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Exhibe NYT a los Murat

Exhibe NYT a los Murat
Exhibe NYT a los Murat

Manhattan vía Shutterstock

A través de una o más empresas fantasmas José Murat Casab adquirió al menos un departamento en un condominio de lujo en Manhattan, revela The New York Times.

El diario presentó ayer la primera de cinco entregas sobre una investigación de dueños de condominios que se las han arreglado para mantener su identidad oculta, al registrar las propiedades en fideicomisos, sociedades de responsabilidad limitada u otras entidades que protegen su nombre.

«Cabeza de una prominente familia política mexicana y ex Gobernador de Oaxaca. Su hijo, Alejandro, dirige una agencia gubernamental de vivienda (Infonavit). Su familia ha adquirido media docena de propiedades en los Estados Unidos», señala el diario sobre José Murat.

La cuarta parte de la investigación, adelanta el periódico, está dedicada a «los agentes del poder mexicano» y aparecerá el miércoles.

El diario estadounidense rompió con el secreto de más de 200 empresas fantasmas y documentó una década de adquisiciones de propiedades en Manhattan.

En el inicio

En el piso 74 del complejo Time Warner Center, el departamento 74B fue comprado por una misteriosa entidad llamada 25CC ST74B a un precio de 15.65 millones de dólares en el 2010.

Su pista lleva a la familia de Vitaly Malkin, un ex senador y banquero ruso al que se le prohibió la entrada a Canadá debido a posibles conexiones con el crimen organizado.

Unos cuantos pisos más abajo hay tres departamentos propiedad de una empresa pantalla, Columbus Skyline LLC, que pertenece a la familia de un empresario y contratista chino llamado Wang Wenliang.

Se descubrió que su compañía de construcción tenía empleados viviendo en Nueva Jersey en condiciones peligrosas e insalubres.

Detrás de las torres de cristal oscuro de Time Warner Center y sus vistas a Central Park, una mayoría de los propietarios han tomado medidas para mantener sus identidades en secreto, al registrar departamentos bajo fideicomisos, sociedades de responsabilidad limitada u otras entidades.

Al abrir el misterio de más de 200 empresas pantalla o fantasma, The New York Times documentó una década de propiedad en este icónico destino de dinero global en Manhattan, que transforma al mercado inmobiliario de la ciudad.

Al menos 16 de los propietarios extranjeros de unidades en el edificio han sido blanco de investigaciones gubernamentales en todo el mundo.

Los casos van desde violaciones de normas de vivienda y medio ambiente hasta fraudes financieros. Cuatro han sido arrestados y otros cuatro han tenido que pagar multas o sanciones por actividades ilegales.

Los dueños extranjeros han incluido a funcionarios de Gobierno y socios cercanos de funcionarios de Rusia, Colombia, Malasia, China, Kazajistán y México.

Éstos han podido realizar estas compras de varios millones de dólares sin que se les hagan muchas preguntas gracias a leyes estadounidenses que alientan el movimiento de dinero, en gran parte no rastreable, a través de empresas pantalla.

En todo el mundo circulan enormes sumas de dinero, como nunca antes.

Time Warner Center se yergue como el arquetipo en Nueva York de dicho fenómeno global, al reflejar tendencias entrelazadas; las crecientes sumas de dinero extranjero en los bienes raíces de lujo y el uso en aumento de empresas pantalla.

Un mercado turbio

Durante la década transcurrida desde que los departamentos de Time Warner Center llegaron al mercado, las ventas de bienes raíces de lujo se han vuelto, en general, cada vez más turbias.

En el 2003, una tercera parte de los condominios vendidos en Time Warner fueron comprados por empresas pantalla. Para 2014, la cifra superaba el 80 por ciento.

Y en todo Estados Unidos, en años recientes, casi la mitad de las compras residenciales con valor superior a los 5 millones de dólares fueron realizadas por empresas pantalla en lugar de individuos, de acuerdo con datos de First American Data Tree, analizados por el NYT.

Cuando en enero de 2013 la corporación con el complicado nombre 25CC ST74B, que pagó 15.65 millones de dólares por un departamento en Time Warner Center en 2010, acusó a un contratista de cobros excesivos, la demanda identificaba al dueño del departamento como «Vitaly Malkin, un senador ruso domiciliado en Rusia y quien generalmente no está presente en Nueva York».

Malkin, de 62 años, participó en 1996 en un trato para reestructurar la deuda de 5 mil millones de dólares de Angola con Rusia, adquirida durante la larga guerra civil de Angola, en un trato negociado en parte por el empresario Arcadi Gaydamak.

El pago de la deuda se llevó a cabo a través de una compañía intermediaria en la que Malkin tenía una participación, de acuerdo con documentos del Gobierno canadiense e investigadores suizos.

En 2007, cuando Malkin intentó entrar a Canadá, salió a la luz su nexo con Gaydamak, quien era investigado en Francia por su conexión con la venta de armas al Gobierno de Angola.

Los agentes inmobiliarios que participaron en la transacción de su unidad en Time Warner incluían a Brenda S. Powers y Elizabeth L. Sample, que representan a muchos clientes extranjeros y viven en el edificio.

«Tienen que tener el dinero. Por lo demás, eso es todo. Eso es todo lo que necesitamos», reveló Sample sobre su enfoque al aprobar compradores.

Hacen vista gorda

Las directrices federales para la banca son claras: «Los bancos deberán tomar todas las medidas razonables para asegurar que no ayudan, con o sin conocimiento de causa, el encubrimiento o transferencia de ganancias generadas por corrupción».

Esto significa investigar a clientes y presentar un «reporte de actividad sospechosa» si el cliente transfiere cantidades inusualmente grandes de dinero.

Sin embargo, no se exige implementar esas medidas sobre dinero que llega al país a través de empresas pantalla para comprar propiedades de lujo.

Los extranjeros que compran bienes raíces en Estados Unidos a menudo batallan menos que los ciudadanos estadounidenses para mantener sus propiedades lejos del alcance de investigadores.

Un ejemplo es el caso del Pablo Ardila, ex Gobernador de Cundinamarca, en Colombia. En 2004, Ardila reconoció que él y sus padres habían establecido una empresa para adquirir un departamento de 4 millones de dólares en el edificio. En 2007, cuando aún era Gobernador, Ardila fue arrestado y encarcelado bajo cargos de enriquecimiento ilícito.

Mientras estaba tras las rejas, la empresa vendió el departamento, con una ganancia de 2 millones de dólares.

Grandes derrochadores

Cuando Bloomberg se dispuso a darle la bienvenida a los multimillonarios del mundo que llegaban a Nueva York, la idea era que el dinero que gastaran tendría un efecto de «goteo» que llegaría a porteros, conserjes, empleados de limpieza, choferes y trabajadores de la construcción, así como a los encargados de tiendas y restaurantes que venden bolsas de 5 mil dólares y cobran 450 por una cena de sushi.

Sin embargo, el impacto preciso de los extranjeros adinerados en la ciudad podría ser más complejo. Al no ser residentes, no pagan impuestos sobre la renta municipales y a menudo reciben cuantiosas exenciones fiscales sobre la propiedad.

Otro caso es el de la empresa Columbus Skylines, que pagó 2.5 millones de dólares por tres departamentos. Aunque no tuvo que brindar el nombre de un dueño, sí tuvo que presentar una dirección de destinatario, registrada a nombre de Wang Wenliang.

Wang es un ex funcionario municipal chino en Dandong y empresario de la construcción, y en 2011 comenzó a recibir denuncias por el número de personas que vivían en una residencia rentada por su constructora.

Fuente: Reforma

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