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¿Crecimiento para quién? ONU critica modelo económico que beneficia a los ultra ricos

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El debate sobre el crecimiento económico ha cambiado de tono. Lo que durante décadas se presentó como una fórmula incuestionable de progreso hoy enfrenta críticas cada vez más contundentes desde organismos internacionales, académicos y sociedad civil. La pregunta ya no es cuánto crece una economía, sino a quién beneficia realmente ese crecimiento y qué costos sociales y ambientales implica.

En ese contexto, la ONU ha encendido una alerta sobre el modelo económico que beneficia a los ultra ricos, señalando que la estructura actual prioriza ganancias y consumo de élites globales mientras millones de personas siguen atrapadas en la pobreza. La discusión no es ideológica, sino estructural: ¿puede sostenerse un sistema que genera riqueza récord y, al mismo tiempo, profundiza desigualdades y crisis ecológicas?

El modelo económico que beneficia a los ultra ricos bajo la lupa de la ONU

Según un artículo de The Guardian, el señalamiento proviene de Olivier De Schutter, relator especial de la ONU sobre pobreza extrema y derechos humanos, quien ha sido enfático: la economía global debe reorganizarse para servir a la mayoría y no a las “demandas frívolas y destructivas” de las élites más acaudaladas.

De Schutter advierte que los gobiernos han priorizado un crecimiento “social y ecológicamente destructivo”, orientado a maximizar utilidades corporativas y satisfacer patrones de consumo de alto impacto ambiental. El problema, explica, no es el crecimiento en sí mismo, sino su diseño y sus incentivos.

Cuando los recursos limitados se destinan a mansiones en lugar de vivienda social, o a vehículos de lujo en vez de transporte público masivo, el sistema se vuelve ineficiente e incapaz de garantizar derechos básicos. Esa lógica, sostiene, es la que sostiene el actual modelo económico que beneficia a los ultra ricos.

Más allá del PIB: repensar el éxito económico

Una de las iniciativas más relevantes en curso es el impulso para reemplazar el PIB como principal indicador de éxito económico. El secretario general de la ONU, António Guterres, ha promovido la necesidad de métricas que integren bienestar, sostenibilidad y reducción de desigualdad.

En paralelo, un panel del G20 sobre desigualdad global es encabezado por el economista Joseph Stiglitz, quien desde hace años cuestiona la obsesión por el crecimiento indiscriminado. Ambos esfuerzos coinciden en que medir solo producción ignora impactos sociales y ambientales.

Romper el “tabú” de cuestionar el crecimiento como fin en sí mismo podría redefinir la agenda post-2030. Para quienes trabajan en responsabilidad social y sostenibilidad, esta conversación no es nueva, pero sí adquiere un nuevo peso político.

Hoja de ruta contra la pobreza: alternativas concretas

En abril, De Schutter presentará su hoja de ruta para erradicar la pobreza “más allá del crecimiento”. El documento surge de una coalición informal integrada por agencias de la ONU, academia, sindicatos y sociedad civil.

Entre las propuestas destacan una renta básica universal, garantías de empleo, condonación de deuda y un impuesto a la riqueza extrema. La lógica es clara: priorizar necesidades básicas y creación de valor social por encima del consumo suntuario.

Para países desarrollados, el financiamiento de servicios públicos podría provenir de gravar riqueza, activos financieros, bienes inmuebles y actividades altamente contaminantes, en lugar de depender de una expansión económica permanente.

Países en desarrollo: atrapados en el modelo económico que beneficia a los ultra ricos

Desde 2020, De Schutter ha visitado decenas de países de ingresos bajos y medios. Su diagnóstico es contundente: muchos están atrapados en un esquema que los obliga a crecer para pagar deuda externa, exportando materias primas o productos de bajo valor agregado. Esto implica producir para grandes compradores en cadenas globales de suministro, no para satisfacer necesidades locales ni respetar límites ecológicos. El resultado suele ser degradación ambiental, salarios bajos y escasa prosperidad compartida.

En otras palabras, el modelo económico que beneficia a los ultra ricos también condiciona a economías enteras a priorizar mercados del norte global sobre el bienestar interno, profundizando dependencias estructurales.

Un organismo permanente contra la desigualdad

Como parte de su propuesta, De Schutter plantea crear un organismo permanente de la ONU dedicado a supervisar la lucha contra la desigualdad, con un funcionamiento similar al del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático.

La idea es no solo recopilar evidencia, sino evaluar herramientas de política pública que permitan reducir la dependencia del crecimiento y avanzar hacia economías redistributivas y sostenibles “por diseño”.

Este enfoque busca evitar el patrón actual: crecer de manera destructiva y luego intentar compensar los daños con programas sociales o políticas ambientales correctivas.

Transición planificada, no recesión improvisada

Un punto clave del debate es distinguir entre una recesión no planificada y una transición deliberada. De Schutter subraya que no se trata de promover estancamiento, sino de redirigir prioridades con control democrático y planificación estratégica.

La diferencia es fundamental para el sector empresarial y para quienes lideran estrategias ESG. No es una invitación al colapso económico, sino a rediseñar incentivos, impuestos y métricas de éxito.

El desafío radica en construir consensos políticos amplios antes de que el descontento social sea capitalizado por movimientos populistas que ofrecen respuestas simplistas a problemas complejos.

Redefinir prosperidad en tiempos de límites planetarios

La crítica al modelo económico que beneficia a los ultra ricos no es un ataque al mercado, sino una invitación a repensar su propósito. En un mundo con límites planetarios evidentes y desigualdades crecientes, insistir en un crecimiento ciego puede resultar no solo injusto, sino inviable.

La oportunidad está en construir una agenda post-2030 que concilie justicia social, sostenibilidad ambiental y viabilidad económica. Si esa transición no se logra con liderazgo y visión de largo plazo, el vacío será ocupado por discursos que prometen soluciones rápidas, pero profundizan fracturas. La pregunta sigue abierta: ¿crecimiento para quién?

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