Más de 300 atenienses acuden a la organización benéfica Cáritas cada día para recibir una comida caliente gratuita.

Emprendedor vía Shutterstock

Según los datos publicados la semana pasada por la Autoridad de Estadísticas de Grecia, más de 2.5 millones de griegos, casi un cuarto de la población, se encuentra al borde de la pobreza.

Más de cuatro años después del estallido de la crisis económica en Grecia y de la aplicación de las primeras medidas de austeridad, aún se palpa en las calles de Atenas la sensación de que la gente continúa pasando apuros para llegar a fin de mes.

Se acerca la hora del almuerzo en el populoso barrio que rodea la plaza Omonia y unas 300 personas ya están en la fila de la oficina de Cáritas en Atenas para recibir la comida caliente gratuita que cada día ofrece esta organización benéfica católica. Uno de los trabajadores de Cáritas les pide que esperen dentro del edificio, amontonándose en las escaleras y pasillos, por temor a las agresiones racistas de los miembros Amanecer Dorado, el partido de la extrema derecha griega.

Aunque la inmensa mayoría son inmigrantes de Oriente Medio, Asia y África, Cáritas dice que está aumentando el número de griegos desesperados por llevarse algo de comida a la boca.

El menú ofrece hoy el habitual arroz y verduras hervidas, pero incluye como sorpresa pasteles recién horneados de la panadería francesa Paul, con un éxito evidente.

Alexander Theodoridis sonríe satisfecho. Si no fuera por la ONG Boroume (“podemos” en griego), de la cual es cofundador, estos cientos de pastelillos acabarían en la basura.

“Sólo somos una plataforma de conexión” explica Theodoridis a Equal Times. “Simplemente conectamos a quienes pueden ofrecer alimentos con quienes los necesitan”.

Desde que comenzó la colaboración entre Boroume y Cáritas a principios de 2014, se han añadido 24,000 “equivalentes de comidas” tomando como regla general 700 calorías por comida que se ofrecen a inmigrantes y familias griegas hambrientas.
“Ofrecemos más productos que antes de que comenzara la crisis” afirma Aglaia Konstantakopoulou, una de las trabajadoras sociales de Cáritas. “No sólo tenemos capacidad para alimentar a todo aquel que se acerca a nosotros, también podemos darle alimentos de calidad”.

Desde que se creó en mayo de 2011 como una iniciativa sencilla que trasladaba las tartas de queso sobrantes desde una pastelería de Atenas a un comedor benéfico cercano, Boroume ha crecido y se ha convertido en una reputada ONG con cuatro empleados a tiempo completo y una lista de más de 20 voluntarios semanales.

Su modelo ha tenido tanto éxito que está siendo emulado en otros países y será analizado a final de mes en la reunión que celebrará en Bruselas la plataforma europea FUSIONS (una iniciativa que busca reducir los desperdicios alimentarios impulsando proyectos de innovación social).

Boroume se gestiona exclusivamente a través de donaciones privadas y ha logrado el apoyo de patrocinadores griegos y extranjeros, de compañías multinacionales e incluso de uno de los principales bufetes de abogados de Atenas, que les ofrece asistencia legal gratuita. “La necesidad aguza el ingenio” señala Theodoridis, graduado de la London School of Economics de 37 años y antiguo asesor político.

“Nos suelen decir que debería ser el Estado el que ayude a las personas que pasan hambre. Nosotros respondemos “¡A la mierda!”. En Grecia tenemos que dejar de esperar todo del gobierno. Casi me atrevo a decir que la situación económica es una bendición porque abre muchos ámbitos de la sociedad a este tipo de iniciativas”.

El empresariado social

A pesar de una modesta mejoría, Grecia continúa registrando la mayor tasa de desempleo de la Unión Europea, situada en un 27%, sólo por detrás de España en términos de parados de menos de 25 años actualmente más de un joven adulto de cada dos se encuentra sin empleo.

En esta categoría de trabajadores, incluso quienes consiguen encontrar un empleo suelen vivir con un salario algo por encima del salario mínimo, que en 2012 se redujo en un 32%, a apenas EUR500 brutos.

En un informe especial titulado “Una generación en peligro”, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) afirma que: “Además de estos efectos negativos en los salarios y en la capacidad para encontrar un empleo en el futuro, el desempleo juvenil puede repercutir negativamente en la satisfacción personal, la satisfacción profesional y los ingresos durante muchos años”.

La OIT recomienda un enfoque amplio para abordar este problema, que dé prioridad a “políticas macroeconómicas favorables al empleo”, la aplicación de la legislación laboral y los convenios colectivos, así como la promoción de la iniciativa empresarial y del trabajo por cuenta propia.

Desde 2013, este impulso de la autonomía y la responsabilidad social se dan la mano en Impact Hub Athens, una oficina y plataforma que conecta a jóvenes emprendedores con una red nacional e internacional orientada hacia proyectos sostenibles.

Tina Kiriakis es una antigua relaciones públicas y directora de marketing que, tras ser despedida en 2010, decidió crear su propia agencia de viajes y ofrecer visitas turísticas “alternativas” en Atenas. Actualmente ofrecen una media de diez visitas a la semana durante la estación turística y tiene contratados a cinco guías independientes. “Jamás lo hubiera hecho de no ser por la crisis”, dice a Equal Times.

Otro residente de Impact Hub es Filisia, creadores de un dispositivo musical que apoya la rehabilitación cognitiva y física de personas afectadas por parálisis cerebral, síndrome de Down o autismo. Su prototipo ha sido aclamado por médicos y terapeutas de todo el mundo y ha recibido varios galardones y subvenciones. Sus inventores están perfeccionando continuamente el modelo, con la esperanza de pasar pronto a su proceso de fabricación.

Ofreciendo instrucciones, tutorías y conexiones, los promotores de Impact Hub están convencidos de que pueden ayudar a transformar una idea en una empresa en funcionamiento, y esperan contribuir a solucionar los problemas de Grecia con el desempleo y el trabajo decente.

“Existe una necesidad real de ello porque la gente perdió la fe en su capacidad de cambiar las cosas”, afirma Lioubi Karageorgou, de 22 años, responsable de comunicaciones de Impact Hub.

Aunque tanto ella como Dimitris Kokkinakis, cofundador del proyecto, no perciben salario alguno, dicen que han aprendido a vivir con entre EUR200 y EUR300 al mes.
“Pero no me marcharé de aquí solo por un empleo retribuido” afirma Karageorgou. “Y no me siento desocupada, porque estoy aprendiendo constantemente”.

Fuente: Equal Times

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