¿Qué es un emprendedor social?

Emprendedor social vía Shutterstock

Entrevista a Armando Laborde y Beverly Schwartz

Dos directivos de Ashoka, la mayor organización sin fines de lucro dedicada a apoyar emprendimientos sociales, comparten puntos de vista sobre un fenómeno que crece de manera exponencial.

Si bien el concepto de “emprendedor social” surgió en los años ’60, su uso se generalizó a partir de la década de los ’80, gracias al incansable esfuerzo de Bill Drayton, el hombre que fundó Ashoka, guiado por una firme convicción: “Los emprendedores sociales no se contentan con regalar un pescado o enseñar a pescar. Son las personas que no descansarán hasta haber revolucionado la industria de la pesca”.

En una entrevista con WOBI, Armando Laborde y Beverly Schwartz, ejecutivos de Ashoka, explican en qué consiste la labor de la entidad, cómo es la relación con los emprendedores sociales que pertenecen a la red, qué obstáculos enfrentan y cuáles son las mejores prácticas en el campo del entrepreneurship social.

¿Qué caracteriza a un emprendedor social?

Armando Laborde: Su principal motivación es resolver una problemática social. Y se distingue por la determinación y la perseverancia para llevar a cabo su proyecto.

Beverly Schwartz: Coincido con la definición de Armando. Solo agregaría que es alguien para quien el beneficio social debe llegar antes que la rentabilidad, lo cual no significa descartarla. Se trata, simplemente, de una cuestión de prioridad.

¿Cuáles son los mayores desafíos que enfrentan los emprendedores sociales?

Laborde: Cada vez que Ashoka hace un proceso de selección para apoyarlos, siempre me impresiona que, más que la beca, agradecen el haber descubierto quiénes son. Muchos de ellos eran considerados el amigo que hace cosas raras, el no comprendido en la familia, y hasta sus parejas les sugerían: “Deja de lado ese tipo de proyectos y empieza a trabajar en algo serio”. Por lo tanto, es necesario dar a conocer que además de una vocación es una profesión, y que hay una red enorme de emprendedores sociales. Más allá de ese desconocimiento, el segundo reto que enfrentan es la falta de apoyo en las etapas iniciales de sus emprendimientos. En Ashoka damos 10 becas por año, pero sabemos que harían falta muchas más.

Schwartz: Afortunadamente, ya ha quedado atrás la idea de que los emprendedores sociales estaban locos, como pensaba mucha gente. Gracias al trabajo de Ashoka y de otras instituciones, cada vez hay más personas que entienden y apoyan los beneficios para la sociedad de la labor que realizan. Pero el problema fundamental que aún persiste es la ausencia de financiamiento; es decir, el dinero para hacer crecer el emprendimiento. Porque los inversores no verán el retorno en dinero sino en bienes sociales, y solo uno muy inteligente o sofisticado se sentirá feliz de que eso ocurra.

Si uno de los desafíos más difíciles es lograr el equilibrio entre ganancias y bienes sociales, ¿cómo se lo encara?

Schwartz: Mucha gente piensa que un emprendedor social debe crear una organización sin fines de lucro, pero lo cierto es que ya existe la figura de “empresa social”, que es un híbrido entre una entidad sin fines de lucro y una compañía convencional. La empresa social apunta a lograr un ingreso sostenido de dinero, pero no destina las ganancias a pagos de dividendos sino a hacer crecer el proyecto. El mundo está cambiando rápidamente, y creo que cada vez habrá más mecanismos de financiación creativos que tengan como propósito primario un beneficio social. La rentabilidad llegará por añadidura.

BEVERLY

¿Cómo es la relación entre Ashoka y los emprendedores sociales?

Laborde: En Ashoka identificamos a individuos con proyectos de alto impacto potencial, y los invitamos a ser parte de la red. La fundación les da una beca por tres años para que puedan continuar con sus iniciativas. En realidad, es un voto de confianza. Lo único que les pedimos es que sigan trabajando en sus proyectos. Además, Ashoka les brinda un espacio de encuentro, les otorga visibilidad, y cuando tienen problemas los conecta con otros miembros de la red o con instituciones que puedan ayudar a solucionarlos. En resumen, nuestra tarea consiste en agregar valor a la red social.

¿Quiénes han sido los emprendedores sociales que han generado mayor impacto en los últimos años?

Laborde: El primero que me viene a la mente es Muhammad Yunus, conocido por su impulso a las microfinanzas con el Grameen, y mucho más después de haber recibido el Premio Nobel de la Paz. En 2014, la fórmula se repitió: fue galardonado el emprendedor social de la red de Ashoka Kailash Satyarthi, por su lucha contra el trabajo infantil, que compartió el premio con Malala Yousafzai, de Pakistán. Son dos referentes que nos van a ayudar a posicionar el concepto de emprendimiento social. Y si pienso en México, me encanta el proyecto Renace, de Ernesto Canales, uno de los precursores en mejorar el sistema de impartir justicia, que en nuestro país es muy ineficaz. Otra figura reconocida es Paty Ruiz, líder del movimiento conservacionista. Además de haber logrado que se decretara la Constitución de la Reserva de la Sierra Gorda, en el estado de Querétaro, con su esposo han trabajado en proyectos educativos y productivos vinculados con la comunidad de la zona.

Schwartz: De los Estados Unidos rescato el caso de Paul Rice, presidente y CEO de Fair Trade USA. Su labor como emprendedor social ayudó a que más de 1 millón de agricultores recibieran un precio justo por sus cultivos y compitieran en el mercado global a través de contratos directos y de largo plazo con compradores internacionales. Los productos son un poco más caros, pero es sorprendente ver que la gente está dispuesta a gastar más dinero si sabe que será usado con propósitos sociales.

