Activistas han denunciado que BP influye en educación STEM en el Reino Unido mediante una relación estratégica con el Science Museum Group. Las acusaciones se centran en el proyecto Enterprising Science, financiado por BP y antecedente directo de la academia del Science Museum Group, un programa que ha impartido más de 500 cursos a más de 5.000 profesores.
Para los críticos, el caso ilustra un problema mayor: cuando empresas con intereses directos en industrias altamente contaminantes participan en el diseño de contenidos educativos, la independencia del conocimiento queda en entredicho.
BP influye en educación STEM: patrocinio, control e incidencia
Los documentos revelados muestran que BP no fue un actor pasivo en el proyecto Enterprising Science. De acuerdo con el contrato de colaboración, las decisiones relevantes no podían aprobarse sin el voto favorable del representante de la empresa. Para los activistas, esta cláusula evidencia un grado de control que va más allá del patrocinio tradicional y plantea dudas legítimas sobre la autonomía académica de los programas resultantes.
Chris Garrard, integrante del grupo Culture Unstained, ha sido uno de los críticos más contundentes al declarar que:
“La influencia tóxica de BP sobre el aprendizaje de los jóvenes es calculada e insidiosa”.
En su opinión, BP influye en educación STEM de una manera comparable a prácticas que hoy resultarían inaceptables en otros sectores:
“No permitiríamos que las compañías tabacaleras participaran en la elaboración de estrategias educativas, así que ¿por qué BP debería comprar un papel tan influyente y destacado?”.
El Science Museum Group ha rechazado estas acusaciones, asegurando que, aunque BP financió el proyecto y patrocina la academia, no tuvo participación directa en la investigación ni en los contenidos educativos. Un portavoz sostuvo que el control editorial recae exclusivamente en la institución y que el patrocinio corporativo es “vital” para cumplir su misión de inspirar a millones de personas cada año. Sin embargo, para muchos expertos en RSE, la existencia de salvaguardas editoriales no elimina el riesgo de captura institucional cuando los recursos dependen de actores con agendas claras.
BP, por su parte, defendió el proyecto señalando que la academia del Museo de Ciencias, creada en 2018, “continúa inspirando a los educadores a ofrecer experiencias STEM atractivas dentro y fuera del aula”. No obstante, el contexto en el que se da esta defensa resulta clave: el museo ha sido duramente criticado por mantener vínculos con la empresa incluso después de que BP anunciara el abandono de sus objetivos climáticos para aumentar la producción de combustibles fósiles. Para los activistas, este contraste refuerza la percepción de que BP influye en educación STEM como parte de una estrategia más amplia de legitimación social.
Las críticas no provienen únicamente de grupos climáticos. Sindicatos docentes y comunidades educativas se han sumado a la preocupación. Helen Tucker, representante verde del Sindicato Nacional de Educación (NEU), señaló que cada vez más profesores cuestionan su participación en la academia del museo, “cuyo plan de estudios fue desarrollado con la supervisión de las mismas personas que están causando el cambio climático: BP”. Para el sindicato, permitir esta relación equivale a normalizar el greenwashing en espacios que deberían formar pensamiento crítico y científico.

Educación, cultura y el deber de la independencia
El caso del Science Museum Group pone sobre la mesa un dilema central para la responsabilidad social empresarial y la gobernanza cultural: ¿pueden la educación y la divulgación científica mantenerse independientes cuando dependen de financiamiento corporativo con intereses contradictorios al bien común? Cuando BP influye en educación STEM, no solo está en juego la reputación de una empresa o de una institución cultural, sino la credibilidad misma del conocimiento que se transmite a futuras generaciones.
Sin duda, este debate obliga a replantear los límites éticos del patrocinio y a exigir marcos más robustos de transparencia, rendición de cuentas y separación entre financiamiento y contenido. La educación y la cultura solo pueden aportar soluciones reales a los problemas sociales y ambientales actuales si operan libres de agendas particulares. De lo contrario, el riesgo no es menor: formar profesionales bajo narrativas suavizadas que perpetúan los mismos modelos que han profundizado la crisis climática y social que hoy se busca resolver.







