De acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el 41.7% de la fuerza laboral en México experimenta un desequilibrio entre la vida personal y laboral, una de las proporciones más altas a nivel global. Esta realidad no solo evidencia una cultura de trabajo intensivo en horas, sino también una problemática estructural que impacta directamente en el bienestar integral de los colaboradores, particularmente en aspectos como el descanso, el autocuidado y la salud mental.
Para las empresas, este escenario representa un riesgo que trasciende el ámbito operativo. El deterioro del balance vida-trabajo se ha convertido en un factor crítico dentro de los criterios ESG en las empresas, ya que influye en la productividad, la retención de talento y la sostenibilidad del modelo de negocio. Ignorar este desequilibrio no solo afecta a las personas, sino que también compromete el desempeño social y financiero de las organizaciones.
Jornadas laborales extensas: un riesgo social creciente para los criterios ESG en las empresas
Las jornadas laborales extensas ya son identificadas como el tercer mayor riesgo social para las empresas en México, solo por detrás de la generación de emisiones y residuos, según el informe Panorama ASG en México y Centroamérica de KPMG. El 36% de los ejecutivos en el país reconoce este riesgo, una cifra superior al promedio regional, lo que confirma que el impacto del tiempo de trabajo en el balance vida-trabajo es una preocupación creciente en la agenda corporativa, pues, como explica Olivia Segura, socia de Asesoría en Capital Humano y Gestión del Talento de KPMG en México, este factor de riesgo:
“Tiene que ver con esa consciencia social, el enfoque en el talento y el capital humano, en cómo nos sensibilizamos en temas que se han normalizado, como las jornadas laborales extensas”.
La especialista advierte que estas prácticas afectan la salud mental y el bienestar integral, aspectos que antes se pasaban por alto y hoy inciden directamente en la evaluación social de las compañías dentro de los criterios ESG en las empresas.

Desde una perspectiva empresarial, las consecuencias son claras: mayor rotación, ausentismo, desgaste del talento y afectaciones a la reputación corporativa. En términos de salud, la reducción del tiempo disponible para dormir y realizar actividades personales incrementa el riesgo de estrés crónico, enfermedades cardiovasculares y trastornos emocionales, lo que termina reflejándose en costos operativos y financieros.
Seguridad y salud: prioridad estratégica en la agenda ESG
Ante este contexto, no resulta sorprendente que para el 40% de las organizaciones en México la seguridad y salud de los colaboradores sea el aspecto estratégico más relevante dentro de su agenda ASG, solo por detrás de la sostenibilidad de la cadena de suministro, de acuerdo con KPMG. Esta prioridad confirma que el bienestar laboral se ha convertido en un eje central de los criterios ESG en las empresas, particularmente en el componente social.
“Si el exceso de carga de trabajo hoy detona rotación, ya se le está pegando al componente social y hay que asumir que ese porcentaje baja la valuación de la empresa”, advierte Olivia Segura. La gestión del balance vida-trabajo, explica, es un indicador medible que impacta directamente en los estados financieros y en la percepción de valor de la organización.
Expertos coinciden en que cuidar este equilibrio genera beneficios tangibles: mayor productividad, reducción del ausentismo, mejora del clima laboral y fortalecimiento del compromiso del talento. Datos de la Fundación MásFamilia indican que las empresas que apuestan por la conciliación vida laboral–personal logran incrementos de productividad de entre 31% y 40%, además de reducir el ausentismo hasta en un 51%. Estos resultados refuerzan la idea de que el bienestar no es un costo, sino una inversión estratégica alineada con los criterios ESG en las empresas.

Reforma laboral de 40 horas: una oportunidad para reforzar el balance vida-trabajo
La discusión sobre la reducción de la jornada laboral a 40 horas semanales en México reafirma la urgencia de replantear la gestión del tiempo de trabajo. El proyecto impulsado por la presidenta Claudia Sheinbaum propone una disminución gradual a partir de 2027, hasta alcanzar el nuevo límite en 2030, lo que obligará a las empresas a revisar procesos, cargas de trabajo y modelos de eficiencia.
Este contexto, dar prioridad al balance vida-trabajo será un elemento clave para una correcta implementación de la reforma. “No es una agenda exclusiva de Recursos Humanos, es una planeación en conjunto”, subraya Olivia Segura, quien enfatiza la necesidad de comprender las dinámicas operativas y eliminar actividades redundantes que hoy justifican jornadas extensas. Avanzar en esta dirección permitirá no solo cumplir con la normativa, sino fortalecer los criterios ESG en las empresas desde una cultura organizacional centrada en el talento.

Bienestar laboral como ventaja competitiva sostenible
La evidencia es clara: más horas laboradas no se traducen en mayor productividad ni en mejores resultados empresariales. Por el contrario, el desequilibrio entre trabajo y vida personal se ha consolidado como un riesgo social que impacta la salud de los colaboradores y la sostenibilidad de las organizaciones, convirtiéndose en un factor crítico dentro de los criterios ESG en las empresas.
En un entorno donde la agenda ESG gana peso en la toma de decisiones, apostar por jornadas laborales razonables y por el bienestar integral del talento no solo responde a una responsabilidad social, sino a una estrategia de negocio inteligente. Reducir las horas, mejorar la planeación y priorizar la salud laboral será clave para construir empresas más productivas, resilientes y alineadas con las expectativas del mercado y la sociedad.







