RSE

La RSE y M. L. King: ilusión, gestión, sueño

Esta es una de las grandes paradojas de la RSE: sin especialistas no avanza, pero tampoco avanza si se reduce a una cuestión de especialistas.

Hace tiempo que una idea me da vueltas por la cabeza: deberíamos ser capaces de contestar, en serio y a fondo, una pregunta que a veces me hago. ¿Por qué M. L. King dijo “tengo un sueño” y no dijo “tengo un plan estratégico a cinco años”?

Esta pregunta se reactivó una vez más mientras escuchaba la excelente intervención de Josu Jon Imaz en el marco de la Cátedra LiderazgoS y Gobernanza Democrática. La conferencia tenía por título Liderazgo político y liderazgo empresarial. En un momento determinado, Imaz insistió con gran énfasis en que la gente no necesita solo gestión. Necesita también un sueño.

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Como la conferencia es accesible, aprovecho el comentario de Imaz para volver a mi pregunta inicial. Y me arriesgo a afirmar que la RSE en los últimos años ha consistido en ilusión, gestión y sueño. Por este orden. Dejo de lado todo lo que la RSE ha tenido de reactivo, coyuntural, acomodaticio u oportunismo. Estas orientaciones solo me interesan analíticamente y descriptivamente, pero en absoluto por si mismas.

Ilusión. Creo que la RSE ha tenido y tiene en sus inicios un fuerte componente de ilusión. Los críticos y escépticos dirán que ilusión, sí, pero en el sentido de engaño, de fantasía que distorsiona la realidad. Pues no. Ilusión en el sentido de querer hacer las cosas mejor. En el sentido de querer avanzar hacia la excelencia. En el sentido de llevar a cabo iniciativas positivas, valiosas y viables. En el sentido de que es posible innovar, no ir por los caminos de siempre y ser eficiente y rentable. En el sentido de que no hay un único modelo de empresa y, más aún, en el sentido de que no hay una única manera de entender el éxito empresarial.

Pero también –y cada vez más- gestión. La RSE no consiste en que la empresa, además de su actividad empresarial, haga un poquito de ONG; ni consiste en que ocupe parte del terreno que es responsabilidad de los poderes públicos (aunque hay gente que desearía que hiciera ambas cosas). Alimentar la confusión, y esperar que la empresa se parezca a una ONG o a una administración pública no tan solo no es RSE: es, lisa y llanamente, una irresponsabilidad. La RSE consiste en que la empresa sea plenamente empresa… pero sabiendo que tipo de empresa quiere ser, y sabiendo que está librando una batalla (ideológica y pragmática a la vez) en pro de una cierta idea de empresa. Por eso la pregunta por la responsabilidad es tan concreta, porque su punto de partida es: ¿con quien me relaciono día a día y cuales son los valores y criterios que guían esta relación? La RSE se verifica en la gestión y, por consiguiente, hablar de RSE es necesariamente hablar también del negocio, de indicadores, de resultados, de estrategia y de estilos de liderazgo.

Ahora bien, creo que cada vez más la RSE se referirá también a tener un sueño. Cierto: la RSE ha de ser gestión y se verifica en la gestión. Y, si en algo debe innovar (y está innovando) el desarrollo de la RSE es en la creación de modelos e instrumentos de gestión. Pero la RSE no puede enclaustrarse en el placer profesional de la gestión, porque no es un reto solo para especialistas. Esta es una de las grandes paradojas de la RSE: sin especialistas no avanza, pero tampoco avanza si se reduce a una cuestión de especialistas. Más allá de las ilusiones y de la gestión, la RSE se alimenta de sueños: podemos aspirar a más y podemos ser mejores. La RSE solo es posible si moviliza las energías empresariales, si es una manera de canalizar la respuesta a la pregunta: ¿para qué tipo de empresa y para qué tipo de sociedad vale la pena trabajar?

Lo dicho: ¿por qué M. L. King dijo tengo un sueño, y no dijo tengo un plan estratégico a cinco años?

En parte, la respuesta ya la dio A. de Saint-Exupery: si quieres construir un barco, evoca primero en los hombres el anhelo del mar libre y grande.

Fuente: Diario Responsable
País: España

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