En México, una pequeña fracción de la población concentra una parte desproporcionada de la riqueza nacional. De acuerdo con un informe reciente de Oxfam México, el 1% más rico posee el 40% de la riqueza del país, mientras cerca de 19 millones de personas enfrentan dificultades para poner comida en la mesa. La cifra vuelve a colocar en el centro del debate la desigualdad en México, un fenómeno estructural que ha marcado el desarrollo social y económico del país durante décadas.
Más allá de los indicadores macroeconómicos, esta brecha se refleja con claridad en el territorio y en la vida cotidiana de millones de personas. En la Ciudad de México, por ejemplo, barrios populares conviven a escasos metros de desarrollos inmobiliarios de lujo, evidenciando un contraste que ilustra cómo el crecimiento económico no siempre se traduce en bienestar compartido.
De acuerdo con The Guardian, un ejemplo de esta realidad se encuentra en Santa Lucía Reacomodo, una comunidad de clase trabajadora enclavada entre complejos residenciales exclusivos en la capital. Allí vive María del Socorro Corona, de 79 años, quien llegó hace décadas cuando el lugar era apenas una ladera cubierta de cactus y, junto a su esposo, construyó una casa de dos habitaciones que hoy sigue siendo su principal patrimonio.
Para subsistir, María vende ropa y pequeños objetos en un mercado semanal. Su casa turquesa está llena de bolsas con mercancía que espera vender para cubrir sus gastos básicos. A pocos metros de su vivienda se elevan torres de departamentos con balcones de cristal y jardines perfectamente cuidados, una imagen que sintetiza el contraste económico que define gran parte del paisaje urbano del país.
La desigualdad en México reflejada en el territorio
Santa Lucía Reacomodo comenzó a transformarse de manera acelerada hace aproximadamente veinte años, cuando el gobierno construyó un puente que conecta la zona con Santa Fe, uno de los distritos financieros más exclusivos de la capital. Esta nueva infraestructura acercó físicamente dos mundos que históricamente habían permanecido separados.
Con el paso del tiempo, inversionistas y extranjeros comenzaron a mostrar interés en los terrenos cercanos al barrio. Sin embargo, muchos residentes decidieron conservar sus viviendas, construidas con años de esfuerzo y arraigo comunitario.

El resultado es un paisaje urbano que hoy muestra un contraste evidente: fraccionamientos privados con altos niveles de seguridad y edificios residenciales de lujo conviven a pocos metros de una comunidad popular. Esta convivencia territorial ilustra de manera concreta la desigualdad en México, donde el acceso a recursos y oportunidades suele estar profundamente marcado por el lugar donde se vive.
Concentración de riqueza: una tendencia de largo plazo
De acuerdo con el informe de Oxfam México, la concentración de riqueza en el país se ha consolidado durante las últimas décadas. Actualmente, el 1% más rico posee el 40% de la riqueza nacional, lo que refleja un patrón económico donde los beneficios del crecimiento no se distribuyen de manera equitativa.
El documento advierte que esta concentración no es un fenómeno reciente, sino el resultado de procesos económicos acumulados a lo largo de varios años. Durante las últimas tres décadas, el número de personas ultrarricas ha crecido, así como el volumen de sus fortunas. En este contexto, el informe subraya que los mexicanos más acaudalados nunca habían sido tan numerosos ni tan ricos como en la actualidad, lo que plantea nuevos retos para la equidad económica y la cohesión social.
Uno de los elementos que más llama la atención en el informe es el crecimiento acelerado del patrimonio de los multimillonarios mexicanos. En los últimos cinco años, los 22 multimillonarios del país duplicaron su riqueza, alcanzando una fortuna conjunta de 219 mil millones de dólares. Entre los casos más emblemáticos se encuentra el de Carlos Slim, considerado el hombre más rico de América Latina. Entre 1996 y 2025, su riqueza se multiplicó más de ocho veces.
En el mismo periodo, el patrimonio del resto de los multimillonarios del país también creció significativamente, multiplicándose más de cuatro veces. Estas cifras evidencian una tendencia donde la acumulación de riqueza en la parte más alta de la pirámide económica continúa expandiéndose.

