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Uno de los grandes retos de la RSE en España: la cohesión social

Por: Helena Ancos

Uno de los grandes retos a los que tendrá que hacer frente en los próximos años la RSE en España es el del papel a jugar en la cohesión social.

Los datos de Eurostat, la oficina estadística de la UE, muestran que la desigualdad de ingresos entre los españoles ha llegado a su punto más alto desde el año 1995 –el año de comienzo de registro- sólo por delante de Letonia, Rumanía, y Lituania y el 21,8% de la población está en riesgo de exclusión social. Junto a ello, nos encontramos con un amplio abanico de grupos vulnerables (jóvenes, parados de larga duración y mayores de 50 años, mujeres, inmigrantes), lo que unido a la crisis de crédito y a la asfixia del gasto social, auguran duros reajustes.

Evidentemente no todos los ingredientes de la desigualdad son achacables a la reducción de empleo o de ingresos. Los datos de la exclusión social registran también la posesión de una vivienda o los beneficios sociales, o mejor dicho, la carencia de ellos.

Sin embargo es interesante constatar que la desigualdad de ingresos y el nivel de ingresos de un país no son sinónimos. Esto quiere decir que aunque nuestra economía esté necesitada de crecimiento, hay economías como Malta o Turquía con menor nivel de ingresos, donde la desigualdad es menor. Es decir, el crecimiento no ha de ser el Norte que nos haga perder una visión periférica de dónde nos encontramos y cómo vamos avanzando.
¿Qué quiero decir con ello? Que en este panorama darwiniano la capacidad de adaptación al cambio será el factor clave, y van a ser necesarias estrategias bottom-up y top-down, y el concierto y el esfuerzo de todos. La acción colectiva, más que nunca, también será el eje del futuro desarrollo de la RSE.

Una de las prioridades será crear empleo y mayor cohesión social. Junto a la reforma laboral, el sector público no puede retraerse a pesar de los tan anunciados recortes, y habrán de hacerse esfuerzos regulatorios para consolidar formas organizativas de empresas sociales y marcos legales que permitan mayor flexibilidad para adecuarlas a un mercado de trabajo y de competencia en muchas ocasiones hostil, y el necesario apalancamiento para su despegue y en casos particulares de acompañamiento a la reinserción y al trabajo con grupos vulnerables.

Pero al mismo tiempo, para el resto de empresas sin ese ADN social, ¿puede la RSE promover a corto plazo y en la actual coyuntura económica una mayor inclusión?

La cohesión social necesita de la RSE pero también las empresas necesitan de la cohesión social. Una base social inclusiva conforma el sustrato de la demanda de productos y servicios empresariales, generando el círculo virtuoso de las economías de escala y de alcance que nutren la productividad y el crecimiento empresarial. Además, el aumento de la exclusión social provoca la desafección ciudadana con sus instituciones, y mina por tanto, también la legitimidad de las empresas, mucho más allá de lo que nos digan los informes de reputación. En la tarea de deconstruir lo que tenemos para crear algo mejor, hemos de ser conscientes de que a pesar de las dificultades, no podemos avanzar a múltiples velocidades sin el riesgo de perder los logros de la responsabilidad social.

Sin duda en estos momentos donde más pueden incidir las empresas a favor de la cohesión social es en dos aspectos:

– Mercado de trabajo:

La creación de empleo que venga de la mano de la flexibilización del mercado laboral y de la contratación, evitando dualismos, ha de reflejarse en la contención en los salarios pero también un reparto más equitativo entre todas las categorías laborales. El liderazgo y el compromiso del empresario contribuirán además a la fidelización y productividad de sus trabajadores cuando se sienten partícipes de una causa común y cuando los costes de la crisis se reparten proporcionalmente entre todos.

Por otro lado, la mejora del acceso al empleo de los grupos más vulnerables (jóvenes, discapacitados, mujeres, parados larga duración, inmigrantes) en una nueva interpretación del contrato social, que debe aprovecharse por la empresa en favor de una mayor inclusión a través del instrumento de la gestión por competencias.

– Innovación:

En primer lugar, innovar en productos y servicios para grupos de ingresos bajos y medios. El lema ha de ser no ya el flight to quality sino el universal service. Y en segundo lugar, el fomento de la innovación social, iniciativas transformadoras que dan respuesta a los retos de nuestra sociedad. No hay nada más incentivador de la innovación que las situaciones de crisis.
Y en ambos aspectos, las empresas pueden cubrir el vacío de la retirada del Estado del bienestar y de algunas políticas públicas.

Hay que salir de la crisis y desterrar pesimismos, derrotismos y malos augurios. Entre otras cosas porque el oráculo no vaticinó una crisis de este calado. O para los agoreros, aunque sólo sea por aquello de que “si seguimos haciendo lo que estamos haciendo, seguiremos consiguiendo lo que estamos consiguiendo” (S. Covey)

@helenaancos



Helena Ancos Franco

Coordinadora del Programa de Trabajo de Responsabilidad Social Empresarial del Instituto Complutense de Estudios Internacionales. Representante en la UCM de la RedUNIRSE, red Iberoamericana de Responsabilidad Social Empresarial y Promotora en la Universidad Complutense de Madrid de la Red Interuniversitaria de Responsabilidad Social Empresarial. Ha sido Abogado y Profesora de Derecho Internacional Privado en la Universidad Europea de Madrid y en el Centro Universitario Francisco de Vitoria y en el Centro Universitario de Estudios Financieros de Madrid. Sus actuales líneas de investigación se centran en la búsqueda de modelos jurídicos y económicos que promuevan la rentabilidad de los negocios y el desarrollo social, así como mecanismos de colaboración público-privada para el desarrollo.

Blog RSE de la Universidad Complutense de Madrid

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