Hace apenas unos días, uno de los recintos deportivos más emblemáticos de América Latina volvió a abrir sus puertas con un nuevo nombre y una nueva narrativa. El histórico Estadio Azteca, ahora Estadio Banorte, reanudó actividades tras más de un año de remodelación que buscó actualizar su infraestructura, ampliar su capacidad operativa y prepararlo para un calendario de eventos cada vez más diverso.
La reapertura no solo estuvo marcada por la expectativa deportiva rumbo al Mundial de 2026, sino también por una conversación más amplia sobre sostenibilidad en grandes infraestructuras. En ese contexto, la sustentabilidad del Estado Banorte se convirtió en un punto de análisis relevante para especialistas en responsabilidad social y para quienes observan cómo evolucionan los estadios hacia modelos más eficientes, inclusivos y resilientes.
Un ícono renovado y la sustentabilidad del Estado Banorte
La reinauguración del estadio marcó el inicio de una nueva etapa para el llamado coloso de Santa Úrsula, un recinto inaugurado originalmente en 1966 y diseñado por los arquitectos Pedro Ramírez Vázquez y Rafael Mijares. Durante décadas fue referencia del fútbol mundial, pero con el paso del tiempo comenzó a quedar rezagado frente a estadios más modernos, especialmente en Estados Unidos.
La remodelación buscó revertir esa brecha tecnológica y funcional. El inmueble amplió su aforo a 87 mil personas, integró nuevas áreas hospitality, modernizó sus sistemas de iluminación y sonido, y reforzó la conectividad digital con una red interna de wifi de alta velocidad. Dentro de este proceso, la sustentabilidad del Estado Banorte cobró relevancia porque el proyecto no solo apostó por la modernización, sino por adaptar un edificio histórico a estándares contemporáneos de operación sostenible.
Un estadio listo para el Mundial y para nuevos mercados
La reapertura del estadio también estuvo vinculada a la estrategia de posicionarlo como un recinto multifuncional. Con la remodelación, el inmueble buscó ampliar su mercado hacia conciertos, espectáculos internacionales y eventos deportivos de gran escala. La cancha fue completamente renovada con un sistema híbrido compuesto por 95% pasto natural y 5% fibras sintéticas, acompañado de un sistema de drenaje subterráneo que permite una evacuación más rápida del agua durante lluvias intensas.
Este cambio no fue menor: años atrás, en 2018, el estadio enfrentó un episodio crítico cuando la NFL canceló un partido debido a las malas condiciones del campo. Aquella situación marcó el inicio de una transformación que ahora culminó con un recinto preparado para recibir nuevamente eventos globales.
Certificación LEED Platino: un paso clave en sostenibilidad
Uno de los hitos más relevantes dentro de esta renovación fue la certificación LEED Operations and Management v4.1 en nivel Platino obtenida en octubre de 2025 con 81 puntos. Este reconocimiento posicionó al estadio como uno de los recintos existentes con mejor desempeño ambiental a nivel internacional.
La certificación evaluó la eficiencia energética, la gestión del agua, las políticas de operación y la experiencia de los usuarios dentro del inmueble. En el caso del Estadio Banorte, el desempeño en energía y gestión de recursos fue determinante para alcanzar el nivel más alto del estándar.
Este tipo de certificaciones también implican compromisos a largo plazo, ya que el recinto deberá someterse a una recertificación en los próximos años bajo estándares más exigentes.
Impacto social: una remodelación que también miró a su entorno
Durante el proceso de evaluación del proyecto se identificaron desigualdades sociales en la comunidad cercana al estadio. Como parte de las acciones de impacto social, se realizó una donación de 5,000 dólares a Ola México a través de Impact Hub para fortalecer emprendimientos locales mediante capacitación.
Este tipo de iniciativas busca que la operación del estadio tenga un efecto positivo en su entorno inmediato, especialmente en zonas urbanas donde los grandes recintos suelen generar dinámicas económicas complejas.
