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Escándalo subraya recelo chino hacia organizaciones de caridad

Las fotografías de la atractiva joven cayeron como bomba en el mundo de la filantropía china.

En una de ellas, se apoyaba en el cofre de un auto Maserati blanco. En otra, revelaba su armario lleno de bolsas de mano Hermès.

Para los estándares de los nuevos ricos chinos, nada de ello era indignante. Lo que provocó revuelo fue el hecho de que la mujer en cuestión, Guo Meimei, de 20 años, aparentemente ocupaba un puesto de alto nivel en la Sociedad de la Cruz Roja de China, la principal organización de caridad del país. Bajo el seudónimo “Guo Meimei Baby”, había presumido en su microblog que su título era “gerente comercial general” del organismo.

Desde finales de junio, Guo y la Cruz Roja han sido la comidilla de la internet china. La Cruz Roja de China, miembro de la Federación Internacional de las Sociedades de la Cruz Roja, ha rechazado cualquier vínculo con Guo, quien actualmente está bajo investigación policiaca.

Algunos temen que el escándalo y las crecientes sospechas subsecuentes de corrupción en las organizaciones caritativas puedan afectar a la filantropía en China.

“Es un problema de confianza del público o de rendición de cuentas de las organizaciones caritativas y filantrópicas”, opinó Xia Xijin, directora del Centro de Investigación en Organizaciones No Gubernamentales de la Universidad Tsinghua, en Beijing.

“Hace muchísimo tiempo que la gente alberga dudas”.

La filantropía aún está en ciernes en China. El sismo que azotó a Sichuan en el 2008 llevó a una creciente toma de conciencia cívica y, en el 2009, el Gobierno registró 8 mil millones de dólares en donativos de caridad.

De acuerdo con cifras oficiales, la Cruz Roja recaudó donaciones por más de 735 millones de dólares tras dicho temblor.

Algunos indican que muchos chinos se resisten a donar por miedo a que los fondos terminen en una organización corrupta. Ese temor se basa principalmente en la insistencia del Gobierno en promover sus propias y extensas organizaciones de caridad, al tiempo que limita las fundaciones privadas. Para numerosos ciudadanos, las grandes organizaciones de caridad públicas, especialmente la Cruz Roja, son sospechosas.

Varios episodios recientes han reforzado el recelo. En abril, una fotografía que circuló en internet presentó una cuenta de restaurante de mil 500 dólares correspondiente a una comida de un pequeño grupo de empleados del capítulo en Shanghai de la Cruz Roja. Luego, el 26 de junio, la Oficina Nacional de Auditoría dio a conocer un reporte sobre la Cruz Roja en el que se enumeraban cinco problemas financieros.

Las conclusiones de la auditoría y la controversia en torno a Guo llevaron a Yu Jianrong, destacado catedrático de la Academia China de Ciencias Sociales, a escribir en su microblog que de no “entablar reformas para instituir un sistema abierto, la Cruz Roja perderá toda credibilidad para la gente. Y seré entonces el primero en boicotearla”.

Muchos chinos desconfían de la Cruz Roja debido a su estatus legal especial: es una de 25 grandes organizaciones afiliadas a una oficina subordinada tanto al Partido Comunista como al Consejo de Estado, el gabinete gubernamental chino.

“Reciben apoyo financiero público, su personal es pagado por el Gobierno y se desempeñan como dependencia gubernamental”, explicó Jia.

Feng Lun, magnate inmobiliario quien creó una fundación caritativa en el seno de su compañía, el Grupo Vantone, indicó que las organizaciones paraestatales “no tienen transparencia y carecen de eficiencia”, en gran parte porque les hacen falta gerentes con experiencia profesional en dirigir organizaciones de caridad.

El escándalo en torno a Guo estalló el 21 de junio. La mujer inicialmente alegó en su defensa que su grupo era una operación comercial independiente de la Cruz Roja. Al intensificarse la presión pública, la Cruz Roja y Guo afirmaron que no tenían ninguna relación.

La Cruz Roja denunció a Guo ante la policía el 24 de junio. Dos días después, Guo ofreció disculpas en línea por su “conducta tonta e ignorante” y su “usurpación de identidad”. El 28 de junio, el rotativo Beijing News reportó que la policía había entablado una investigación.

“Esto sólo es el inicio de la revelación de los problemas de organizaciones sin fines de lucro y de caridad públicas”, opinó Feng.

“Creo que puede redundar en una fuerza positiva que empuje a la sociedad civil china a promover mayor transparencia”.

Fuente: Reforma, The New York Time, p. 3.
Por: Li Bibo, Shao Heng y Edy Yin.
Publicada: 9 de julio de 2011.

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