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¿Qué son los liderazgos tóxicos y cuáles sus riesgos legales?

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Durante décadas, en muchos espacios de trabajo se normalizó una forma de dirigir basada en el miedo, la presión constante y la humillación. Se le llamó “carácter”, “mano dura” o “liderazgo exigente”, y se justificó en nombre de los resultados. Sin embargo, ese modelo comenzó a mostrar su verdadero costo: desgaste humano, climas laborales deteriorados y una desconexión profunda entre las personas y las organizaciones.

De acuerdo con El Economista, hoy, en un entorno donde la dignidad, el bienestar y la legalidad son pilares de la gestión responsable, estas prácticas ya no pueden ocultarse bajo el pretexto de la productividad. Entender qué son los liderazgos tóxicos no es solo una reflexión cultural, sino una necesidad jurídica.

Lo que antes se toleraba, ahora se documenta, se denuncia y se sanciona, convirtiéndose en una contingencia real para las empresas.

Qué son los liderazgos tóxicos en el entorno actual

Hablar de qué son los liderazgos tóxicos implica reconocer conductas reiteradas que generan ambientes hostiles: gritos, humillaciones, amenazas, presión excesiva o jornadas fuera de toda lógica. No se trata de un “jefe difícil”, sino de un patrón de abuso que afecta la dignidad y la salud de las personas.

Estas dinámicas erosionan la confianza, normalizan el miedo y desdibujan los límites éticos. Con el tiempo, se convierten en un sistema informal de control que perjudica tanto a los equipos como a la organización que lo permite.

Del estilo personal al riesgo jurídico

Lo que durante años se percibió como un rasgo de personalidad hoy se traduce en responsabilidad legal. El liderazgo tóxico dejó de ser una cuestión subjetiva para convertirse en un incumplimiento normativo con consecuencias concretas.

Cuando estas prácticas son toleradas o incluso premiadas, la empresa asume el riesgo.

La omisión también genera responsabilidad, sin importar si la conducta proviene de un mando medio o de la alta dirección.

Obligaciones legales que ya no pueden ignorarse

En México, la ley obliga a prevenir la violencia laboral, garantizar entornos favorables y proteger la dignidad de las personas trabajadoras. Estas responsabilidades no son optativas ni delegables.

Además, la NOM-035-STPS exige identificar y prevenir factores de riesgo psicosocial. Un liderazgo basado en el miedo o la presión sistemática encuadra directamente en estos supuestos, dejando evidencia de incumplimiento.

Consecuencias que trascienden lo interno

Los efectos no se limitan al clima laboral. Cada vez con mayor frecuencia, estas prácticas derivan en rescisiones imputables al patrón, juicios laborales, inspecciones y sanciones administrativas.

A ello se suma un impacto silencioso pero profundo: rotación, ausentismo, pérdida de talento clave y una mayor propensión al conflicto legal. El costo operativo y reputacional puede ser irreversible.

Reputación, un riesgo que escala rápido

En la era digital, una mala práctica interna puede hacerse pública en cuestión de horas. Redes sociales, plataformas de empleo y medios amplifican historias que antes quedaban en silencio.

La reputación corporativa, construida durante años, puede verse afectada por un solo caso mal gestionado. La coherencia entre discurso y práctica es hoy un activo crítico.

Contar con códigos de conducta y protocolos es indispensable, pero insuficiente si no se aplican. El verdadero riesgo no está en no tener documentos, sino en no hacerlos valer.

Las organizaciones que logran mitigar estos escenarios capacitan a sus líderes, establecen canales de queja confiables, documentan actuaciones correctivas y asumen que liderar también es una función regulada.

Qué son los liderazgos tóxicos como alerta estratégica

Comprender qué son los liderazgos tóxicos permite a las empresas anticiparse a crisis legales y reputacionales. No se trata solo de cumplir la ley, sino de construir culturas coherentes con los valores que se declaran.

El liderazgo dejó de ser únicamente un estilo; hoy es una variable jurídica. Ignorar cómo se ejerce el poder es abrir la puerta a conflictos evitables.

El nuevo entorno laboral exige revisar no solo los procesos, sino las formas de relación dentro de las organizaciones. La tolerancia a prácticas dañinas ya no es neutralidad: es omisión con consecuencias.

Entender qué son los liderazgos tóxicos es el primer paso para transformar el riesgo en oportunidad. Porque, en materia laboral, liderar con respeto no es una opción ética aislada, sino una estrategia de sostenibilidad y cumplimiento.

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