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¿Por qué los estudios de género están cerrando tras las revelaciones de Epstein?

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Durante años, los estudios de género han sido una de las herramientas más incómodas —y necesarias— para cuestionar las estructuras de poder que normalizan la desigualdad. Sin embargo, en distintos estados de Estados Unidos, estos programas están siendo eliminados bajo el argumento de “restaurar la verdad biológica” y frenar lo que se califica como “ideologías divisivas”. Lo que parece un debate académico es, en realidad, un síntoma de algo más profundo: una disputa por quién controla la narrativa sobre el poder, el cuerpo y la dignidad.

Hoy, tras la reapertura de los archivos de Jeffrey Epstein y la ola de reacciones que siguieron, esa disputa se vuelve más clara. Las revelaciones de Epstein no solo exhiben una red de abusos, sino también la fragilidad de los sistemas que deberían haberlos prevenido. En este contexto, el cierre de programas universitarios no parece una coincidencia, sino parte de una misma lógica: silenciar las herramientas que permiten leer críticamente estas violencias.

Universidades bajo presión política

Según información de The Guardian, la junta de regentes de Texas A&M ha decidido poner fin a los programas de estudios de la mujer y de género, así como a la enseñanza de conceptos relacionados con la raza. Esto no fue un caso aislado: el New College de Florida ya había tomado una medida similar en 2023. Universidades públicas en Carolina del Norte, Ohio y Kansas siguieron la misma ruta, impulsadas por legislaturas estatales conservadoras.

Estas decisiones se presentan como actos administrativos, pero responden a un clima ideológico específico. La educación superior se convierte en un campo de batalla donde la diversidad de enfoques es sustituida por una visión única sobre la identidad y el poder. El resultado es una reducción deliberada de los espacios críticos.

La cancelación de los estudios de género se justifica con la orden ejecutiva de Donald Trump titulada Defendiendo a las Mujeres del Extremismo de la Ideología de Género y Restaurando la Verdad Biológica. El documento convierte la diferencia sexual en una categoría legal, no científica, y la coloca como base de políticas públicas.

revelaciones de Epstein

Este cambio no es menor: redefine el lenguaje, los derechos y la legitimidad del conocimiento. Al hacerlo, niega décadas de investigación interdisciplinaria que ha demostrado que el género es una construcción social con impactos reales en la vida de millones de personas.

Revelaciones de Epstein: el espejo incómodo

Hasta que el Departamento de Justicia filtró nuevos documentos sobre Jeffrey Epstein, muchos no veían la conexión entre estos cierres y la cultura de impunidad. Hoy, esa relación resulta más evidente: limitar los estudios de género es una forma de proteger estructuras que facilitan el abuso de poder.

El caso de David Ross, exdirector del Museo Whitney, ilustra esta lógica. Sus intercambios con Epstein sobre proyectos artísticos con menores revelan una normalización del daño que solo puede entenderse desde una cultura que minimiza la violencia contra mujeres y niñas.

Ross sostuvo que su relación con Epstein era “profesional” y que creyó sus versiones. Años después, admitió su error. Sin embargo, el lenguaje de justificación revela algo más profundo: una arrogancia sistémica que convierte el privilegio en blindaje.

Este patrón no es individual, sino estructural. Las revelaciones de Epstein muestran cómo el dinero, la influencia y el silencio funcionan como una red de protección. Sin una mirada crítica, estas dinámicas permanecen invisibles.

Lo que aportan los estudios de género

Estos programas desmontan el determinismo biológico y analizan cómo las jerarquías de género sostienen la desigualdad. Han formado generaciones capaces de entender la identidad, el poder y la cultura desde una perspectiva compleja y contextual.

Además, integran saberes de la historia, la antropología y la psicología para explicar cómo las normas de género organizan la vida social. Sin ellos, se pierde una herramienta esencial para prevenir abusos y construir instituciones más justas. Eliminar los estudios de género no solo borra un campo académico, también desmantela el lenguaje para nombrar la injusticia. Lo mismo ocurre con la eliminación de referencias a la esclavitud o a la diversidad en espacios públicos y misiones universitarias.

La impunidad que rodeó a Epstein es coherente con estas omisiones. Donde se elimina el análisis crítico, prospera la desigualdad. El silencio se convierte en política.

revelaciones de Epstein

La democracia en juego

La orden ejecutiva afirma proteger a las mujeres, pero evita hablar de igualdad. En su fondo, sostiene una jerarquía donde el poder masculino se normaliza y las diferencias se convierten en barreras.

Por eso, defender los estudios de género no es un gesto ideológico, sino un acto democrático. Son una herramienta para examinar cómo se construye el poder y cómo puede transformarse

Las revelaciones de Epstein no son solo un escándalo, son un recordatorio de lo que ocurre cuando el poder no es cuestionado. El cierre de los estudios de género es parte de esa misma lógica: reducir las voces que incomodan, limitar las herramientas que explican y desactivar la crítica.

Proteger estos espacios académicos es proteger la capacidad colectiva de entender y transformar la realidad. Sin ellos, no solo se pierde conocimiento: se debilita la posibilidad misma de construir una sociedad basada en la igualdad y la justicia.

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