Consumir suele percibirse como un acto cotidiano, inmediato, incluso automático. Sin embargo, detrás de muchos de los productos que consumimos en cualquiera de las cadenas de Grupo Restaurantero Gigante (GRG), como lo es Shake Shack, existe una historia de desarrollo local, comercio justo y preservación cultural. Cada ingrediente tiene un origen, un proceso y, sobre todo, personas cuya vida productiva depende de que esa cadena de valor funcione de forma responsable.
Por ejemplo, cuando pides una de las malteadas de Shake Shack más características, la malteada de horchata, no sólo disfrutas de un sabor y textura excepcional, sino de las deliciosas obleas que se ponen como topping de esta bebida, las cuales están elaboradas con una de las semillas más importantes de la tradición agrícola mexicana: el amaranto.
Así es, detrás de esas obleas está la colaboración entre Shake Shack y Chikahuak, un emprendimiento familiar originario de Tulyehualco, en Xochimilco, Ciudad de México, que se especializa en la elaboración de productos gourmet hechos de amaranto.
Shake Shack: cadenas de valor con origen nacional
La alianza entre Shake Shack y Chikahuak no es un caso aislado, sino parte de la estrategia de Proyectos Productivos de GRG, orientada a impulsar a pequeños productores nacionales, fortalecer el comercio justo y consolidar una cadena de suministro de alta calidad con identidad mexicana, así como lograr que el crecimiento corporativo también detone desarrollo local.
La relación con Chikahuak comenzó hace aproximadamente 4 años, cuando la cadena inició la compra de obleas para su malteada de horchata. Desde entonces, el vínculo ha evolucionado hacia una colaboración sostenida que demuestra que es posible integrar tradición artesanal en productos de alto consumo sin sacrificar calidad ni escala.
Además, estas obleas no son ordinarias, pues se elaboran con el amaranto cultivado por productores nacionales en Tulyehualco, lo que les aporta un valor nutricional superior frente a opciones industriales y convierte a las malteadas de Shake Shack en un vínculo entre el consumidor y el campo nacional.
La tradición detrás de las malteadas de Shake Shack
En Chikahuak no solo se producen obleas; se resguarda una herencia agrícola. La empresa forma parte de una de las familias de Tulyehualco que han dedicado generaciones a preservar el amaranto, una semilla consumida en México desde tiempos prehispánicos. Como explica su director operativo, la historia de este cultivo está marcada por la resistencia cultural:
“Tulyehualco, el lugar donde sembramos el amaranto, es un pueblo muy especial donde nuestros antepasados salvaguardaron la semilla del amaranto, ya que fue prohibida por los españoles”.
No obstante, esta preservación no es solo simbólica; también es técnica, tal como comparte, Ricardo Ávila Sandoval, gerente de ventas de Chikahuak, quien describe cómo el proceso inicia en la siembra de la semilla en las chinampas, donde el grano nace, para luego ser traslado a zonas cerriles para la siembra.
Desde ahí comienza un proceso agrícola profundamente ligado al entorno: siembra entre mayo y junio, crecimiento dependiente del temporal, cosecha en diciembre y técnicas como el “azotado” y “zapateado” para desprender la semilla luego de la siega. Posteriormente, el amaranto se limpia, se tuesta y se transforma en harina.

La elaboración de las obleas continúa en la fábrica de Chikahuak, donde se prepara una mezcla con la harina de amaranto que se lleva a cocción en moldes calientes durante uno o dos minutos, hasta que las obleas están listas y se cortan y empacan, para después distribuirlas a cada una de las sucursales donde terminan acompañando las malteadas de Shake Shack.
Cuando crecer también significa preservar tradiciones
La colaboración con la cadena ha sido decisiva para el crecimiento de Chikahuak, pues la empresa no solo ha incrementado ventas e ingresos; también le ha permitido generar empleos y asegurar la continuidad del cultivo de amaranto de forma tradicional:
Actualmente, la empresa produce miles de obleas destinadas a la marca, lo que ha fortalecido su estructura productiva. Como comparte su director operativo:
“No solamente conservamos el empleo local dando trabajo a 12 personas directas y más de 40 colaboradores indirectos, sino que preservamos nuestras tradiciones y nos permite llevar un superalimento a las familias mexicanas”.

El impacto va más allá del empleo. La alianza les ha dado visibilidad, acceso a nuevos clientes y estabilidad comercial, factores críticos para pequeños productores:
“Trabajar con Shake Shack nos ha beneficiado mucho… nos ha dado renombre con otros clientes para que confíen en nuestro producto”.
Marco Antonio Ávila Sandoval, director operativo de Chikahuak.
Además de adquirir las obleas que llegan a cliente final mediante las malteadas de Shake Shack, GRG compra a esta compañía familiar de Tulyehualco otros productos de temporada para consumo interno corporativo, tales como calaveras de amaranto, para Día de Muertos, galletas y platos botaneros para las fiestas patrias, ampliando así la derrama económica que recibe este emprendimiento.
Para la empresa, el valor de esta colaboración también es cultural y nutricional:
“Como director operativo de Chikahuak, quiero darle las gracias a GRG por impulsar el consumo local y por seguir creyendo en nosotros, además de promover esta semilla milenaria. El amaranto tiene muchas proteínas, te produce saciedad, tiene muchos beneficios para la salud, por eso yo les diría que consuman amaranto, porque no sólo ayudan a muchas familias a tener una economía local, sino que ayudan a preservar una semilla que forma parte de nuestra tradiciones y que es muy resistente al cambio climático”.
Así, cada topping en las malteadas de Shake Shack representa apoyo a emprendedores mexicanos, tradición preservada y promoción de un alimento rico en nutrientes.

Consumir con conciencia: el verdadero valor detrás del sabor
Las malteadas de Shake Shack son un ejemplo de cómo detrás de un producto cotidiano puede existir una red compleja de impacto social positivo. Asimismo, esta colaboración demuestra cómo la responsabilidad social empresarial no siempre se comunica desde grandes campañas, sino que se lleva a cabo mediante decisiones de abastecimiento que priorizan origen, trazabilidad y desarrollo local aún cuando no se ve.
Cuando un consumidor elige una de las malteadas de Shake Shack, no solo adquiere una bebida, sino que participa —aunque no siempre lo sepa— en una visión que transforma cadenas de suministro en plataformas de crecimiento compartido, apoyo a emprendedores y futuro productivo para México.











