El debate sobre la baja representación de mujeres en puestos directivos suele centrarse en la discriminación y la falta de oportunidades. Sin embargo, el estudio Mujeres de la Alta Dirección en México y Centroamérica 2026, elaborado por KPMG, revela un giro inquietante: el principal obstáculo ya no es únicamente el sesgo de género, sino el agotamiento crónico. El 45% de las encuestadas identifica el burnout como el mayor reto para alcanzar la Alta Dirección, por encima de la discriminación estructural.
El fenómeno no termina con el acceso. Una vez que las mujeres en puestos directivos logran romper el llamado “techo de cristal”, el desgaste amenaza su permanencia: 41% en México y 49% en Centroamérica reconocen que el burnout impacta directamente su continuidad en el cargo. Este hallazgo obliga a replantear el enfoque de diversidad corporativa: no basta con abrir la puerta, si el entorno laboral termina expulsando el talento femenino por agotamiento estructural.
Burnout y mujeres en puestos directivos: el costo invisible del liderazgo
El 45% que identifica el burnout como principal obstáculo no es un dato aislado; refleja una acumulación de presiones organizacionales y sociales. Olivia Segura, socia asesora en Capital Humano en KPMG México, explica que el incremento del agotamiento responde a múltiples factores: mayor necesidad de capacitación en habilidades digitales, incertidumbre estratégica y más horas destinadas a redefinir modelos de negocio.
A este contexto se suma un componente estructural: la persistente desigualdad en la distribución de responsabilidades domésticas. Las mujeres continúan siendo las principales cuidadoras en el hogar, lo que amplifica la carga total de trabajo. Cuando las exigencias corporativas se superponen con responsabilidades no remuneradas, el resultado es una ecuación de desgaste.
Además, el burnout en mujeres en puestos directivos está vinculado con la autoexigencia y la presión constante por demostrar resultados. La dificultad para delegar y establecer límites no es solo una característica individual; es una respuesta a culturas organizacionales que aún evalúan con mayor severidad el desempeño femenino.

Barreras estructurales para acceder a la Alta Dirección
El estudio también revela obstáculos previos al liderazgo. El 32% de las encuestadas considera que el talento femenino no es tomado en cuenta como sucesor natural para posiciones estratégicas. Esto evidencia un sesgo sistémico en los procesos de planeación de sucesión y gestión de talento.
Asimismo, 31% identifica la desigualdad de oportunidades para participar en iniciativas de alto impacto como un freno determinante. Sin exposición a proyectos clave, las trayectorias profesionales se ven limitadas, reduciendo la posibilidad de que más mujeres en puestos directivos consoliden su liderazgo.
Otro dato relevante es la cultura de competencia extrema: 30% de las ejecutivas mexicanas y 19% de las centroamericanas señalan este entorno como barrera. Este tipo de cultura suele premiar disponibilidad permanente y agresividad estratégica, características tradicionalmente asociadas a modelos masculinizados de liderazgo, lo que perpetúa la brecha de género.
Permanencia, salud emocional y riesgo de fuga de talento
Las consecuencias del entorno laboral adverso son profundas. En México, 43% de las ejecutivas reconoce que los prejuicios y desigualdades las desmotivan o les hacen perder interés en continuar; en Centroamérica, la cifra es de 32%. Esto impacta directamente la sostenibilidad del liderazgo femenino.
El 39% de las encuestadas mexicanas y el 27% de las centroamericanas reportan afectaciones en su salud emocional. Además, 26% señala una disminución en su sentido de pertenencia, aumentando su disposición a considerar ofertas externas. De hecho, 42% en México y 45% en Centroamérica cambiarían de empresa si no observan mejoras en su entorno laboral.

En términos de gestión ESG, estos datos implican un riesgo tangible: alta rotación de talento estratégico, pérdida de inversión en desarrollo ejecutivo y deterioro reputacional. Las mujeres en puestos directivos no solo enfrentan barreras de acceso, sino entornos que amenazan su continuidad.
Soluciones estructurales para cerrar la brecha
Los hallazgos exigen respuestas que trasciendan iniciativas simbólicas. Primero, es imprescindible integrar políticas de corresponsabilidad laboral y familiar, incluyendo esquemas flexibles y métricas de desempeño centradas en resultados, no en presencialismo. Sin redistribución de cargas, el burnout seguirá desplazando a las mujeres en puestos directivos.
Segundo, los procesos de sucesión deben incorporar criterios objetivos y auditorías de sesgo. La inclusión del talento femenino en proyectos de alto impacto debe ser una política deliberada, no una excepción. Tercero, se requiere rediseñar culturas organizacionales que privilegian la competencia extrema, promoviendo liderazgos colaborativos y saludables.
Finalmente, la salud mental debe convertirse en indicador estratégico. Programas de prevención de burnout, capacitación en gestión emocional y mecanismos de alerta temprana pueden marcar la diferencia entre retener o perder talento femenino clave.

Del acceso simbólico a la sostenibilidad real del liderazgo femenino
El estudio de KPMG evidencia que el principal desafío ya no es únicamente abrir espacios, sino garantizar que las mujeres en puestos directivos puedan ejercer su liderazgo sin enfrentar un desgaste desproporcionado. El burnout, al superar incluso a la discriminación como obstáculo, revela una falla estructural en la forma en que se conciben los modelos de éxito corporativo.
Para las organizaciones comprometidas con la responsabilidad social, el mensaje es claro: la equidad de género no se logra con cuotas aisladas, sino con transformaciones profundas en cultura, procesos y métricas de desempeño. De lo contrario, la Alta Dirección seguirá siendo un espacio al que pocas llegan y del que muchas se ven obligadas a salir.









