Comunicados de Prensa

Depresión post mundial ¿en tus colaboradores?

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Mucho se ha hablado de la importancia de que nuestra gente se involucre en el tema mundialista. De hecho, los especialistas dicen que las empresas que permiten que su personal vea los partidos (especialmente los de México) fomentan su lealtad y sentido de pertenencia.

Se ha llegado a afirmar que esta medida corporativa impulsa la productividad. De hecho, acorde con el estudio realizado por Adecco México “Quiero ver el mundial”* 8 de cada 10 personas consideran que el mundial es un evento importante para la sociedad y también 8 de cada 10 opinan que ver los partidos en la oficina no afecta su productividad.

Todo eso suena muy bien para empresas y su gente. No obstante, llama la atención que muy pocos han tomado medidas para «el después de», es decir, la “resaca mundialista”.

Y es que al pasar por una etapa festiva, llena de emociones e ilusiones, cuando eso se acaba es probable que algunos aficionados caigan en un periodo de depresión. Es similar a lo que ocurre al terminarse las vacaciones.

En el periodo vacacional todo es felicidad: el olor a coco, baños de sol y mar, largas jornadas dedicadas al hedonismo. Cuando ese escenario llega a su fin y es momento de reincorporarse al trabajo, no suele ser tan simple para todos.

La complejidad para reincorporarse a las actividades rutinarias puede ser tan alta para algunos, que de ahí deriva también el llamado «blue sunday» o domingo azul, en referencia a la depresión de los domingos por la tarde, pensando en el temido retorno a las actividades de la semana laboral.

En el caso de la fiesta del fútbol puede ocurrir algo similar y más vale que las empresas estén preparadas para auxiliar a los colaboradores que sufran lo que hemos denominado «la depresión postmundial».

Los síntomas podrían aparecer cuando México quede fuera de la competencia (recordemos que acorde con nuestro citado estudio, 13% de los encuestados consideraron que la selección nacional va a ganar el Mundial), otros más, seguramente se presentarán al terminar de jugarse la final. Sin embargo, vale la pena analizar el clima empresarial para identificar a los afectados.

La depresión suele manifestarse con síntomas claros, algunos físicos y otro anímicos, tales como:

Ausentismo, falta de motivación para el trabajo, enfermedades que antes nos afectaban a la persona: resfriados recurrentes, por ejemplo,
mal humor, conflictos con los compañeros de labor o con el jefe inmediato, resistencia a avanzar con los proyectos, y falta de identidad con los objetivos corporativos; entre otros.

Lo tarea por parte de Recursos Humanos consiste en ofrecer ayuda para controlar los síntomas físicos, pero atacando también la parte anímica que, quizá, sea la más importante.

Cuando un colaborador resulta afectado por una situación que lo estaba haciendo sentir bien, hay que analizar a profundidad por qué el trabajo ya no le resulta motivante.

Es probable que se trate de una persona que ya lleva mucho tiempo en la misma actividad, que no ha tenido oportunidades de crecimiento o que se ha dado cuenta de que su verdadera vocación profesional está en otro lado.

La ayuda por parte de la empresa comienza investigando cómo se siente este colaborador en relación con el trabajo, si sabe cuál es la importancia de su aportación y si entiende hacia dónde vamos como compañía. En ocasiones, puede tratarse simplemente de un problema de falta de información.

Si esto no es suficiente, se debe ir más a fondo y diseñar una estrategia para aumentar la motivación del colaborador. Por ejemplo, asignarle un nuevo proyecto o probarlo en otra área, puede ser de gran ayuda.

Finalmente, en los casos más extremos identificamos un colaborador que ya perdió totalmente el interés en el trabajo. Muy probablemente se mantenga ahí por sus compromisos económicos y sociales, pero dista mucho de ser la actividad que desea desarrollar profesionalmente y por supuesto, no es feliz.

Las depresiones post fin de semana, vacaciones o mundial, nos dicen que el colaborador ha llegado a un punto de quiebre.

Por ello, les sugerimos a las personas que se sientan faltas de motivación que hagan un análisis honesto de su situación para determinar cuál es la causa de esa sensación. Una vez ubicada la causa hay dos tareas importantes: buscar ayuda profesional y comentarlo con la empresa.

Este acto de honestidad, puesto en marcha oportunamente, es la mejor estrategia para recuperar el ánimo y sobretodo, conservar el trabajo. Recordemos que los errores derivados de la falta de motivación pueden causar accidentes o dañar las relaciones de trabajo. Estos hechos suelen dar paso a la terminación de la relación laboral.

Al final del día conviene recordar que los mundiales, como todo en la vida, tienen su parte gozosa y su parte dolorosa. De cada uno de nosotros depende a cuál le damos más peso y cómo lo manejamos.

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