El papel higiénico forma parte de esos productos cotidianos cuya materia prima suele pasar desapercibida. Detrás de cada rollo existe, sin embargo, una cadena de suministro vinculada al uso de recursos naturales, particularmente fibra proveniente de árboles. Para una industria que produce artículos de higiene a gran escala, encontrar alternativas puede representar un cambio relevante.
Kimberly-Clark busca avanzar en esa dirección con una apuesta que pone a una planta del suroeste de Estados Unidos en el centro de su estrategia. La compañía está construyendo una planta en Yuma, Arizona, para ampliar el uso de hesperaloe, una fibra vegetal que requiere poca agua y podría incorporarse a productos como papel higiénico, pañuelos, pañales y artículos de higiene femenina.
Papel higiénico sin árboles: una planta del desierto entra en escena
De acuerdo con un artículo de Trellis, dos años después de comprometerse a avanzar hacia un abastecimiento de papel “libre de bosques naturales”, Kimberly-Clark está llevando su estrategia un paso más allá. La empresa identificó 70 fibras naturales regenerativas que podrían funcionar como alternativas a la pulpa de madera y eligió la hesperaloe como una de las opciones con mayor potencial.
La planta es una suculenta originaria del suroeste estadounidense y destaca por su capacidad para desarrollarse con poca disponibilidad de agua. Para una compañía cuyo negocio depende de grandes volúmenes de fibra, esta característica resulta especialmente relevante en un contexto donde la seguridad hídrica y la presión sobre los ecosistemas forman parte de los desafíos ambientales de las cadenas de suministro.
La apuesta todavía se encuentra en etapa de pruebas, pero Kimberly-Clark ya está construyendo infraestructura para incrementar el suministro disponible. La intención es evaluar si esta fibra puede ofrecer el desempeño necesario sin comprometer la calidad que los consumidores esperan de productos de uso cotidiano.

¿Qué significa avanzar hacia un papel higiénico sin árboles?
El objetivo de la compañía no implica abandonar de inmediato la fibra procedente de bosques. De hecho, la pulpa certificada bajo los lineamientos del Forest Stewardship Council (FSC) continúa representando una parte importante de sus compras: en 2025 correspondió al 77 % de sus adquisiciones de fibra virgen.
Sin embargo, Kimberly-Clark logró reducir en 50 % el uso de fibra procedente de bosques naturales en 2025, frente a su línea base de 2011. Su compromiso de avanzar hacia un abastecimiento “libre de bosques naturales” no tiene todavía una fecha límite definida, más allá de que se alcanzaría después de 2030.
La definición de bosques naturales utilizada por la empresa contempla árboles maduros y aquellos que se regeneran naturalmente, principalmente en regiones de climas boreales o templados. Así, la estrategia no consiste únicamente en certificar mejor la fibra existente, sino también en diversificar las materias primas que pueden alimentar la industria.
La fibra alternativa busca más que sustituir madera
La hesperaloe no es la única vía que Kimberly-Clark está explorando. La compañía también trabaja con fibras provenientes de paja de trigo, caña de azúcar y sorgo, entre otras plantas. Durante la última década ha destinado aproximadamente 250 millones de dólares a investigación relacionada con estas alternativas.
El reto consiste en conseguir que una materia prima diferente pueda cumplir con los requerimientos técnicos de productos que tienen contacto directo con el cuerpo. No basta con que una fibra sea renovable: debe ser capaz de integrarse a procesos industriales de gran escala, mantener el desempeño del producto y contar con un suministro suficientemente estable.
Craig Slavtcheff, director de investigación y desarrollo de Kimberly-Clark, señaló que los primeros resultados de las pruebas son alentadores. La compañía considera que el material podría ofrecer un desempeño adecuado y, al mismo tiempo, contribuir a una cadena de suministro menos dependiente de las fuentes tradicionales de fibra.

El desafío: producir sin crear otro problema ambiental
La innovación en materiales también plantea una pregunta fundamental para la responsabilidad social: ¿qué ocurre cuando una alternativa escala? Shelley Vinyard, directora de naturaleza global del Consejo para la Defensa de los Recursos Naturales, considera que el proyecto podría reducir la presión sobre los bosques, pero advierte que será necesario producir la nueva fibra de manera sostenible y sin desplazar otros ecosistemas nativos.
Este punto resulta clave. Sustituir una materia prima por otra no garantiza automáticamente un mejor desempeño ambiental. El análisis debe considerar agua, suelo, biodiversidad, uso de la tierra, emisiones, transporte y efectos sobre las comunidades donde se desarrolla la producción.
La experiencia de otras fibras muestra que el mercado ya está explorando distintas rutas. Paddy Paper, por ejemplo, utiliza paja sobrante del arroz; se estima que cada año se queman 220 mil millones de libras de este residuo agrícola. Mientras tanto, otras grandes compañías han probado bambú, cáñamo, yute y otras fibras no madereras, aunque su incorporación a productos de higiene masivos todavía es limitada.

De la fibra al impacto: la estrategia ambiental de Kimberly-Clark
La apuesta por nuevas materias primas forma parte de un esfuerzo ambiental más amplio. En 2025, Kimberly-Clark reportó una reducción de 46 % en las emisiones absolutas de gases de efecto invernadero correspondientes a sus operaciones (Alcance 1) y a la electricidad adquirida (Alcance 2), respecto de 2015.
Ese resultado acerca a la compañía a su meta de reducir estas emisiones 50 % para 2030. Alcance 1 y Alcance 2 representan aproximadamente 30 % de sus emisiones totales, mientras que las emisiones indirectas de Alcance 3 disminuyeron 16 %.
En este último frente, la meta para 2030 contempla una reducción de 20 % en las emisiones asociadas con bienes y servicios adquiridos y con el tratamiento al final de la vida útil de los productos vendidos. La búsqueda de fibras alternativas, por tanto, puede entenderse como parte de una transformación más amplia de la cadena de valor, donde la materia prima adquiere un papel estratégico.
La idea de fabricar productos de higiene con menos dependencia de los árboles todavía está lejos de convertirse en la norma del mercado. Pero el caso de Kimberly-Clark muestra que la innovación en materiales puede pasar de los laboratorios a decisiones de infraestructura y abastecimiento a gran escala.
El verdadero impacto dependerá de lo que suceda cuando estas alternativas crezcan: cuánto agua requieran, qué superficie ocupen, cómo afecten a los ecosistemas y si pueden mantener un suministro responsable. Si la hesperaloe logra superar esos desafíos, una planta que crece en regiones áridas podría terminar modificando la manera en que una industria entera piensa su materia prima.










