por aRSEnico
Hace unos días me topé con un comunicado de prensa de la marca de motos ITALIKA y… ¡Pardiez!… lo que es tratar de hablar italiano solo porque comemos pizzas y spaghetti.
Resulta y resalta — como dicen ahora las nuevas generaciones, sintiéndose doctos — que ITALIKA decidió celebrar el Día Mundial de la Educación Ambiental con una oda a la motocicleta como solución ecológica. ¡Una motocicleta! ¡De combustión! Porque claro, si vamos a salvar el planeta, lo primero es llenarlo de motores de bajo cilindraje… ¿no?
Su comunicado, digno de un comercial de shampoo que “restaura el ADN del cabello”, nos habla de “movilidad responsable”, “democratización de la eficiencia” y “pilotos conscientes”. Suena precioso. Casi pude oír a un colibrí llorar de emoción.
La moto: ese unicornio verde que huele a gasolina
Según la marca, la solución al colapso ambiental de nuestras ciudades no está en repensar la movilidad urbana, invertir en transporte público limpio o dejar de depender de los combustibles fósiles. No, la respuesta es usar más motocicletas. Porque, claro, una moto tarda menos en avanzar por el tráfico, y eso —dicen ellos— “reduce el tiempo del motor encendido” y, por ende, “las emisiones”.
¿Es en serio?
¿Datos? Ninguno. ¿Métricas? Cero. Porque cuando estás salvando al planeta con comunicados pomposos ¿quién necesita evidencia?
Lo que ITALIKA no menciona es que en México, según instituciones como el INEGI, la SEMOVI y diversas ONGs de seguridad vial, el parque vehicular de motocicletas ha crecido más del 90% en los últimos cinco años, muchas veces con unidades de baja eficiencia y sin controles reales de emisiones. Tampoco menciona que el 38% de las muertes viales involucran motociclistas. Estos son números reales y representan una condición urgente a atender.
“Verde”: el disfraz favorito
El texto señala la idea de movilidad verde. Una joya. No se puede llamar “verde” a un vehículo de combustión que emite CO₂, NOx y ruido. Ningún auto o moto es verde. Punto.
La verdadera movilidad verde —la de verdad, con mayúsculas y sin gasolina— se llama transporte público eficiente, bicicletas, electrificación masiva, ciudades caminables. Pero eso no vende vehículos. Así que es mejor sugerir que “verde” es cualquier cosa que tarde menos en llegar, porque, claro, menos tiempo prendido = casi la salvación del Amazonas.
Educación ambiental… ¿de verdad?
La agencia de comunicación de ITALIKA fue más allá, sugiriendo que se debe educar en estos temas al motociclista. ¿Cómo? Diciéndole que mantengas tus llantas bien infladas y vayas a afinar tu unidad. Lo cual, asumimos que se puede hacer en sus centros de servicio. ¡Qué nobleza!
¿Y si no afinas tu moto? Ah, pues entonces tú eres el problema ambiental, no el sistema que permite poner miles de motores de combustión en circulación cada semana.

La ISO 26000, por cierto, tiene una palabra para quien está al mando del marketing y comunicación de las empresas: comportamiento ético. Pero ¿a quién le importa?
Cuando la RSE se vuelve ROI
Lo más fascinante de este tipo de discurso es cómo disfrazan estrategias de venta como si fueran responsabilidad social. Aquí no hay reportes de impacto, ni metas de descarbonización, ni indicadores GRI. Solo green storytelling bien lavado.
Y eso es lo peligroso. Porque una marca que comunica de esta manera y usa la sostenibilidad como bandera —mientras vende motores de combustión— está usando el tema solo como herramienta de marketing, no como una guía ética o estratégica. Eso no es RSE. Es greenwashing.
¿Sabes qué sería verdaderamente responsable? Que ITALIKA tuviera en su sitio al menos una pestaña de responsabilidad social o un informe. O que transparentara cifras de estos temas. O que compensara su huella de carbono invirtiendo en soluciones basadas en la naturaleza. Pero eso cuesta más que escribir un boletín bonito con frases como “cada gota cuenta”.
El planeta no se salva con slogans
ITALIKA no es el demonio. Es solo una marca tratando de hacer lo que muchas otras hacen: aprovechar el clima de sostenibilidad para comercializar más, sin revisar a fondo lo que significa usar estos tópicos, sin comprenderlos, sin asesorarse con profesionales del tema para entender qué si están haciendo bien para comunicarlo, y qué no pueden salir a decir porque simplemente no es cierto, por mucho que queramos maquillarlo.
Porque si de verdad creemos que una motocicleta que emite gases puede ser “verde”, tal vez sea porque estemos viviendo en Ciudad Esmeralda y creemos aún en el Mago de Oz. Y aquí hay un punto clave que no es menor: este tipo de comunicaciones deberían pasar, necesariamente, por la consultora o el área interna que gestiona la obtención del Distintivo ESR. Justamente para evitar estas ocurrencias que confunden marketing con responsabilidad social y terminan exponiendo a la marca a críticas por greenwashing. Porque si la sostenibilidad es parte del discurso corporativo, también debería ser parte del filtro editorial.







