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Graniceros y tiemperos

FORMA Y FONDO CCXXVI

Entre las preocupaciones más antiguas de la humanidad están el correr del tiempo y el conocimiento de los fenómenos naturales, el desequilibrio de las fuerzas de la naturaleza y sus efectos devastadores que hoy siguen causando asombro y temor a pesar de los avances científicos y tecnológicos.

La historia consigna que las diferentes culturas, siempre en un marco de adoración y misterio ligan cuatro elementos básicos: alimento, divinidad, ser humano y fenómeno. En nuestros días con dificultad se preservan los usos y costumbres indígenas de México, cuyo origen es prehispánico, convirtiéndose después en un sincretismo religioso que gira en torno al ciclo agrícola. Ahí nacen los graniceros o tiemperos, que formaban parte de la jerarquía sacerdotal y se les conocía como nahualli o tlaciuhqui.

Entre rezos, alabanzas y ofrendas acudían a las altas cumbres; la montaña era un gran templo que cubría y proporcionaba las aguas, era un depósito y los manantiales que fluían de sus cuevas eran brazos de mar que regaban los campos. El Padre Viejo y la Madre Vieja, pareja divina que habitaba grutas y cuevas, así como el Señor del Agua y la Madre Luna determinaban las alternancias y ciclos de fertilidad de la tierra.

Destacan sus centros ceremoniales en el Iztaccihuatl, Popocatepetl, Pico de Orizaba y Nevado de Toluca. En esta última montaña y de acuerdo a registros arqueológicos, los grupos indígenas del Valle del Matlatzinco o de Toluca tenían quince centros ceremoniales, superando a los existentes en otras montañas ritualísticas que juntas hacen un total de 55.

El Chuicnauhtecatl, Xinantecatl o Nevado de Toluca junto con los volcancillos de Xalatlaco y Tilapa son los pilares montañosos meridionales del Valle de Toluca del que emerge el Olotepec con el que forman los tres pilares de una especie de muralla sagrada. Estos centros son visitados desde la época prehispánica para ceremonias de petición y agradecimiento por distintos grupos de graniceros o trabajadores del tiempo entre los que destacan los Saudinos de Teotenango, los Ahuizotes de Xalatlaco y los Quicaxcles de Texcalyacac.

Acostumbraban hablarles a los elementos en su idioma, decían ellos el mexicano, y como puntos geográficos de gran energía para pedir agua que formaban una gran cruz y en donde se adoraba a la diosa Chalchiutlicue estaban Alcalica, Coronilla, Macuileca y la cueva del Señor de Sacromonte. Un antiguo texto decía“…aquellos pueblos tenían supersticiones y hechicerías con las que ahuyentaban temporales, nublados y daño de granizo a las mieses; y con sus conjuros estorbaban los daños de los temporales y tempestades… Otros conjuraban con una culebra viva revuelta en un palo y esgrimían con ella hacia la parte de nublados y tempestades con soplos y acciones de cabeza y de palabra que nunca se podían entender…”

Para ingresar a la categoría de granicero, tiempero, ahuizote o tlamatine se requiere ser alcanzado por un rayo o ser predestinado por un aviso recibido en sueños o convivir con un claclasqui.

Desarrollan otras facultades como alejar el mal tiempo de los campos de cultivo, interpretar el oráculo de la luna y el arcoíris, la curación por imposición de manos y la visión a través de los sueños para comunicarse con el espíritu de las montañas y los elementos sagrados. Siempre acompañan sus ceremonias con rogativas al Ser Supremo.

Posterior a la caída del rayo se realiza una ceremonia, llamada de coronación, en alguno de los adoratorios al que concurren quienes han tenido alguna experiencia similar, pues ellos dicen que esto no es de doctor; ahí reciben el cargo y a partir de ese momento trabajan en beneficio de la comunidad.

Generalmente sus ceremonias se realizan al principio de la siembra y al final de la cosechas; del 2 de febrero al 2 de noviembre, aproximadamente 260 días que comprenden el ciclo del maíz, y el resto es el tiempo que queda la tierra dormida hasta la nueva temporada, completando así los 365 días del año. Así como piden protección al sustento que crece, igual agradecen a los ancestros al final por las buenas lluvias y la cosechas obtenidas.

Contrario al granicero, existe el xochihuatl, mago de las zonas áridas que se encarga de hacer florecer el agua del subsuelo. A veces se le describe como alguien que va y roba el agua para los sembradíos de quien pide sus servicios. Este mago del mundo náhuatl, es pariente lejano de los graniceros, tiemperos o tecihutlazques. Ambos trabajan con el tiempo y la naturaleza, unos son hacedores de lluvia y otros trabajan con el agua subterránea.

La forma: reconocer la limitación y fragilidad humana. El fondo: pedir de las fuerzas superiores salud y alimento para esta dimensión en la que: TODOS SOMOS NATURALEZA.

ACACIA FUNDACIÓN AMBIENTAL A. C. [email protected]

Fuente: Comunicado de prensa

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