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Una radiografía de Sudáfrica y el Mundial

La década de los años noventa inició con júbilo para esta tierra. En febrero de 1990, después de 27 años de reclusión, Nelson Mandela salió de la prisión Víctor Verster y con su liberación la mayoría negra en Sudáfrica se permitía el atrevimiento de sentir esperanza. Cuatro años más tarde, los anhelos por construir un país justo y próspero, sin el drama de la segregación racial, comenzaban a materializarse con la llegada de este líder pacifista a la presidencia sudafricana por la vía de las elecciones.

Después de un breve periodo de natural recelo, la estabilidad política y las mesuradas medidas económicas implementadas por el gobierno de Madiba —apodo con el que los miembros de su clan todavía nombran al ex presidente— hicieron posible que las élites financieras mundiales empezaran a ver a Sudáfrica como una prometedora nación emergente: si en 1990 este país africano registraba flujos de Inversión Extranjera Directa (IED) negativos (ese año se desinvirtieron 78 millones de dólares), para 1995 la IED ya sobrepasaba los mil 200 millones de dólares.

El país recibía así un nivel superior de captación de capitales productivos al que registraban otras promesas económicas, como Turquía. Por esos años, el ingreso per cápita sudafricano superaba al de otras economías emergentes como Brasil, Polonia, Rusia y Malasia.

Sin embargo, con el paso de tres lustros, y aún cuando la estabilidad política y económica se ha mantenido, la promesa sudafricana no ha terminado de cumplirse. La pobreza y la desigualdad persisten, la criminalidad está fuera de control en muchas zonas suburbanas, los escándalos de corrupción no han dejado de aflorar y la situación de la salud pública es alarmante hasta para los estándares africanos. Todos estos elementos conforman el retrato de un país que sólo podrá olvidarse de sus calamidades durante el mes que en su territorio ruede el balón. Pero los sudafricanos no pierden la esperanza de que el Mundial de Futbol les deje algo más que buenos recuerdos deportivos y lindos estadios: confían en que el evento se convierta en un verdadero revulsivo para su ya no tan dinámica economía.

DESOLADORA RADIOGRAFÍA ECONÓMICA
Con 50 millones de habitantes, seis por ciento de la población total africana, Sudáfrica es la economía más grande del continente al aportar casi una cuarta parte de todo su Producto Interno Bruto (PIB). A pesar de mantener este liderazgo regional, si se le compara globalmente, la economía sudafricana ha perdido fuelle.

Su PIB per cápita en los últimos 18 años no ha crecido al ritmo del de otras naciones con un nivel de desarrollo similar. En 1992, el ingreso promedio de un sudafricano —cercano a los tres mil dólares anuales— era similar al de países como Turquía y superior al de los ya mencionados Brasil, Polonia, Rusia y Malasia. Hoy las cosas han cambiado sustancialmente: Brasil registró en 2009, según cifras del Fondo Monetario Internacional, un PIB per cápita de ocho mil 220 dólares (nominales), Rusia de ocho mil 694 dólares, Polonia de 11 mil 288, Malasia de seis mil 897 y Sudáfrica se ha quedado rezagada con sólo cinco mil 824 dólares anuales. Pero para el país anfitrión de la decimonovena Copa del Mundo los problemas van mucho más allá de lo que indica el PIB promedio.

La radiografía socioeconómica del país es desoladora, como lo muestran los datos contenidos en los “World Development Indicators 2010” del Banco Mundial: más de 26 por ciento de los sudafricanos viven con menos de 1.25 dólares al día, más de 42 por ciento con menos de dos dólares diarios. También es ése uno de los países más desiguales del mundo al registrar un índice Gini —la variable comúnmente aceptada para medir la desigualdad económica— de 0.58 (donde 0 representa una igualdad económica absoluta y 1 una desigualdad absoluta), superior al 0.55 de Brasil o al 0.52 de México. Y, en términos de consumo, 20 por ciento de los sudafricanos más pobres da cuenta sólo del 3.1 por ciento del consumo nacional total.

Los indicadores de salud pública son igual de graves: la mortalidad de niños menores de cinco años es de 200 por cada mil (en México, como punto de comparación, es de sólo 17 por cada mil); por complicaciones en el embarazo y/o en el parto, por cada 100 mil nacimientos mueren 400 madres sudafricanas; la incidencia del VIH es de 18.1 por ciento en la población de entre 15 y 49 años de edad (en México la incidencia es de sólo 0.3 por ciento); y, en cuanto a esperanza de vida, la sudafricana promedio llegará a 53 años de vida y el sudafricano a sólo 50 años (cuando las mujeres y los hombres mexicanos tienen una esperanza de vida al nacer de 78 y 73 años, respectivamente). En cuanto a servicios públicos, sólo 59 por ciento de los sudafricanos tiene acceso a un drenaje adecuado y sólo 8.6 por ciento tiene acceso a internet.

DIFICULTADES EN EL MERCADO LABORAL
“Dado que es claro que Sudáfrica no está alcanzando su potencial, la pregunta es la siguiente: ¿Qué factores están actuando como un freno y están frustrando el desarrollo económico?”, se cuestiona el banco UBS en un reporte difundido recientemente. Y claro, tienen una idea nítida de por dónde podría ir la respuesta: “El mercado laboral es un candidato evidente”.

