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El desarrollo sostenible, infraestructura y la SSA

En junio de 1972, en Estocolmo, Suecia, durante los trabajos de la Conferencia de Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente Humano, una gran mujer que contribuyó significativamente a impulsar a su país, la India, hacia la modernidad, acuñó para el mundo entero el término Desarrollo Sostenible, como el nuevo modelo económico que le permitiría a la humanidad enfrentar exitosamente los nuevos retos del agotamiento de los recursos tanto renovables como no-renovables.

El concepto en sí se había venido desarrollando desde los años 60 del siglo pasado en varios ámbitos de la academia de economía en el mundo y en centros de análisis económicos como el Club de Roma. La idea que sacudió al mundo, fue que por primera vez en la historia de la humanidad habíamos llegado a los límites del crecimiento.

Esta idea anatémica se oponía a las creencias de políticos y líderes de todo tipo que pensaban que sólo el crecimiento numérico simple garantizaba el avance de las sociedades para eliminar la pobreza y proporcionar bienestar. Los indicadores del Club de Roma apuntaban al hecho de que para que el planeta entero alcanzara un grado de bienestar similar al de los Estados Unidos, se requerirían tres planetas Tierra.

Era imperativo construir una nueva relación entre el homo sapiens y el resto de las especies. Indira Gandhi declaró ante el mundo el 5 de junio de 1972: “Requerimos de una nueva economía, que nos permita a nosotros en el presente satisfacer nuestras necesidades legítimas, a la vez que garanticemos la satisfacción de las necesidades básicas legítimas de las próximas generaciones. Necesitamos un Desarrollo Sostenible”.

A partir de ese momento arranca en el mundo, al principio muy incipientemente, la gestión ambiental de las sociedades. México la inicia precisamente ese año con la creación de la Subsecretaría de Mejoramiento Ambiental, perteneciente a la entonces Secretaría de Salubridad y Asistencia (SSA), pasando por la Sedue, la Semarnap y la actual Semarnat.

El concepto de Desarrollo Sostenible en ningún momento implica el detener el avance de las sociedades. Las sociedades vertebran su gestión ambiental sosteniéndose (ser “sostenible”) en tres pilares: El conocimiento del comportamiento de los seres vivos en los ecosistemas y las condiciones geofísicas de los mismos.

Las leyes y reglamentos que regulan las acciones humanas para evitar alteraciones irreversibles en estos ecosistemas.

Los programas de desarrollo que faciliten el desarrollo de sociedades equilibradas, saludables y creativas.

Estos tres pilares deben ser equidistantes y conocidos por las sociedades donde aplican y participan.

No se pueden aplicar parcial o discrecionalmente por ninguno de los actores que inciden en el desarrollo, pero sobre todo no por las autoridades ambientales emanadas del espíritu de Estocolmo en 1972. Tenemos que aprender a calificar los proyectos en cuanto a sus reales méritos ambientales y que provean bienestar para los seres humanos dentro del área de influencia del proyecto, y no en cuanto a intereses políticos y económicos antiguos.

Una de las áreas del desarrollo que más requieren de evaluaciones a la luz de la razón y de los argumentos provenientes de Estocolmo, son los proyectos de infraestructura como carreteras, puertos, centrales productoras de energía. Estos proyectos por lo general tienen una gran influencia en la generación de bienestar, y tienen también el potencial mayor de afectaciones al entorno. Pero el Desarrollo Sostenible REQUIERE de proyectos de esta índole para eliminar la pobreza, la ignorancia y el retraso de las sociedades humanas, que son precisamente factores de deterioro irreversible y de ecocidio.

Una de las necesidades básicas en México es mejorar la eficiencia de todos nuestros usos de la energía. El transporte de mercancías es seguramente el área de oportunidad más evidente. Pues resulta, querida, querido lector, que tenemos proyectos basados en la sustentabilidad que se quedan detenidos por la simple ignorancia o el juego de intereses a muy corto plazo y que no tienen nada que ver con los tres pilares que mencioné arriba.

Uno de esos proyectos que yo conozco y que son esenciales para el despegue de México hacia una sociedad más eficiente (y por lo mismo más equilibrada) es la interconexión Golfo-Pacífico con puertos marítimos y carreteras y ferrocarriles eficientes.

Una empresa exitosa y responsable social y ambientalmente, obtuvo con los criterios más estrictos de cuidado al medio ambiente, la concesión para construir y operar la terminal marítima de Tuxpan, Veracruz. Por intereses ocultos políticos y económicos, como mencioné aquí, se ha obstaculizado una inversión de trescientos millones de dólares con un fuerte componente ambiental. El pretexto es la nueva Ley General de Vida Silvestre modificada en su artículo 60TER, que obedece a un espíritu contemplativo de la Naturaleza, contrapuesto al espíritu de Estocolmo que comenté antes.

Pero lo grave de esta obstaculización, es el hecho de que en el predio contiguo a SSA se autorizó por parte de las autoridades ambientales federales la construcción de un puerto marítimo muy similar. Repito aquí el espíritu de Estocolmo:

No se pueden aplicar parcial o discrecionalmente por ninguno de los actores que inciden en el desarrollo, pero sobre todo no por las autoridades ambientales emanadas del espíritu de Estocolmo en 1972. Tenemos que aprender a calificar los proyectos en cuanto a sus reales méritos ambientales y que provean bienestar para los seres humanos dentro del área de influencia del proyecto, y no en cuanto a intereses políticos y económicos antiguos.

SSA está decidida a promover el Desarrollo Sustentable en México. Muchos mexicanos queremos eso, ojalá nuestras autoridades también.

Fuente: Cronica.com.mx
Por: Luis Manuel Guerra.
Publicada: 10 de julio de 2010.

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