Por: Anatonio Tamayo Ney

Recientemente tuve conocimiento de la creación de un nuevo tipo de organizaciones, las llamadas en español empresas de beneficios (B Corporations en inglés), las cuales permiten a los inversionistas y hombres de negocios resolver los problemas sociales a través de la misma empresa.

Esta sociedad legalmente creada, está obligada a:
1) tener un objeto social para crear un impacto significativo positivo en la sociedad y el medio ambiente.
2) ampliar el deber fiduciario para exigir la consideración de los intereses de los trabajadores, la comunidad y el medio ambiente.
3) publicar un informe anual sobre su desempeño social y ambiental utilizando un estandar completo y creíble, realizado por una tercera parte independiente y transparente.

Su existencia que por ahora es reconocida legalmente por unos cuantos estados de la Unión Americana, viene a resultar tal vez filosóficamente hablando, una “vuelta de tuerca”, a como debieron hacer sido vistas y creadas las primeras empresas en su concepción social, allá a mediados del siglo XVIII.

Si bien la Revolución Industrial que se iniciara en el siglo antes mencionado, es reconocida, recordada e inclusive venerada por la tremenda revolución tecnológica que se manifestó y que sigue siendo en alguna forma vigente hasta ahora en el actual segundo milenio; se manifestó en sus comienzos cuando estaba en su pleno auge el mercantilismo, además de un individualismo a ultranza. Estas corrientes de pensamiento permitieron y provocaron la búsqueda de la ganancia basada tanto en la avaricia y codicia en forma individual, sin considerar su influencia ni su eventual repartición de la riqueza obtenida en la sociedad en general, ni mucho menos en su impacto ambiental, posiblemente pensando que el medio ambiente es un “regalo de Dios” a su “máxima creación”, el ser humano como individuo.

Dichas mentalidades se extendieron, profundizaron y especializaron a lo largo de los siglos XIX y XX; llegándose a pensar que eran normales, incluso sabias, y que simplemente eran producto de la propia evolución tanto social como económica.

De ellas posiblemente surgieron la filantropía y el altruismo empresarial, “nobles actitudes” de aquellos individuos que habiendo obtenido considerables ganancias “Gracias” a su avaricia y su codicia, “comparten o regalan”, una “partecita” de su ganancia, sin pensar que su riqueza fue obtenida tanto por el trabajo y esfuerzo del personal de su empresa, y por la compra que hizo la sociedad (llamada ahora genéricamente mercado), de los productos o servicios en ella elaborados.

En otras palabras, por muy sabio que fuera el empresario como emprendedor en la realización de algún negocio, este último no podría darse sin la concurrencia de personas, ya sea como empleados y trabajadores y por supuesto de los consumidores, eslabón final de la cadena en la obtención las ganancias pretendidas.

Dicho empresario pensaba en un negocio buscando solamente en las utilidades para él y para sus socios accionistas, dejando a la sociedad y a la naturaleza, proveedora esta última de las materias primas, como insumos para la generación de la riqueza pretendida.

Con la creación de estas nuevas organizaciones llamadas empresas de beneficios (B Corporations), tal vez estemos en el umbral de una nueva era, en las que las “B Corporations”, son la materialización de una mentalidad empresarial que tiene una real y verdadera responsabilidad social en el más amplio sentido del término, con una conciencia sustentable.

Pecando de irónico, suena demasiado bien e inclusive algo utópico, pensar en la creación de empresas que buscan tener un impacto positivo en la sociedad y pretender resolver los problemas sociales, y utilizar las ganancias como un medio para ese fin de lograr ese impacto positivo.

Y dicha idea que parece utópica, ya está autorizada y legislada en California, Nueva Jersey, Virginia y Hawai, Vermont y Maryland, Michigan, Pensilvania, Carolina del Norte, Illinois y el Distrito de Columbia, del 2010 a la fecha.

Este nuevo modelo, fue propuesto originalmente por el American Sustainable Business Council y B Lab. Más información al detalle se encuentra en: http://www.benefitcorp.net/

Con todo lo dicho hasta ahora, es posible repito, que nos encontremos entrando en una nueva era.

Seguiremos platicando …

Blog: http://atamayon.blogspot.com



Antonio Rey Tamayo Neyra

Dedicado al periodismo de investigación desde 1987 especializado en temas socioeconómicos. Desde 1991 colabora en el periódico El Financiero como Coordinador Editorial y Redactor de Proyectos Especiales, además de colaborar en otros medios. Desde el 2002 involucrado en la Responsabilidad Social, escribiendo y realizando proyectos editoriales de este tema, y además documentando las actividades de las empresas (tipo caso)

También es profesor de posgrado e imparte capacitación en relacionales laborales.

Licenciado en Administración por el Instituto Tecnológico Autónomo de México; su preparación profesional posterior incluye un Diplomado en Responsabilidad Social en el Tecnológico de Monterrey, y un Curso del mismo tema en la Universidad Abierta de Cataluña. Actualmente estudia la Maestría en Sociedad de la Información y el Conocimiento en la Universidad Abierta de Cataluña.

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