De los sudafricanos mayores de 15 años de edad, 44 por ciento están considerados como “económicamente inactivos” y por eso no figuran en las cifras de desempleo, que actualmente se sitúa en 25.2 por ciento según las cifras de Statistics South Africa, la oficina gubernamental de estadísticas. “Estas cifras son muy altas y significan que, al final, sólo un grupo de trabajadores muy pequeño es el que está generando la riqueza sobre la que depende la sociedad como un todo”, explica Veronica Weisser, economista de la Unión de Bancos Suizos (UBS).

Dado el gran número de desempleados, resulta contradictorio que las empresas sudafricanas tengan tremendas dificultades para ocupar los puestos que tienen vacantes. Pero según la especialista, esto se explica por la escasez de habilidades en la mano de obra de esta economía, la cual se ha agravado por muy pobres resultados educativos. En Sudáfrica, sólo 27 por ciento de los estudiantes termina los 12 años de educación básica y, de éstos, sólo una quinta parte cumple los estándares requeridos para entrar a la universidad. Por si esto fuera poco, las empresas locales no pueden captar inversiones que generen empleos para mano de obra poco capacitada porque los salarios son demasiado altos para el nivel de preparación.

“Respecto a otros mercados emergentes, las compañías sudafricanas que emplean a trabajadores con menores habilidades no son competitivas. Ajustando por poder adquisitivo los salarios promedio en Sudáfrica, se estima que son el doble de los de Brasil y Turquía, 1.6 veces más altos que Malasia y 1.3 veces más altos que en Polonia”, detalla Weisser. Estas cifras muestran tanto un fuerte poder de los sindicatos como un gran deseo de proveer salarios justos para lograr de alguna manera resarcir las injusticias del apartheid. “Pero estos altos niveles de salarios no reflejan el nivel de educación y de habilidades y están ocasionando que Sudáfrica constantemente se quede fuera de los mercados globales de producción”, advierte la economista de UBS. “Falta un sentido de urgencia, quienes elaboran las políticas en Sudáfrica no deben dormirse en sus laureles”, concluye.

ALGO MÁS QUE LINDOS ESTADIOS
En Sudáfrica se han invertido más de tres mil millones de dólares para la construcción de las infraestructuras mundialistas y, aunque las estimaciones varían, se calcula que el evento supondrá un crecimiento adicional del orden de medio punto porcentual del PIB. Así, la economía sudafricana después de haber decrecido 1.8 por ciento en 2009 estaría retomando el crecimiento a un ritmo superior al 3 por ciento. “Hemos revisado las cifras después de la recesión global y luego de que algunas fases de ventas de boletos ya se han cumplido, y algunos de los números son prometedores”, dice Gillian Saunders, directora de la consultora Grant Thornton.

En esta firma encuentran motivos para el optimismo, aun cuando han tenido que rebajar considerablemente su estimación de visitantes al mundial de Sudáfrica. Después de ajustar por el impacto de la crisis global, proyectan que, en lugar de los 483 mil visitantes que habían calculado previamente, el número de visitantes se situará en 373 mil, pero éstos se quedarán más tiempo y gastarán más. “Todo indica que los turistas extranjeros se quedarán en promedio 18 días, en comparación con los 14 días de las proyecciones iniciales”, menciona la directiva. “Sobre el gasto que el turista extranjero promedio realizará en el viaje también hemos aumentado el pronóstico hasta tres mil 885 dólares (30 mil 200 rands, moneda nacional sudafricana), comparado con los dos mil 830 dólares calculados previamente”, añade Saunders.

Esta consultora ha situado el impacto económico del evento en una cifra total cercana a los 12 mil millones de dólares (93 mil millones de rands), de los cuales 62 por ciento se calcula que ya se ha generado y 38 por ciento se generará durante 2010. En 2010 el aporte económico neto adicional representaría 0.54 por ciento del PIB (0.48 por ciento por los turistas adicionales y 0.06 por ciento por el gasto de la FIFA). Pero a pesar de que estas cifras podrían resultar alentadoras dado el bajo ritmo de crecimiento económico mundial, muchos han criticado que el gobierno sudafricano y la comunidad internacional no destinen estos recursos a otras necesidades más urgentes que enfrenta este país.

Sin embargo, el Comité Organizador se ha defendido una y otra vez diciendo que los beneficios del evento se verán en el largo plazo y que van más allá de las mediciones económicas. En una entrevista reciente que le realizara John Carlin —el autor del libro El factor humano, que inspirara la película Invictus— para el periódico El País, el presidente del Comité Organizador, Danny Jordaan, aseguró que con los tres mil millones de dólares que se han gastado en infraestructuras no se podría aliviar la miseria en Sudáfrica y, aunque aceptó que sí hay necesidades más urgentes, como construir más hospitales, está seguro de que no habrá ningún niño sudafricano que diga: “Un día quiero estar enfermo en ese hospital”. En cambio, todos soñarán con estar en un estadio así, con ser los próximos Messi, Kaká o Ronaldo. “Como sociedad, es preciso construir monumentos que representen las aspiraciones, la esperanza, y que las aproximen a la realidad”, enfatiza Jordaan. En Sudáfrica no dudan que los estadios de futbol jugarán ese papel; que serán los templos de la esperanza.

Fuente: M Semanal, p. 44-47
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