Notas Sustentus

¿Qué tan relevante consideran la ética los estudiantes de negocios?

Empresario Niño

Los alumnos de posgrado de EGADE Business School fueron puestos a prueba al tener que reflexionar sobre la ética en el mundo de los negocios. Ante esta situación, el alumno Noé Galván Martínez, estudiante de MBA y ganador del primer lugar en el concurso “Ética en los negocios”, propone dos vías para la generación de valor: los cañonazos o el cultivo de la confianza. ¡Te invitamos a leer su ensayo!

“La cultura del cumplimiento de los acuerdos como medio para el desarrollo de los negocios” por Noé Galván Martínez
“Si valgo algo, es por la confianza que en mí han depositado los hombres” – Emiliano Zapata

“Nadie resiste un cañonazo de cincuenta mil pesos” – General Álvaro Obregón

Si bien el mejor acuerdo es aquel que se escribe (por aquello de las dudas), la realidad de los negocios está plagada de elementos que tienen un impacto en sus acuerdos y las economías más allá de los conceptos comerciales inherentes en ellos. En este sentido, todo negocio está, en mayor o menor medida, basado en la confianza y, por ende, en una cultura del cumplimiento de los acuerdos pactados entre las partes que los realizan.

Existe un principio jurídico que reza: pacta sunt servanda, cuyo significado es el “acuerdo debe cumplirse”; sin embargo, es lamentable encontrarnos que dicho principio no es parte natural de la cultura de negocios en muchos lugares, especialmente en los países en vías de desarrollo con economías medianamente estables (ni mencionar aquellos en pobreza o inestables). De hecho, en algunas líneas de negocio se asume un factor de “corrupción” dentro de la ecuación financiera para llegar a un acuerdo final, lo cual no sólo resta competitividad, sino que limita las inversiones y el crecimiento económico de los países al generar nichos poco eficientes y exclusivos para ciertos grupos. Laura Alcaide en su ensayo “Corrupción: obstáculo al crecimiento y a la competitividad” describe que existe una relación inversamente proporcional entre la corrupción y el crecimiento económico, pero ¿cuál es el factor que “afecta positivamente” a la economía de los países en los que disminuye el índice de corrupción? Me parece que una posible respuesta es la confianza, al menos como uno de los elementos centrales.

Confiar en algo o alguien en nuestro mundo tan interconectado y globalizado como en el que vivimos es sumamente complejo, ya que no solamente implica tener un producto de calidad a un precio competitivo, sino que es necesario conocer los contextos culturales y prácticas de negocio de nuestros mercados meta, actuales y futuros. En este sentido, fomentar la cultura del cumplimiento de los acuerdos y la ética en la administración de los negocios adquiere un peso específico estratégico, especialmente si consideramos la sostenibilidad de nuestra empresa en el largo plazo.

Ahora bien, es relevante reflexionar sobre las bondades del cumplimiento de acuerdos y de generar un entorno de confianza para la inversión y el desarrollo de los negocios haciendo la siguiente pregunta: ¿es “buen negocio” ser ético? La respuesta moral es SÍ, pero ¿cuál es el fundamento de dicha respuesta en el contexto de negocios? Tal vez debemos seguir analizando el polo opuesto de la ética, la corrupción, para dar sentido económico a la cultura de “cumplir los acuerdos”. Antonio Argandoña, en su artículo “La corrupción y las empresas”, nos dice “Las empresas tienen muchas razones para rechazar la corrupción, aunque se lleve a cabo en (presunto) beneficio de la empresa: tiene altos costes directos (desde multas hasta penas de prisión) e indirectos; suele reducir la transparencia (obligando a falsedad contable y fiscal); y los riesgos que lleva consigo pueden ser grandes y, a menudo, de difícil valoración, porque se escapan de su control. Y, en fin, deteriora la reputación de la empresa y su capacidad de supervivencia y su rentabilidad futura”.

En la reflexión de Antonio Argandoña, resaltan cuatro conceptos: costos, riesgos, reputación y supervivencia, este último directamente relacionado con la rentabilidad futura. Dichos elementos y su interrelación constituyen la mezcla que da sustento, en la receta económica, al cumplimiento de los acuerdos como un medio para el desarrollo de los negocios. Por naturaleza, las empresas y sus dueños están motivados a buscar la eficiencia en costos, la mitigación de riesgos y el retorno en sus inversiones y, en sentido estricto, las buenas prácticas y estrategias encaminadas a dichos fines implicarán una buena reputación para el negocio y la semilla de rentabilidad futura para el mismo. Sin embargo, es necesario asumir un rol activo para impulsar la confianza en el mercado, ya que dicha confianza se traduce en mayores inversiones y menores riesgos para los inversionistas.

Considerando esta idea, ¿cuál podría ser un medio para tener un rol activo en dicho fomento a la confianza? Sin duda, lo es el cumplimiento de los acuerdos. Cumplir con lo acordado nos permite tener un entorno de negocios más sano y propicio para el crecimiento de los mismos; además, nos brinda el valor, estabilidad y las condiciones para su continuidad. La cultura del cumplimiento de acuerdos inicia en nuestras empresas y sus partes relacionadas y permear esta cultura a los empleados, clientes, proveedores y socios comerciales será invertir en el futuro y la rentabilidad de nuestro negocio en el largo plazo. En resumen, es “buen negocio” ser ético y cumplido aunque en ocasiones esto implique inversiones adicionales y pérdidas económicas en el corto plazo.

Al inicio del presente ensayo decidí incluir dos frases de autores muy distintitos en antecedentes y ámbitos pero representativos de su contexto histórico. Y, sopesando ambas expresiones, creo que elegir la valía como resultado de la confianza depositada – tal como propuso Emiliano Zapata – es mejor que hacer negocios a “cañonazos”. Sin duda, los últimos nos brindan ventajas inmediatas, privilegios no necesariamente merecidos y condiciones sin competencia justa, pero ¿son realmente esos supuestos los que brindan valor a nuestro negocio? En lo personal, me parece que la respuesta es NO. Esto lo digo no sólo con base en la interiorización teórica y moral de los “cañonazos” que implica incurrir en actos de corrupción; sino que lo creo como parte de la necesidad objetiva que tienen los negocios de evitar a toda costa incurrir en costos o riesgos innecesarios así como una reputación negativa para sus organizaciones e inversionistas; ya que lo que se pone en juego es su futuro. Al final, nos queda comprender que el valor y la supervivencia de nuestro negocio dependen directamente de su entorno y la capacidad que tengamos de crear condiciones de crecimiento en nuestros mercados de influencia, a través del sentido ético y el cumplimiento de los acuerdos.


SustentusSUSTENTUS – Centro de Desarrollo Sostenible

Centro de Desarrollo Sostenible (SUSTENTUS) concentra sus esfuerzos en el área de sostenibilidad, por medio de estudios orientados hacia la gran empresa y el emprendimiento social, propiciando la vinculación entre la academia, la iniciativa privada, y las organizaciones de la sociedad civil para el desarrollo de proyectos conjuntos.
El centro pertenece a la EGADE Business School sede Monterrey, y es dirigido actualmente por su fundador el Dr. Gerardo Lozano Fernández, quien ha estudiado la sostenibilidad empresarial desde el año 1999.En esta columna encontrará casos sobre empresas y OSC que han generado un desarrollo sostenible en diversos países de Latinoamérica. Además encontrará diversos análisis y opinión sobre las tendencias y prospectiva de la sostenibilidad empresarial a nivel internacional.

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