¿Cuáles son las mejores prácticas en el entrepreneurship social?

Laborde: Cuando tengo la oportunidad de hablar con jóvenes y me hacen esa pregunta, lo primero que les digo es que no hay que definir nuestro trabajo en función de lo que hacemos sino de lo que queremos resolver. Es decir, poner el foco en el problema. Y plantearse: ¿qué es lo que no está funcionando? ¿Cuáles son las causas y los efectos? ¿Por qué y cómo hay que intervenir en ese tema? Tienen que asegurarse de que sus acciones sean eficaces.

Schwartz: Los emprendedores sociales siempre deben tener en mente un propósito claro. Y con ese propósito llega la pasión: pasión por la idea, por la necesidad de cambio social, por cómo puedan ayudar a la humanidad.

¿Cómo ha evolucionado el rol de las grandes empresas en términos de contribuir al beneficio de la sociedad?

Laborde: Hay una corriente muy fuerte de empresas que están analizando su impacto social de manera novedosa. En el pasado se pensaba que era una tarea del Departamento de Responsabilidad Social. La empresa hacía su negocio, generaba utilidades y le daba un presupuesto al área de RSE para que encarara iniciativas, pero desvinculadas del negocio. Sin embargo, ha surgido un movimiento muy interesante en compañías que se plantean generar un impacto social en simultáneo con su actividad empresarial. En México, un ejemplo es el de la cadena de restaurantes Toks. Gustavo Pérez Berlanga, que tiene a su cargo en la empresa las cuestiones de responsabilidad social, recuerda que en sus inicios le ha tocado llevar un cheque de ayuda a una fundación de niños con cáncer o a otras organizaciones similares. Pero al acercarse a las comunidades y escuchar lo que decían, se dio cuenta de que no pedían ayuda sino otro tipo de vinculación. Fue entonces cuando se le ocurrió la idea de un programa para convertir a esas comunidades en proveedoras de la cadena de restaurantes. Hoy, sus mermeladas, su miel, la granola y otros productos provienen de comunidades marginales. Toks, en lugar de crear un programa aparte, lo integró a su cadena comercial. Otro caso es el de Danone, que para los envases de su marca de agua Bonafont necesita una materia prima: el PET reciclado. ¿De dónde viene el PET reciclado? De los sitios donde se arroja la basura. Por lo tanto, empezaron un proyecto para mejorar las condiciones de las personas que trabajan en los basurales, hacer negociaciones organizadas, y así regular el abastecimiento de un insumo que es vital para la empresa. Como éste, otros modelos demuestran que limitarse a maximizar utilidades es una visión de corto plazo, y que existen mecanismos alternativos, beneficiosos para la empresa y la sociedad.

Armando Laborde

¿Qué sectores tienen más potencial para la actividad de los emprendedores sociales?

Laborde: Todos, pero me gustaría verlos actuar en aquellos que están ligados a los servicios básicos —vivienda, agua, energía—, dado que son los que más urgencia requieren. Creo, además, que se está gestando en las instituciones educativas un movimiento para promover los emprendimientos sociales, y ya empezaron a surgir innumerables proyectos generados por jóvenes.

Beverly, usted se ha especializado en marketing social. A su juicio, ¿Cómo se encara una campaña de ese tipo para que logre los resultados deseados?

Schwartz: Cuando las empresas planifican sus campañas de marketing para que tengan un impacto social, por lo general apelan a lo que se denomina “responsabilidad social corporativa” (RSC). Pero creo que hay que dar un paso más, y ya lo estamos viendo en algunas: vinculan la RSC a su negocio de manera transparente y se asocian a determinada organización para reforzar su misión de ayudar a la comunidad. Más allá de sus productos o servicios, tienen en cuenta cómo hacer del mundo un lugar mejor.

Qué es Ashoka

Definida como “Innovadores para el Público”, Ashoka es una organización sin fines de lucro con sede en Arlington, Estados Unidos, cuya misión consiste en identificar y apoyar a los emprendedores sociales a través de un enfoque de inversión social, con el objetivo de elevar el sector ciudadano a un nivel competitivo similar al empresarial. Nacida hace tres décadas, actualmente opera en unos 70 países, respaldando el trabajo de más de 2.000 individuos que fueron elegidos como “Emprendedores Sociales de Ashoka”. Entre sus iniciativas se cuentan “Changemakers” (que patrocina concursos de colaboración destinados a desarrollar soluciones innovadoras a los problemas sociales); “Avancemos” (que invierte en equipos de jóvenes decididos a iniciar y dirigir sus propias empresas sociales, con presencia en los Estados Unidos, México, la Argentina, Brasil, India, Sudáfrica, Tailandia y Europa), y “Ciudadanía Económica para Todos”, un programa que tiene por objeto facilitar alianzas para el desarrollo de productos y canales de distribución en los sectores de bajos ingresos, con énfasis en la vivienda, la atención sanitaria, la agricultura y la energía.

El hombre que le dio vida a Ashoka es Bill Drayton,quien tras su paso por las universidades de Harvard, Yale y Oxford trabajó 10 años como consultor en McKinsey. Durante el gobierno del presidente James Carter fue asistente del Administrador de la Agencia de Protección Ambiental, donde lanzó, entre otras reformas, el comercio de derechos de emisión, una herramienta utilizada para el control de emisiones de gases de efecto invernadero. Pero, como desde muy joven se había interesado en el movimiento por los derechos sociales, en 1981 decidió fundar Ashoka. Y desde entonces no ha descansado. En 2011 recibió el Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional, y la revista US News & World Report lo distinguió como uno de los 25 líderes más importantes de los Estados Unidos.

Fuente: WOBI Content. Mucho más que enseñar a pescar. WOBI. Febrero – Marzo 2015. n° 1, volumen 15, p. 72 – 76.

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