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Rinden homenaje a inmigrantes en NY, reflexionan sobre la noción de héroe

En esta historia, si el Hombre Araña trepa por las paredes es para limpiar los ventanales de un rascacielos en Nueva York y si Supermán “vuela” es para entregar un pedido de comida rápida.

Aunque sus trajes son iconos de la cultura pop, quienes los portan carecen de superpoderes, son inmigrantes latinoamericanos en Estados Unidos, cuyas historias ha querido documentar la fotógrafa mexicana Dulce Pinzón.

El origen de la serie de 20 retratos, que ahora se publican en forma de libro en La verdadera historia de los Superhéroes (RM), se remonta a los atentados del 11 de septiembre de 2001 contra las Torres Gemelas.

La fotógrafa percibió cómo el derrumbe de un símbolo de la economía de Occidente se acompañó del resurgimiento de la noción de héroe y abundaban las películas de superhéroes.

Comenzó a preguntarse ¿dónde están aquellas personas que a diario, en su cotidianidad, hacen algo extraordinario con su vida?

Pinzón, quien en esos años vivía en Brooklyn, pensó en los migrantes que envían dinero a sus familias y constituyen un soporte fundamental para sus comunidades.

Sus historias le eran familiares debido a su trabajo con la Casa México, que brinda asistencia a inmigrantes, donde no sólo enseñaba inglés, sino también los asesoraba para hacer valer sus derechos como trabajadores.

“Se me ocurrió crear un proyecto que reivindicara los valores del heroísmo y que se trasladaran al grueso de la población que generalmente no es vista como un héroe, algo que ahora está trillado”, cuenta la fotógrafa.

Cada trabajador posó como el superhéroe que Pinzón, pensó, empataba mejor con su ocupación: Paulino Cardoso, originario de Guerrero, que trabaja descargando frutas y vegetales, es Hulk; la poblana María Luisa Romero, empleada en una lavandería, es La Mujer Maravilla, y Román Romero, velador en Nueva York, es Linterna Verde.

El proyecto que inició a fines de 2004 se prolongó por varios años. Iba a sus lugares de trabajo y, en ocasiones, sólo disponía de la pausa de media hora durante la jornada laboral para fotografiarlos.

Con el apoyo de la la Fundación Ford pudo terminar la serie con más holgura: rentó, cuenta, un restaurante para fotografiar a Elizabeth y Enrique Alonso, los Gemelos Fantásticos, e invitó a sus amigos a cenar para simular la clientela.

“La cámara es un mero instrumento porque las fotografías están en mi cabeza”, dice Pinzón, ahora establecida en Puebla.

A raíz de La verdadera historia de los superhéroes, cuenta, algunos de los trabajadores han aparecido en la televisión y han acudido a firmar calendarios, cuyas ventas se destinaron a una organización de apoyo a migrantes.

Su objetivo, dice la fotógrafa, es rendir un homenaje al hombre ordinario, carente de poder supernatural, que han logrado que su comunidad sobreviva y progrese.

Fuente: movil.reforma.com
Por: Érika P. Bucio
Publicada: 12 de Julio de 2012

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