Hay preguntas que rara vez nos hacemos cuando estamos frente a un plato de comida. ¿De dónde viene lo que estamos a punto de comer? ¿Cómo fue cultivado? ¿Qué impacto tuvo su producción en el medio ambiente… o cómo puede impactar nuestra propia salud? En la práctica, solemos asumir que todos los ingredientes son iguales, que un vegetal es simplemente un vegetal, sin detenernos a pensar si en su proceso hubo químicos, sobreexplotación del suelo o prácticas que, aunque invisibles, terminan por afectarnos o perjudicar a otros.
La realidad es que no todos los alimentos se producen bajo los mismos estándares. Algunos privilegian la rapidez y el volumen; otros, la salud del ecosistema y la calidad del producto. Y esa diferencia —que no siempre vemos— termina llegando a nuestro organismo. Bajo esa lógica, elegir insumos cultivados con técnicas responsables es, más que un detalle, una decisión que conecta bienestar, sostenibilidad y consumo consciente.
Ese es el camino que ha decidido recorrer El Farolito, la cadena de taquerías 100% mexicana perteneciente a Grupo Restaurantero Gigante (GRG). Para la marca, cuidar tanto la forma en la que se producen los alimentos que consumimos, como favorecer cadenas de suministro que respalden a pequeños productores mexicanos puede hacer toda la diferencia. Por ello, estableció una alianza conNOA (Nopal Orgánico Arabedo), empresa familiar originaria de Milpa Alta, cuya forma de cultivar este versátil vegetal es una garantía de calidad e impulso al desarrollo local, y un ejemplo claro de la RSE de El Farolito en acción.
La RSE de El Farolito: construyendo valor desde el origen
La alianza entre El Farolito y NOA forma parte de los llamados Proyectos Productivos de Grupo Restaurantero Gigante, una iniciativa con más de dos décadas de trayectoria que busca construir cadenas de suministro nacionales y capaces de generar desarrollo social. A través de acompañamiento, asesoría y esquemas de comercio justo, estos proyectos impulsan a empresas locales para integrarse a mercados formales de alto volumen.
Este modelo, que forma parte del ADN de donde proviene la RSE de El Farolito, no sólo evalúa costos o volúmenes de producción, sino la forma en que los insumos son cultivados. Bajo esta lógica, NOA fue elegido proveedor de los nopales que acompañan sus platillos, precisamente por sus prácticas agrícolas responsables, pues, como explica Jorge Arabedo, coordinador del proyecto, esto es algo que distingue a sus productos de los disponibles en la mayoría de puntos de venta:
“Nuestro nopal tiene una gran diferencia con cualquier otro que te puedas encontrar, porque lo vendemos muy fresco, pero lo más importante es que en nuestro cultivo no ocupamos nada de agroquímicos; el nopal va 100% limpio”.

Esta diferencia no es menor, pues en un mercado donde la velocidad suele imponerse sobre los tiempos naturales de producción, apostar por productores que respetan los ciclos agrícolas implica asumir compromisos logísticos, comerciales y financieros. Sin embargo, es también ahí donde la RSE de El Farolito adquiere profundidad, pues al elegir procesos más responsables, también elige alimentos de mayor calidad y valor nutrimental para los consumidores, así como técnicas más amigables con el medio ambiente.
Agricultura limpia: beneficios para la salud y el medio ambiente
Además, el modelo de cultivo de NOA está basado en prácticas agroecológicas que buscan proteger tanto el ecosistema como al consumidor final. Uno de sus principios centrales es el uso de fertilizantes naturales compostados.
A ello se suma la decisión de no emplear agroquímicos para el control de plagas o malezas. En muchos sistemas intensivos, estos productos requieren periodos de retiro de hasta 40 días antes de la cosecha; sin embargo, la presión comercial suele acortar esos tiempos, lo que implica que los residuos químicos lleguen al consumidor.
El cultivo de NOA elimina ese riesgo. Además, permite la convivencia con flora y fauna endémica, mantiene el equilibrio del suelo y extiende la vida productiva de cada planta hasta 15 años gracias a técnicas de corte manual cuidadoso. Por todo ello, las técnicas artesanales que NOA emplea ayudan a cuidar no sólo el medio ambiente, sino también la salud de los consumidores.
Desarrollo local: cuando una elección transforma comunidades
Más allá del impacto ambiental, la alianza tiene implicaciones sociales profundas, pues, como Jorge Arabedo explica, el proyecto de NOA involucra a 12 personas de manera directa y a poco más de 20 cuando la producción lo requiere. Sin embargo, la relación comercial con El Farolito abre la puerta a nuevas contrataciones, así como al aumento de sus ventas y a la necesidad de ampliar sus áreas de cultivo.
Además, en una región como Milpa Alta, donde gran parte de la economía depende del nopal, fortalecer a productores locales significa sostener economías familiares completas. También evita la migración laboral de nuevas generaciones que, de otro modo, tendrían que desplazarse a la ciudad en busca de oportunidades.
Desde esta perspectiva, la RSE de El Farolito no sólo impacta su cadena de suministro, sino que contribuye a preservar oficios agrícolas tradicionales y a mantener activa la vocación productiva del territorio.

Un reconocimiento al trabajo de la tierra
Para los miembros de NOA, la colaboración trasciende lo comercial, pues representa un reconocimiento a décadas de trabajo agrícola y a la defensa de métodos tradicionales frente a esquemas industrializados. En palabras de Jorge Arabedo:
“El que nos den la oportunidad de mostrar la calidad de nuestros productos es un gran reconocimiento a la labor de todos estos años y estamos seguros que esta va a ser una puerta para desarrollarnos como empresa familiar”.
Por su parte, Eusebia, miembro de NOA, comparte su emoción y agradecimiento a esta compañía por elegir productos elaborados de manera artesanal y ayudarlos a que más gente los conozca:
“Para mí significa mucho que elijan productos elaborados así como nosotros lo hacemos y sé que gracias al restaurante Farolito nos vamos a dar a conocer como productores”.

Para pequeños productores como NOA, el valor simbólico de esta colaboración es claro: alguien en la cadena sí está mirando al productor, sí está diferenciando calidad de volumen, sí está apostando por lo artesanal.
Elegir bien desde el ingrediente
La RSE de El Farolito encuentra en esta alianza una de sus mayores expresiones. No se trata sólo de servir alimentos, sino de cuidar la forma en la que fueron producidos, quién los cultivó y el impacto que generaron en el entorno.
Al priorizar nopales libres de agroquímicos y respaldar a productores locales, la marca articula salud, sostenibilidad y desarrollo social en una misma cadena de valor. Porque, al final, preguntarnos cómo se produjo lo que comemos no es un gesto menor: es el primer paso para transformar la forma en que consumimos… y también la forma en que las empresas deciden abastecerse.











