La relación de Estados Unidos con los organismos multilaterales atraviesa uno de sus momentos más tensos en décadas. La decisión de la administración Trump de suspender el apoyo a decenas de instituciones internacionales marca un punto de inflexión en la forma en que el país concibe la cooperación global y el papel de los organismos internacionales en la gobernanza mundial.
Este giro, formalizado mediante una orden ejecutiva, implica que EE. UU. se retira de organismos globales clave vinculados a temas como cambio climático, derechos humanos, salud, trabajo y desarrollo. Este movimiento plantea preguntas profundas sobre el futuro del multilateralismo y la corresponsabilidad frente a los grandes retos globales.
EE. UU. se retira de organismos globales: un replanteamiento del multilateralismo
La orden ejecutiva firmada por Donald Trump suspende el apoyo estadounidense a 66 organizaciones, agencias y comisiones internacionales, muchas de ellas afiliadas a la ONU. Según el Departamento de Estado, estas instituciones han sido calificadas como redundantes, mal administradas o contrarias a los intereses y la soberanía nacional de Estados Unidos.
Este argumento refleja una visión utilitaria del multilateralismo, en la que la cooperación internacional solo es válida si se ajusta estrictamente a la agenda política de Washington. Desde esta lógica, EE. UU. se retira de organismos globales que no considera estratégicos, incluso si históricamente han sido plataformas clave para la coordinación internacional.
Para especialistas en RSE, este enfoque resulta relevante porque debilita los marcos comunes que han permitido avances en estándares laborales, ambientales y sociales. Sin estos espacios, la alineación entre gobiernos, empresas y sociedad civil se vuelve más fragmentada y desigual.
La salida del tratado climático de la ONU y sus implicaciones globales
Uno de los movimientos más significativos es la retirada de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), tratado base del Acuerdo de París. Este paso consolida la postura negacionista de la administración Trump frente al cambio climático, al que ha calificado reiteradamente como un engaño.
La CMNUCC ha sido durante décadas el eje de las negociaciones internacionales para reducir emisiones y financiar acciones climáticas en países en desarrollo. Que EE. UU. se retire de organismos globales enfocados en clima no solo reduce la capacidad financiera del sistema, sino que envía una señal política que puede debilitar los compromisos de otras naciones.
Expertos advierten que esta decisión ofrece una “excusa” a otros países para retrasar sus propias acciones climáticas. Para el sector empresarial comprometido con ESG, esto genera un entorno más incierto, donde la acción climática dependerá menos de acuerdos globales y más de liderazgos locales, corporativos o regionales.
Impactos en derechos humanos, salud y cooperación internacional
La retirada no se limita al ámbito climático. También incluye agencias como la UNFPA, dedicada a la salud sexual y reproductiva, así como organismos culturales, académicos y técnicos. En varios casos, estas salidas revierten decisiones de administraciones anteriores y afectan directamente a programas en países vulnerables.
El hecho de que EE. UU. se retire de organismos globales ha obligado a la ONU a implementar recortes internos y ha provocado el cierre de proyectos ejecutados por organizaciones aliadas, muchas de ellas dependientes de fondos estadounidenses. Esto evidencia hasta qué punto la arquitectura de la cooperación internacional sigue siendo frágil y altamente dependiente de las decisiones de unos pocos actores.

Paradójicamente, la administración Trump ha señalado que mantendrá su participación en ciertos espacios donde compite directamente con China, como telecomunicaciones o comercio marítimo. Esto sugiere que no se trata de un rechazo total al multilateralismo, sino de una versión selectiva y estratégica del mismo.
¿Qué significa este retiro para el futuro global?
El hecho de que EE. UU. se retire de organismos globales redefine el equilibrio de poder en la gobernanza internacional y deja vacíos difíciles de llenar en temas críticos como clima, derechos humanos y desarrollo sostenible. Más allá de la coyuntura política, este movimiento plantea un desafío estructural al sistema multilateral tal como lo conocemos.
Para las empresas y líderes en responsabilidad social, este contexto refuerza la importancia de asumir un rol más activo. Cuando los gobiernos se repliegan, el sector privado, la sociedad civil y las alianzas transnacionales pueden convertirse en actores clave para sostener agendas globales, proteger avances logrados y construir nuevas formas de cooperación frente a un mundo cada vez más fragmentado.







