Hoy, 19 de enero de 2026, la moda despide a Valentino Garavani, una figura cuya influencia definió el lujo del siglo XX. Con su fallecimiento en Roma a los 93 años, se cierra un capítulo fundamental de la alta costura. Sin embargo, evaluar su legado requiere una mirada que vaya más allá del icónico “Rojo Valentino”. La historia de su firma es la de una evolución compleja: desde una visión del lujo tradicional y, a veces, desconectada de las preocupaciones sociales, hasta una transformación hacia la responsabilidad corporativa contemporánea.
Filantropía: El compromiso humano frente a la opulencia
Es innegable que Valentino utilizó su plataforma para generar un impacto social positivo, especialmente en sus últimas décadas. La creación de la Fondazione Valentino Garavani y Giancarlo Giammetti en 2016 marcó un punto de inflexión profesional en su labor humanitaria. A diferencia de otros actos de caridad esporádicos en la industria, la fundación se enfocó en proyectos de infraestructura sanitaria con resultados tangibles.
El pabellón para niños y familias en el Hospital Bambin Gesù de Roma permanece como uno de sus mayores logros, humanizando la experiencia hospitalaria a través del diseño. Asimismo, su respuesta ante crisis globales —como la donación de equipo médico al Policlinico Gemelli durante la pandemia de COVID-19 y el apoyo a las campañas de vacunación de UNICEF— demostró una voluntad de servicio que trascendió la estética.
Sombras en el camino: Críticas y contradicciones
No obstante, el camino hacia este “legado responsable” no estuvo libre de tropiezos que mancharon la imagen de la casa. Durante gran parte de su apogeo, Valentino representó un tipo de lujo que hoy es cuestionado.
Ética Animal y Ambiental: Por décadas, la piel de animal fue un elemento central en sus colecciones. La marca tardó años en alinearse con las demandas éticas modernas, siendo blanco de críticas por parte de organizaciones como Greenpeace. En sus primeros informes de sostenibilidad, la firma fue señalada por la falta de transparencia en su cadena de suministro y su impacto en la deforestación, una realidad que la marca solo comenzó a corregir seriamente tras el retiro del fundador de la dirección creativa.
Responsabilidad Fiscal y Social: Al igual que otros magnates de la moda italiana, Garavani y su entorno enfrentaron el escrutinio de las autoridades por presunta evasión fiscal. Estos episodios generaron una desconexión entre la imagen de perfección que proyectaba la marca y sus obligaciones como ciudadanos corporativos.
Controversias de Representación: La marca también enfrentó juicios éticos por su participación en contextos editoriales cuestionables, como el uso de modelos infantiles en estéticas adultas, lo que provocó debates sobre la responsabilidad de las casas de lujo en la protección de la infancia dentro de la industria de la moda.
La metamorfosis: Hacia un modelo de sostenibilidad
En años recientes, la Maison Valentino ha trabajado arduamente para reformular su propósito. El abandono definitivo de las pieles (fur-free) y la integración de materiales reciclados en líneas como la Rockstud Untitled reflejan una marca que, si bien nació en una era de consumo desenfrenado, ha intentado adaptarse a los límites planetarios.
Hoy, la estrategia de sostenibilidad de la marca se articula bajo el lema “Let the Beauty Prosper”. A través de este marco, la empresa busca profesionalizar su ética laboral, garantizando la preservación de la artesanía italiana bajo estándares modernos de inclusión y equidad, y optimizando sus procesos industriales para reducir la huella de carbono.

Un legado en construcción
Valentino Garavani deja un imperio que aprendió a evolucionar. Su legado no es una línea recta de virtudes, sino un testimonio de cómo el lujo ha tenido que reconciliarse con su responsabilidad social.
Se le recordará como el diseñador que vistió a las mujeres más poderosas del mundo con una elegancia impecable, pero también como el hombre que entendió, aunque fuera de forma tardía, que la belleza no puede ser ajena a la ética. El “legado responsable” de Valentino es, en última instancia, un recordatorio de que incluso los imperios más tradicionales deben rendir cuentas ante el mundo que los sostiene. Hoy la moda no solo pierde a un creador de vestidos, sino a un símbolo de la transición de una industria que todavía lucha por ser tan íntegra como hermosa.







