Por Ibette Sosa, Gerente Ambiental Corporativo en Holcim México
La sustentabilidad dejó de ser una buena intención para convertirse en un requisito indispensable, y de hecho urgente, para fomentar la competitividad y la transparencia proactiva de cualquier industria, en beneficio del planeta.
Las Declaraciones Ambientales de Producto (EPD, por sus siglas en inglés) se están convirtiendo en una herramienta clave en el sector de la construcción al ofrecer información verificable y estandarizada sobre los impactos ambientales de los materiales, contribuyendo así a impulsar decisiones más sostenibles en proyectos y cadenas de suministro.
Las EPD sirven para transparentar, con rigor técnico y validación independiente de terceros, los impactos ambientales de los materiales clave que hacen posible cualquier construcción, sea pública o privada: el cemento, el concreto e incluso el acero.
Este etiquetado aplicado a la construcción representa un cambio de paradigma en una industria que, por los múltiples orígenes de sus materias primas, ha operado durante años sin tener la trazabilidad completa de las cadenas de suministro.
La comparación entre una EPD y una etiqueta nutricional no es casual, ya que ambas permiten al consumidor tomar decisiones informadas. La diferencia radica en que las EPD se sustentan en la norma ISO 14025 y su credibilidad reside en la verificación independiente de factores como Potencial de calentamiento, Acidificación, Eutrofización, Toxicidad, Formación de Ozono fotoquímico, Agotamiento de la capa de ozono y Agotamiento de recursos abióticos.
El tema no es menor si tomamos en cuenta que el concreto es el segundo material más consumido del mundo, después del agua, según datos de Science Direct. Es decir, este etiquetado hace posible trazar todo el ciclo de vida de un material que nos rodea por todos lados.
Su presencia masiva en viviendas, infraestructura pública y privada, edificaciones y un sinfín de obras obliga a establecer estándares que desarrollen un análisis de ciclo de vida y la revisión de los impactos ambientales asociados a su producción.

Hoy, las EPD son una de las herramientas más confiables y estandarizadas para documentar y comunicar el desempeño ambiental de los materiales de construcción, especialmente en términos de huella de carbono. Si bien no son suficientes por sí solas para lograr la transición hacia una construcción baja en carbono, sí son un componente esencial para medir avances, comparar opciones y tomar decisiones informadas dentro de la cadena de valor.
A nivel global, la construcción aporta 37% de las emisiones de CO₂ (operación + materiales). En México, la tendencia es similar y creciente por urbanización. Sin EPD no es posible medir la parte “materiales” con precisión, que es hasta el 10–15% de las emisiones nacionales.
En 2024, México ocupó el 6.º lugar a nivel mundial en la lista de “Top 10 países/regiones para LEED”, con alrededor de 2.269.920 metros cuadrados certificados repartidos en 104 proyectos, México fue el país latinoamericano con más espacio certificado LEED, superando a otros países de la región . Pero esto es solo el principio. Las EPD aportan datos verificados y comparables que estos sistemas necesitan para evaluar el impacto ambiental de los materiales
La urgencia de avanzar en esquemas de etiquetado ambiental en la industria de la construcción —y en otros sectores— no responde solo a una lógica de mercado, sino a la necesidad de actuar con verdadera congruencia frente a la sustentabilidad. Las EPD son hoy una herramienta indispensable para transparentar impactos y generar la información verificada que el país requiere para cumplir sus metas ambientales y acelerar la transición hacia una economía baja en carbono.
El mercado inmobiliario comienza a demandarlas de manera creciente, sobre todo en proyectos de gran escala que buscan ser sostenibles. Pero el verdadero desafío es masificar la adopción del etiquetado en la construcción.
Para avanzar con rigor hacia la circularidad, la Ley General de Economía Circular y su regulación secundaria deberían habilitar y promover el uso de información ambiental verificable —como la que aportan las EPD— en los materiales de construcción. Incluir estos mecanismos dentro del marco normativo permitiría que México pase de las declaraciones voluntarias a un compromiso real y medible con la sustentabilidad que hoy exige el mundo.











