La violencia armada y la creciente tensión entre autoridades federales y gobiernos locales en Estados Unidos han vuelto a encender las alarmas, esta vez en Minneapolis. El asesinato de Alex Pretti, un ciudadano de 37 años abatido por agentes federales, detonó una nueva ola de protestas y evidenció un clima de confrontación que va más allá de un hecho aislado.
En este contexto, más de 60 líderes empresariales decidieron romper el silencio. A través de una carta abierta impulsada por la Cámara de Comercio de Minnesota, empresas piden calma tras tiroteo en Minneapolis, sumándose a un llamado urgente para desescalar las tensiones, evitar más violencia y abrir espacios de diálogo. El pronunciamiento marca un punto relevante en el papel que el sector privado está asumiendo frente a una crisis social y política cada vez más profunda.
Empresas piden calma tras tiroteo en Minneapolis: un llamado inusual del sector privado
Los directores generales de más de 60 compañías con sede en Minnesota firmaron la carta abierta, entre ellos los CEO de Target, Clínica Mayo, Ameriprise Financial, U.S. Bancorp, Best Buy, 3M y Ecolab. A este posicionamiento se sumaron organizaciones deportivas profesionales como los Minnesota Vikings, Twins, Timberwolves y Lynx, ampliando el mensaje más allá del ámbito corporativo.
El texto, difundido el domingo, pide explícitamente una “desescalada de tensiones” entre las fuerzas del orden federales y las autoridades locales. Que empresas piden calma tras tiroteo en Minneapolis no es un gesto menor en un país donde el sector privado suele evitar confrontar directamente a las políticas federales, especialmente en temas de seguridad y migración.
La Cámara de Comercio informó que mantiene contacto tanto con el gobernador Tim Walz como con alcaldes locales, además de las oficinas del presidente Donald Trump y el vicepresidente JD Vance. El mensaje central es claro: “hay formas de unirnos para fomentar el progreso”, una frase que busca abrir la puerta al diálogo en medio de un ambiente altamente polarizado.
El impacto económico de la crisis también es evidente. Cientos de negocios en Minneapolis cerraron sus puertas mientras los manifestantes salían a las calles, muchos de ellos expresando públicamente su simpatía con las protestas. La parálisis comercial refuerza la preocupación empresarial ante un conflicto que amenaza con desbordarse.

Violencia, represión y un contexto que se agrava en Estados Unidos
El asesinato de Alex Pretti no fue un hecho aislado. Se trata del segundo ciudadano estadounidense abatido por fuerzas federales en Minneapolis desde que comenzó una amplia operación de control migratorio en las Twin Cities, calificada por el propio Departamento de Seguridad Nacional como la mayor hasta la fecha. A principios de enero, Renee Good, madre de 37 años, también murió a manos de agentes federales, provocando protestas masivas.
Estos episodios se insertan en un contexto nacional marcado por denuncias de brutalidad policial, represión de protestas y un uso cada vez más agresivo de fuerzas federales en ciudades gobernadas por autoridades locales de signo político distinto al federal. Para muchos analistas, se trata de una estrategia que profundiza la confrontación social en lugar de resolver los problemas de fondo.
El gobernador Tim Walz y el alcalde de Minneapolis, Jacob Frey, han señalado directamente al despliegue federal como responsable del deterioro de la seguridad. Frey pidió públicamente al presidente Trump que “actuara como un líder” y pusiera fin a la operación, afirmando que solo así la ciudad podría recuperar la paz.
Incluso desde las propias fuerzas del orden locales han surgido advertencias. El jefe de policía de Minneapolis, Brian O’Hara, calificó la situación como “no sostenible” y reconoció que su departamento está saturado, anticipando que la violencia podría repetirse si no se actúa de manera coordinada.

El papel de las empresas frente a la crisis y la responsabilidad del Estado
Que empresas piden calma tras tiroteo en Minneapolis refleja un cambio relevante en el rol del sector privado frente a la violencia y la erosión de derechos civiles. En un entorno donde el silencio corporativo ha sido históricamente la norma, este pronunciamiento coloca a las compañías como actores sociales con responsabilidad más allá de sus resultados financieros.
El llamado no solo busca proteger operaciones y cadenas de suministro. También evidencia una preocupación por el bienestar de las comunidades donde operan, el respeto a los derechos humanos y la estabilidad social necesaria para cualquier economía funcional.
Sin embargo, el mensaje empresarial también expone una tensión clave: la necesidad de que el gobierno federal escuche. Mientras el presidente Trump ha acusado a líderes locales de “incitar a la insurrección”, la realidad en el terreno muestra ciudades paralizadas, comunidades polarizadas y una creciente desconfianza institucional.
Para un país que busca proyectarse como “grande otra vez”, ignorar estas señales implica un riesgo mayúsculo. Sin paz social, sin respeto a los derechos civiles y sin coordinación entre niveles de gobierno, no hay crecimiento económico sostenible ni clima favorable para la inversión.
Cuando el silencio ya no es opción
El pronunciamiento de Target, Best Buy, 3M y decenas de empresas más marca un precedente en el debate público estadounidense. En un momento en el que hasta las empresas piden calma tras tiroteo en Minneapolis, se hace evidente que la violencia y la represión han alcanzado un punto crítico que incluso el sector privado considera inaceptable.
Este llamado no sustituye la responsabilidad del Estado, pero sí la subraya. La desescalada, el diálogo y el respeto a los derechos humanos no pueden depender solo de cartas abiertas; requieren decisiones políticas claras y un liderazgo dispuesto a priorizar la paz sobre la confrontación.
Para quienes analizan estos hechos desde la responsabilidad social, el mensaje es contundente: cuando la violencia amenaza la cohesión social y la estabilidad económica, callar deja de ser una opción. El reto ahora es que el gobierno de Estados Unidos escuche y actúe antes de que la crisis se profundice aún más.








