¿Cuál será el posible impacto de las elecciones en la sociedad civil?

Por: Emilio Guerra Díaz

Como sociedad nos enfrentamos en la próxima elección presidencial a uno de los retos más importantes para avanzar en la consolidación de la participación ciudadana, o bien, su retroceso. En el horizonte hay un dilema: orientarnos a fortalecer a un caudillo aceptando ser súbditos y dar la bienvenida al gobierno caprichoso de la voluntad un solo hombre donde se mueve con toda opacidad y donde sus seguidores no lo cuestionan sino simplemente lo vitorean, o bien, consolidar instituciones democráticas que, pese a las fallas, deficiencias y requerimientos y la conciencia de la necesidad de trabajar para fortalecerla siendo ciudadanos exigiendo a todos los sectores sociales un comportamiento ético, sostenible pero sobre todo basado en la transparencia y rendición de cuentas. Hay solo dos opciones.

Pese a que no se quiere ver, la sociedad civil organizada se enfrenta a uno de los grandes riesgos: su aniquilamiento o sometimiento al caudillo y a su gobierno, como en los excelsos tiempos del corporativismo priista que centralizó todo con el Echeverrismo.

La sociedad civil, aquella que es crítica, constructiva, desafiante, aportante e impulsora de diálogos, y preparación para enfrentar distintos retos, contribuir a mejorar políticas públicas se le considerará también parte de la mafia del poder, iniciativas independientes que provienen de los pirrurris y que no tienen razón de existir usurpando las funciones que según aquella toca al estado cubrir.

En repetidas ocasiones se ha señalado la postura respecto a la visión de López Obrador sobre la sociedad civil. No cree en ella porque no es dócil pueblo sabio y en cambio, son grupos de personas que alientan la participación ciudadana con críticas, análisis, movilizando recursos para contribuir a la resolución de problemas sociales que por tanto restan protagonismo al líder mesiánico. La sociedad civil propone un pensamiento y visión plural, no tiene un solo modelo porque su postura es la inclusión de la diversidad, que encuentra en ella una gran riqueza.

Sin duda coinciden las personalidades de Hugo Chávez, Nicolás Maduro y López Obrador y que tanto molesta a quien siguen fanáticamente al tabasqueño. Todos dividen y detectan a un enemigo en común.

Tan solo hace unos días citábamos en Expoknews un artículo de Lilia Cisneros respecto a una participación de López Obrador durante una reunión anual de organizaciones filantrópicas, en la que el autor de estas líneas también asistió. Ahí se refirió a que la presencia de la sociedad civil se debía a fallas no del mercado, sino del Estado y por tanto en un gobierno eficiente no tiene cabida la sociedad civil.

López Obrador se formó en el tiempo de la plena vigencia del “Ogro Filantrópico” que aludió Octavio Paz y al parecer se enamoró profundamente de aquella figura delineada por nuestro premio Nobel. Hoy es un líder que ve hacia atrás, donde desea un Estado más que fuerte, totalitario, plenipotenciario, sin una sociedad civil organizada que le resulte incómoda para gobernar que estorbe a su proyecto personal de nación.

En repetidas ocasiones dentro del catálogo de sus frases hechas “Mafía del poder”, me podrás decir peje, pero no lagarto”, “con todo respeto”, etc., López Obrador se apoya en la cantaleta de que el pueblo “es sabio”. Pero sin información, educación, políticas públicas adecuadas y servicios sociales saltan a la vista diversos hechos que contravienen el discurso del tabasqueño:

“Si el pueblo es sabio”, ¿por qué hay tanto embarazo en adolescentes?, niñas-madre que nadie les brindó apoyo para adentrarse en su vida sexual con responsabilidad y tener el derecho pleno de ejercer su sexualidad. Pero el “pueblo sabio” hoy tiene ese gran problema que acrecienta la brecha en la equidad de género, incrementa la pobreza y la demanda exorbitante de recursos.

