Las empresas de hoy se deben concebir como ciudadanos responsables y buscar una imagen acorde con las exigencias del momento. Su legitimidad no se sustenta en la sola creación de la riqueza y en el cumplimiento de la ley. Anteriormente, una empresa sentía que su deber social era satisfactoriamente cubierto si generaba empleos y pagaba impuestos. Hoy, ese criterio ha quedado muy atrás de las necesidades que cualquier empresa debe atender, independientemente de su línea productiva.

El ser socialmente responsable ofrece varios beneficios a las empresas: incremento de ventas, dominio del mercado, retención y desarrollo de talento ejecutivo, mayor posicionamiento de marca y aumento de valor para inversionistas, entre otros.

Es aquí en donde se encuentra el tema central de la responsabilidad social empresarial.

Estas empresas están aportando mucho y supliendo una carencia que la vida moderna trae aparejada: la incapacidad de los gobiernos no sólo para atender, sino para entender la multiplicidad de nuevos fenómenos y necesidades del siglo XXI.

El Economista Opinion : – – P6 –

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