La conversación global sobre sostenibilidad atraviesa un momento decisivo. Durante años, el discurso se ha movido entre promesas ambiciosas, metas climáticas y una creciente presión social sobre las empresas para transformar sus modelos de negocio. Sin embargo, también se ha visto atrapado en una narrativa que enfrenta rentabilidad y responsabilidad, como si fueran caminos opuestos.
De acuerdo con Fooddive, en ese contexto, la voz de los grandes líderes empresariales adquiere un peso particular. En el Foro Económico Mundial de Davos, el CEO de PepsiCo, Ramón Laguarta, planteó que es momento de cambiar el enfoque: no discutir si la sostenibilidad “cuesta”, sino entender qué tipo de costos estamos dispuestos a asumir hoy para garantizar la viabilidad de mañana. Su mensaje apunta a un giro profundo en el debate sobre sostenibilidad, con implicaciones que van más allá de una sola compañía.
El debate sobre sostenibilidad: más allá de la rentabilidad inmediata
Para Laguarta, la discusión no debería centrarse en elegir entre sostenibilidad o rentabilidad. La verdadera pregunta es cómo equilibrar los costos de corto plazo con los beneficios de largo plazo que permiten sostener el crecimiento sin comprometer los recursos futuros.
El CEO explicó que el crecimiento sigue siendo el motor de PepsiCo, pero advirtió que un crecimiento que agota la base de recursos no es sostenible en ningún sentido. Bajo esta lógica, la sostenibilidad deja de ser un “extra” para convertirse en una condición de supervivencia empresarial.
Este enfoque busca romper con la idea de las llamadas “primas verdes” como un lastre financiero. En su lugar, propone entenderlas como inversiones estratégicas que protegen la continuidad del negocio y fortalecen su resiliencia ante crisis ambientales y sociales.
El liderazgo corporativo frente al debate sobre sostenibilidad
Laguarta fue claro al señalar que este cambio de visión no puede quedarse en el discurso. Debe ser asumido por los consejos de administración, los directores generales y los equipos de gestión como parte central de la estrategia corporativa.
Para que el enfoque funcione, explicó, es necesario traducirlo en marcos operativos, indicadores medibles y estructuras de gobernanza sólidas. No basta con declaraciones aspiracionales: se requieren procesos que integren la sostenibilidad en cada decisión de negocio.
De esta forma, el debate sobre sostenibilidad deja de ser una conversación externa para convertirse en un eje interno que guía la forma en que las empresas diseñan su futuro.

PepsiCo Positive: el marco que articula el cambio
Uno de los pilares de esta visión es PepsiCo Positive, la estrategia lanzada en 2021 para integrar la sostenibilidad en todas las operaciones de la compañía. Según Laguarta, este programa cuenta con objetivos claros, mecanismos de gobernanza y una integración directa en los planes operativos.
A diferencia de iniciativas aisladas, este modelo busca permear toda la organización, desde la cadena de suministro hasta la innovación de productos. El objetivo es alinear crecimiento, impacto social y cuidado ambiental en un mismo marco de acción.
Este enfoque refuerza la idea de que la sostenibilidad no es un departamento, sino una forma de gestionar el negocio en su totalidad.
Ajustes estratégicos: aprender de los contratiempos
En 2023, PepsiCo reconoció que era poco probable cumplir algunas de sus metas de sostenibilidad para 2025. Como respuesta, la empresa reajustó su estrategia, moviendo su objetivo de cero emisiones netas de 2040 a 2050 y estableciendo 2022 como nuevo año base.
Este ajuste no fue una renuncia, sino una actualización basada en aprendizajes y en un contexto global cambiante. También se redefinieron metas de envases y se establecieron nuevos objetivos de reducción de emisiones para 2030.
La transparencia en estos cambios refleja una comprensión más realista de la complejidad del camino hacia la descarbonización, sin perder de vista la ambición.
Una mirada más precisa a las emisiones
Como parte del nuevo enfoque, PepsiCo dividió el seguimiento de sus emisiones de alcance 3 en dos grandes categorías: energía e industria, y bosques, tierras y agricultura. Esta segmentación permite entender mejor los impactos y diseñar acciones más específicas.
Además, la compañía alineó sus objetivos con un escenario de calentamiento de 1.5 °C, reforzando su compromiso con la ciencia climática. Este paso marca una diferencia frente a enfoques menos exigentes del pasado.
La precisión en la medición se convierte así en una herramienta clave para transformar la intención en resultados tangibles.
Innovación y experimentación como motor
Laguarta destacó que PepsiCo se considera una pionera en nuevas tecnologías de materiales para su industria. Su escala y margen le permiten asumir “ciertos costos de experimentación” que otras empresas no podrían afrontar.
Este enfoque reconoce que la innovación implica riesgos, pero también abre la puerta a soluciones que, una vez escaladas, pueden transformar sectores completos. La sostenibilidad, entonces, se convierte en un laboratorio de futuro. Gestionar la naturaleza y la rentabilidad como dos caras de la misma moneda es, para el CEO, un proceso en evolución, lleno de aprendizajes y ajustes.
La agricultura sostenible como gran desafío
Aunque se han logrado avances en materiales e infraestructura, Laguarta subrayó que aún falta mucho por hacer en la agricultura sostenible. Este es uno de los puntos críticos para reducir emisiones y fortalecer la resiliencia de las cadenas de suministro.
El CEO ve una oportunidad clara para que el sector público y privado colaboren y faciliten a los agricultores la adopción de nuevas prácticas. Esto tendría un impacto directo en la salud del suelo, el uso del agua y la eficiencia de insumos.Aquí, la sostenibilidad deja de ser un concepto abstracto y se convierte en una herramienta para transformar territorios y comunidades.

“No se trata de que todos hagan algo pequeño”, afirmó Laguarta, sino de unir fuerzas para lograr transformaciones profundas. El cambio sistémico requiere liderazgo, recursos, disciplina y responsabilidad compartida.
Este llamado reconoce que los retos ambientales y sociales no pueden resolverse desde la acción aislada. Necesitan alianzas que conecten a empresas, gobiernos y productores en una misma dirección.
Solo así será posible pasar del discurso a un impacto real que trascienda a las organizaciones individuales.
El mensaje de Ramón Laguarta no es una simple declaración en un foro internacional: es una invitación a redefinir cómo entendemos el valor empresarial en el siglo XXI. Replantear el debate sobre sostenibilidad implica reconocer que el verdadero riesgo no está en invertir en el futuro, sino en ignorarlo.
Para las empresas, este cambio de narrativa abre la puerta a modelos de negocio más resilientes, innovadores y alineados con las expectativas sociales. En un mundo de recursos finitos, crecer sin cuidar la base que lo sostiene ya no es una opción, sino una contradicción que el mercado y la sociedad difícilmente seguirán aceptando.








