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Cómo hacer llorar a un amante de la moda

Imagen: Aftenposten
Imagen: Aftenposten

¿Crees que cambiarían tus hábitos de consumo de ropa si vieras cómo se producen tus prendas? El periódico Aftenposten, de Noruega, quiso resolver esta pregunta mediante un reality show en el que llevó a tres jóvenes amantes de la moda a una fábrica en Camboya por un mes. El programa de cinco partes se llama Sweatshop: Dead Cheap Fashion y al parecer sus protagonistas ya no volverán a ver la ropa con los mismos ojos.

Anniken Jorgensen, Frida Ottesen y Ludvig Hambro vivieron en la ciudad de Phnom Penh, trabajando codo a codo con los locales en una fábrica que produce algunas de sus marcas favoritas. Además de dormir sobre el suelo de concreto, tener que sostenerse con tres dólares al día y coser por ocho horas cada jornada, los jóvenes entrevistaron a sus compañeros de trabajo para conocer más sobre su vida.

Las conclusiones a las que llegan pueden parecer obvias, pero son muy valiosas porque vienen de experiencias de primera mano. «La verdad es que nosotros somos ricos porque ellos son pobres», dice Hambro, «quienes hacen las prendas deberían poder ser capaces de comprarlas.» También señalan que aunque se trata de un complejo problema global, las soluciones que piden los trabajadores son sencillas: ganar un poco más y tener condiciones más dignas, como ventiladores en los techos.

Otro elemento importante de la serie, que no intenta ser sensacionalista sino solamente dar a conocer un tema que muchos prefieren ignorar, es la presencia de expertos camboyanos que dan una perspectiva sobre lo que se está haciendo en el país para mejorar la situación, como la activista Siang Yot.

Según una entrevista (en noruego, traducida parcialmente por el sitio Tree Hugger) que dio el director de la serie, la fábrica en la que se filmó es «una de las mejores en Camboya, pero aún así no era tan genial. Había mucho calor adentro, no había papel higiénico en el baño y las sillas en las que las costureras tenían que sentarse eran muy incómodas. Algunos trabajadores nos dijeron que soldados se pararon detrás de ellos durante sus turnos y que los habían golpeado tanto que algunos quedaron inconscientes.»

Casos como este demuestran que, a pesar de sus esfuerzos, las compañías que fabrican ropa y zapatos están muy lejos de poder garantizar el bienestar mínimo de quienes hacen sus productos.

Puedes ver Sweatshop en su totalidad (con subtítulos en inglés) aquí.

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