“El pueblo es sabio”, éste podrá decidir, claro sin conocimientos técnicos, pero si en el asambleísmo mitotero, sobre la reforma petrolera y bastará “solo perforar el subsuelo para encontrar petróleo”, y validar cualquier otro disparate como la cancelación del nuevo aeropuerto, cuando el pueblo no es tan sabio pues no conoce la dinámica de la aviación comercial del siglo XXI.

“El pueblo es sabio”, por tanto, se le debe permitir que éste etiquete, sin tener rostros y nombres, a quienes integran la mafia del poder y pueden seleccionar bajo esa consigna a quien deseen para que sean agredidos, ultrajados, difamados y condenados fuera del marco de la ley (Adolfo Hitler lideró a su adoctrinado pueblo bueno para discriminar a los judíos y luego expidió las leyes que permitían su barbarie; Chávez eligió como su enemigo al imperialismo yanqui, etc.).

“El pueblo es sabio” por lo que se justifica que se vuelva intolerante con los que no piensan como él. El pueblo sabio no necesita analizar, solo creer.

Para López Obrador resulta muy útil esa frase porque conecta con diversos sectores apoyándose en el rencor social. En realidad, aludir al “pueblo sabio” equivale a tener súbditos por ello cualquier disidente (proyecto independiente) es peligro para su proyecto. ¿Recuerda el lector la marcha de blanco para exigir justicia y seguridad durante su periodo como Jefe de Gobierno? Su reacción: solo vio a “pirrurris” y no a una sociedad civil organizada movilizando voluntades para una mejor convivencia.

En el diálogo que sostuvo López Obrador con periodistas y reporteros de Milenio Diario trasmitido en su canal de televisión se escuchó claramente su opinión respecto a la sociedad civil: “Le tengo mucha desconfianza a eso que llaman sociedad civil… el problema es que han simulado demasiado con eso de sociedad civil… la creación del Instituto Nacional de Acceso a la Información (INAI), es un parapeto supuestamente promovido por la sociedad civil independiente…” (Milenio TV, 46’51”). Silva Herzog le atizó muy bien, “solo se siente cómodo con la sociedad civil que es cercana a usted…”.

Se puede afirmar que “Luis” López Obrador actúa siempre bajo la consigna ¡El Estado, soy yo!, ¡El filántropo, soy yo! Durante su desempeño en esa multi entrevista de Milenio también afloró su verdadera esencia, la megalomanía: “encabezaré la cuarta transformación” del país sin sociedad civil, claro sin escuchar críticas y pretendiendo adecuar el marco jurídico. Ya habla como concentrador de los tres poderes. Así han sido las experiencias populistas que llegan por la vía democrática: se instalan en el poder y luego modifican las leyes para incrementar sus facultades y perpetuarse porque el pueblo bueno depende de un solo hombre.

La sociedad civil organizada se enfrenta a un personaje que separa y divide a los mexicanos, avanza con rencor, escarnio, es ruin y quiere súbditos no ciudadanos.

¿Tiramos a la basura las décadas que mujeres y hombres dedicaron a cimentar y desarrollar a la sociedad civil?, ¿Cancelamos las posibilidades de un poder ciudadano que contribuya a equilibrar al poder económico y político?, ¿Renunciamos a que miles de ciudadanos sigan aportando tiempo y recursos para vigilar el desempeño del sector público?

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Emilio Guerra

1 comentario

  • Estimado Emilio: Coincido que muchas de tus líneas, sin embargo aunque el artículo está dirigido a uno de los candidatos; esto mismo debemos expresarlo para el resto. Como Sociedad Civil o Ciudadanos, solo nos mencionan en el discurso, pero a la hora del trabajo verdadero, o de la crítica constructiva, denostan a la sociedad, porque no está a «modo». Ojalá que en otro artículo puedas señalar que la sociedad organizada a crecido y además está preocupada por seguir haciendo ciudadanía pensante, que a todos nos conviene.