En los últimos años han surgido nuevos esfuerzos para reducir el impacto climático de las empresas en el área donde se genera la mayor parte del daño: la cadena de valor. En 2012, por ejemplo, Walmart anunció grandes planes a este respecto, que comenzarán en China. También se han dado coaliciones de compañías dentro de una misma industria que se unen para buscar soluciones.

Para medir los resultados de estas iniciativas, se usan herramientas como evaluaciones de ciclo de vida, que identifican en qué partes de la cadena de valor hay más problemas, o protocolos como el Greenhouse Gas Protocol Corporate Standard, que ayuda a conocer impactos más locales.

Si se quiere tener éxito, es necesario trabajar directamente con las fábricas y con todos los actores de la cadena, para así resolver problemas individuales. Aquí se presentan tres claves que las compañías normalmente olvidan, pero son muy importantes:

1. Ambición: el factor más importante para que los proveedores reduzcan sus emisiones de carbono es el apoyo de los directivos de estos proveedores, ya que es necesario invertir en el proyecto. Sin embargo, las empresas suelen obviar la actitud de sus proveedores acerca de la energía o hasta ignorar cómo se sienten respecto a mejorar su desempeño.

Para entender el nivel de ambición de un proveedor, las empresas pueden comenzar mirando qué trabajo se ha hecho: proyectos de eficiencia energética, reducciones documentadas, desempeño en contraste con competidores, etc. Otro indicador importante es el nivel de compromiso de la administración, el cuál se puede conocer si se averigua si hay un presupuesto para estas acciones. La tercera clave es que el proveedor esté dispuesto a hacer tiempo para ser evaluado por un auditor de energía, proveer información para ésta, etc.

Si el proveedor es ambicioso, es mucho más probable que vaya a invertir en ser más eficiente. Por lo tanto, es muy importante que la compañía sepa desde el principio con qué nivel de ambición está tratando.

2. Capacidad de Acción: lo que se se mide solo es útil cuando provee de información que pueda usarse. Desgraciadamente, muchas estrategias para medir se enfocan más en la transparencia y no en la generación de oportunidades. Las empresas deben poder tomar acción, identificando cosas que sus proveedores pueden hacer y después haciendo preguntas para saber si realmente se completaron. Por ejemplo:
• ¿Han hecho una auditoría?
• ¿Se comprometieron a un plan de administración de energía?
• ¿Eliminaron el equipo obsoleto?
Desarrollar preguntas específicas requiere de investigación para entender cuáles son los problemas de cada proveedor, así como las normas de su industria y región. Pero al obtener las respuestas, las compañías tendrán un mejor entendimiento de las acciones que se deben tomar para reducir sus emisiones, así como ejemplos de lo que los proveedores ya están haciendo.

3. Habilidad: cada proveedor tiene sus propios obstáculos y las empresas pueden ayudar a localizarlos, entenderlos y superarlos. Si un proveedor, por ejemplo, no ha realizado una auditoría, es importante saber por qué. Tal vez no tiene un equipo trabajando en el problema o tal vez no tiene recursos. Los diferentes proveedores pueden estar también en puntos muy diversos de madurez, algunos necesitarán más ayuda que otros.

En este contexto, las compañías no deben simplemente pedir datos, sino preguntar cómo pueden ayudar. Saber qué es lo que se necesita ayuda a estructurar programas eficientes que lleven el entrenamiento, los diagnósticos, la planeación y los recursos necesarios para generar mejoras en el rendimiento.

Fuente:
GreenBiz
Traducción y adaptación:
María José Evia Herrero

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