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A 85 segundos del desastre: el Doomsday Clock en su punto más alarmante

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En 1947, en un mundo que aún intentaba asimilar las consecuencias de Hiroshima y Nagasaki, el Boletín de los Científicos Atómicos presentó por primera vez el llamado Reloj del Juicio Final o Doomsday Clock. Este grupo, conformado por científicos, académicos y expertos en seguridad global, surgió con el objetivo de advertir sobre los riesgos existenciales creados por la propia humanidad, especialmente aquellos vinculados a las armas nucleares.

Desde entonces, el reloj funciona como una poderosa metáfora: mientras más cerca se encuentra la manecilla de la medianoche, mayor es el peligro de una catástrofe global. No se trata de una predicción literal, sino de una señal de alarma basada en el análisis científico y político del contexto internacional. Este año, el Boletín ha encendido todas las alertas al colocar el reloj a 85 segundos de la medianoche, el punto más cercano al desastre en casi ocho décadas de historia.

El ajuste del Doomsday Clock 2026 no es un gesto simbólico menor. Representa, en palabras de sus creadores, una evaluación sobria de los tiempos que atravesamos y de la incapacidad colectiva para reducir amenazas que ya conocemos, pues, como advirtió Alexandra Bell, presidenta y directora general del Boletín:

“La humanidad no ha avanzado lo suficiente en lo que respecta a los riesgos existenciales que nos ponen en peligro a todos”.

Doomsday Clock 2026: conflictos bélicos y el regreso del fantasma nuclear

Según los creadores del Boletín, el primer gran riesgo que explica por qué el Doomsday Clock 2026 marca apenas 85 segundos antes de la medianoche es el recrudecimiento de los conflictos bélicos y, en particular, la amenaza nuclear. Daniel Holz, presidente del comité de ciencia y seguridad del Boletín, señaló que en el último año “los principales países se volvieron más agresivos, adversarios y nacionalistas”, un contexto que incrementa de forma peligrosa las tensiones globales.

Uno de los factores más alarmantes es la inminente expiración del tratado de armas estratégicas firmado en 2010 entre Estados Unidos y Rusia. De acuerdo con Holz, esto significa que, “por primera vez en más de medio siglo, no habrá nada que impida una carrera armamentista nuclear descontrolada”. La ausencia de acuerdos vinculantes abre la puerta a un escenario de acumulación y modernización de arsenales que incrementa el riesgo de errores de cálculo con consecuencias irreversibles.

Este entorno se ve agravado por el ascenso de gobiernos nacionalistas y autocráticos. Holz advirtió que cuando el mundo se fragmenta bajo una lógica de “nosotros contra ellos”, la probabilidad de conflicto aumenta para todos. La historia demuestra que la erosión de los controles democráticos y la falta de rendición de cuentas suelen ser caldo de cultivo para la violencia, la inestabilidad y la guerra.

Doomsday Clock 2026

El cambio climático: una amenaza que ya está aquí

El segundo gran riesgo identificado por el Boletín es el cambio climático, una crisis que ha dejado de ser una advertencia futura para convertirse en una realidad cotidiana. Según Daniel Holz, tanto el dióxido de carbono atmosférico como los niveles globales del mar han alcanzado máximos históricos, evidenciando que las acciones actuales son insuficientes frente a la magnitud del problema.

“Las sequías, los incendios, las inundaciones y las tormentas siguen intensificándose y volviéndose más erráticos, y esto solo empeorará”, afirmó Holz. Estos fenómenos no solo representan una amenaza ambiental, sino también social y económica, al exacerbar desigualdades, generar desplazamientos forzados y aumentar la probabilidad de conflictos por recursos escasos.

Desde la perspectiva del Doomsday Clock 2026, el cambio climático actúa como un multiplicador de riesgos. Su impacto transversal debilita la capacidad de los Estados para responder a otras amenazas, desde la seguridad alimentaria hasta la estabilidad política. La falta de avances significativos en la reducción de emisiones refuerza la sensación de urgencia que marca el reloj.

Doomsday Clock 2026

Inteligencia artificial: tecnología disruptiva sin reglas claras

El tercer riesgo que empuja al reloj hacia la medianoche es el desarrollo acelerado de la inteligencia artificial. Holz advirtió sobre la posibilidad de una nueva carrera armamentista, esta vez impulsada por sistemas algorítmicos capaces de transformar la guerra, la vigilancia y la toma de decisiones estratégicas.

“La IA es una tecnología disruptiva significativa y en constante crecimiento”, explicó, subrayando que también está potenciando la desinformación y la información errónea. Este fenómeno socava la confianza pública, dificulta la cooperación internacional y complica la respuesta colectiva a amenazas como el cambio climático o los conflictos armados.

La preocupación no se limita al uso militar de la IA, sino a su impacto sistémico en la democracia, los derechos humanos y la cohesión social. En ausencia de marcos éticos y regulatorios sólidos, esta tecnología puede convertirse en un factor desestabilizador más, alineado con el diagnóstico pesimista del Doomsday Clock 2026.

Doomsday Clock 2026

Cuando el reloj retrocedió: lecciones del pasado

A lo largo de su historia, el Reloj del Juicio Final se ha movido más de dos docenas de veces, y no siempre en dirección al desastre. El momento de mayor esperanza ocurrió en 1991, cuando el reloj se situó a 17 minutos de la medianoche tras el fin de la Guerra Fría y la firma de tratados de reducción de armas nucleares entre Estados Unidos y la entonces Unión Soviética.

Más recientemente, la década de 2020 comenzó con el reloj en 100 segundos antes de la medianoche, una señal ya alarmante. Sin embargo, la guerra en Ucrania, el debilitamiento de la cooperación internacional y la falta de acción climática llevaron a que en 2023 se ajustara a 90 segundos, posición que se mantuvo en 2024. En 2025, el Boletín advirtió que, pese a las señales inequívocas de peligro, los líderes no hicieron lo necesario para cambiar el rumbo.

Alexandra Bell recordó que cada vez que el reloj ha retrocedido ha sido gracias al trabajo conjunto de la humanidad:

“Cada vez que hemos podido hacer retroceder el reloj, ha sido porque teníamos científicos y expertos trabajando para encontrar soluciones y un público que exigía acciones”

Actuar antes de que se agote el tiempo

La posición actual del reloj es una llamada de atención ineludible. Estar a 85 segundos de la medianoche no significa que el colapso sea inevitable, pero sí que la ventana de acción se está cerrando rápidamente. Los riesgos que señala el Doomsday Clock 2026 —conflictos armados, crisis climática y tecnologías disruptivas sin control— son problemas creados por el ser humano y, por tanto, también pueden ser enfrentados por él.

Para quienes trabajan en responsabilidad social, sostenibilidad y gobernanza, el mensaje es claro: no basta con diagnósticos ni compromisos retóricos. Se requieren decisiones valientes, cooperación internacional y una presión constante desde la sociedad civil para exigir cambios reales.

El reloj no mide el tiempo, mide nuestra voluntad colectiva. Y aunque cada segundo cuenta, todavía existe la posibilidad de alejarnos del desastre si se actúa con urgencia, ciencia y responsabilidad compartida.

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