Este enfoque comienza a ser cada vez más relevante en proyectos de infraestructura vinculados a entretenimiento y deporte.
Movilidad urbana y acceso: el estadio dentro de la ciudad
Otro elemento clave del proyecto fue la movilidad. El estadio se encuentra sobre Calzada de Tlalpan, una de las arterias principales de la Ciudad de México, y frente a la estación Estadio Azteca del sistema de trolebús eléctrico. Los datos recabados durante el análisis de movilidad mostraron que una parte importante de las personas asistentes utiliza opciones de transporte con menor impacto ambiental. Más del 68% de los visitantes se trasladó mediante transporte público, carpooling, vehículos eficientes o medios no motorizados.
Además, se proyectó la construcción de una ciclovía que conectará el estadio con el Zócalo capitalino, ampliando las alternativas de movilidad sostenible para eventos masivos.
Energía, agua y residuos: cómo opera un estadio más eficiente
En el ámbito ambiental, el estadio mostró un desempeño destacado en energía y atmósfera, con 32 de los 33 puntos posibles dentro de la certificación LEED. Esto fue resultado de la modernización del sistema HVAC, la actualización de luminarias y la implementación de sistemas de medición energética más precisos.
Estas mejoras redujeron el consumo energético del inmueble y permitieron monitorear con mayor detalle su desempeño operativo. Además, se adquirieron bonos de carbono certificados que compensaron más de seis mil toneladas de emisiones generadas por el uso de energía.
En materia de agua, el proyecto impulsó el uso de agua tratada para riego y planeó la sustitución total del mobiliario sanitario por equipos de menor consumo hídrico, una medida clave en recintos de alta afluencia.
Experiencia de los usuarios: bienestar y calidad del ambiente interior
La sostenibilidad del estadio también incluyó la evaluación de la experiencia de quienes lo utilizan. Se realizaron encuestas a más de tres mil personas usuarias del recinto para analizar su percepción sobre el ambiente interior.
Los resultados mostraron que más del 61% se declaró satisfecho con las condiciones del estadio. A esto se sumaron mediciones de calidad del aire que registraron niveles de compuestos orgánicos volátiles y dióxido de carbono por debajo de los límites recomendados.
Estos indicadores reflejan que la operación del inmueble no solo se enfocó en eficiencia ambiental, sino también en bienestar y confort para asistentes, personal y visitantes.
El reto a futuro: consolidar la sustentabilidad del Estado Banorte
Aunque la remodelación marcó un avance importante, el proceso de sostenibilidad del estadio no terminó con la certificación. En tres años, el recinto deberá buscar su recertificación bajo la versión 5 del estándar LEED, que incluye métricas más estrictas relacionadas con descarbonización y resiliencia climática.
En este escenario, la sustentabilidad del Estado Banorte dependerá de mantener la consistencia operativa, fortalecer programas de educación ambiental para los asistentes y mejorar la separación de residuos durante eventos masivos.
También será clave el monitoreo constante de indicadores de energía, agua y movilidad, elementos que suelen representar los mayores desafíos en infraestructuras de gran escala.
Un estadio que redefine el futuro de los recintos deportivos
La reapertura del Estadio Banorte no solo representó la renovación de un símbolo del fútbol mundial, también abrió una conversación más profunda sobre el papel de los estadios en las ciudades contemporáneas. Hoy, estos espacios funcionan como plataformas culturales, económicas y sociales que requieren modelos de gestión más responsables.
El caso del antiguo Estadio Azteca demuestra que es posible actualizar un edificio histórico para responder a estándares ambientales actuales sin perder su valor simbólico. Esto es especialmente relevante en América Latina, donde muchas infraestructuras deportivas enfrentan el reto de modernizarse sin reconstruirse por completo.
En los próximos años, la evolución de la sustentabilidad del Estado Banorte podría convertirse en un referente para otros estadios en México y en la región, especialmente ahora que el país se prepara para ser nuevamente protagonista de uno de los eventos deportivos más importantes del planeta.










