10:45 de la mañana y que fue controlado dos horas después. Se descarta un acto de sabotaje y esto es importante porque se trata de Tamaulipas y se acaba de descabezar el Cártel del Golfo. Con esta aclaración, nos quedan dos preguntas: ¿por qué pasó? Y ¿por qué pasó otra vez?

Entre el 2001 y el 2010, hubo 57 accidentes más o menos severos en instalaciones de Pemex, de acuerdo con diversos recuentos periodísticos. De los accidentes registrados en esa década destacan dos: uno, por el daño ecológico y otro por las pérdidas humanas. En diciembre del 2004, el río Coatzacoalcos recibió más de 10,000 litros de petróleo. En octubre del 2007, 20 trabajadores murieron en la sonda de Campeche, producto de una fuga descontrolada de aceite y gas en el pozo Kab 101.

La producción y distribución de hidrocarburos son actividades de alto riesgo. En nuestro país están en manos de un monopolio que no es modelo de transparencia, eficiencia o responsabilidad social. Está tan lejos del ideal que casi todos coinciden en que requiere una reforma a fondo. Mucho se ha hablado de las posibilidades de cambio en cuestiones fiscales, financieras y de desarrollo de cadenas industriales. Los accidentes de Oaxaca y Reynosa nos recuerdan que también debemos incluir medio ambiente y seguridad industrial.

Fuente: eleconomista.com.mx
Publicada: 19 de Septiembre de 2012

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