Avances recientes en la reducción de la pobreza
A pesar de la concentración de riqueza, algunos indicadores sociales han mostrado avances importantes en los últimos años. Uno de los factores que ha contribuido a estos cambios ha sido el incremento significativo del salario mínimo. Durante el sexenio del expresidente Andrés Manuel López Obrador, el número de personas que viven en situación de pobreza se redujo en 13.4 millones, lo que representa una disminución cercana al 26%.
Asimismo, el número de personas en pobreza extrema pasó de casi nueve millones a alrededor de siete millones. Estos avances sugieren que determinadas políticas laborales han tenido un impacto relevante en la mejora de los ingresos de los sectores más vulnerables.
La desigualdad en México persiste pese a los avances
De acuerdo con datos de la Base de Datos Mundial sobre la Desigualdad, en 2024 el país registró su nivel más bajo de desigualdad desde 2006. Este dato refleja que algunas políticas públicas han logrado modificar parcialmente la distribución del ingreso. Especialistas señalan que las políticas laborales implementadas en los últimos años han contribuido a generar cambios que no se habían observado en décadas.
Sin embargo, a pesar de estos avances, la desigualdad en México sigue siendo profunda. La brecha entre quienes concentran grandes fortunas y quienes enfrentan condiciones de vulnerabilidad continúa siendo amplia, especialmente cuando se analizan factores como patrimonio, acceso a servicios o calidad de vida.
Dos realidades separadas por un muro
En Santa Lucía Reacomodo, la división económica se vuelve visible en el paisaje urbano. Un muro de aproximadamente tres metros separa al barrio del fraccionamiento privado Bugamvillas, un complejo residencial exclusivo con estrictos controles de acceso. Del lado del fraccionamiento, la entrada está resguardada por guardias de seguridad y vigilancia constante. Del lado del barrio popular, la seguridad depende principalmente de la organización vecinal y de la presencia ocasional de patrullas.

Sebastián Cejalugo, de 36 años, ha vivido toda su vida en Santa Lucía. Recuerda que cuando era niño podía jugar en la calle hasta las diez de la noche. Hoy, afirma que la situación ha cambiado y que la inseguridad se ha vuelto un problema creciente en la zona.
A pesar de las dificultades, muchos habitantes destacan el valor de la vida comunitaria en Santa Lucía Reacomodo. Las fiestas de barrio, las celebraciones navideñas y las festividades religiosas forman parte esencial de la vida cotidiana. Sebastián Cejalugo incluso trabajó durante un tiempo como carpintero dentro del fraccionamiento Bugamvillas, reparando puertas y ventanas. Ahí pudo observar de cerca el estilo de vida en las residencias de lujo.
“Las casas son lujosas, hasta sus cocinas son bonitas”, comenta. Sin embargo, afirma que prefiere vivir en su comunidad. “Allá hay lujo, pero aquí hay convivencia”, explica.
Responsabilidad social frente a la desigualdad en México
En un contexto donde las brechas económicas siguen siendo significativas, el debate sobre el papel del sector privado adquiere cada vez mayor relevancia. La desigualdad en México no solo plantea desafíos para las políticas públicas, sino también para las empresas que operan en el país.
Desde la perspectiva de la responsabilidad social empresarial, reducir estas brechas implica ir más allá de acciones filantrópicas aisladas y avanzar hacia modelos de negocio que generen valor social. Esto incluye la promoción de salarios dignos, la generación de empleos de calidad y el fortalecimiento de cadenas de valor más inclusivas.
Además, las empresas pueden desempeñar un papel relevante en el desarrollo de las comunidades donde operan, contribuyendo a mejorar las condiciones de vida y a fortalecer la cohesión social. En un país marcado por fuertes contrastes económicos, integrar la sostenibilidad social en la estrategia corporativa se convierte en un elemento clave para construir economías más resilientes.
El caso de Santa Lucía Reacomodo muestra cómo la desigualdad económica se materializa en el territorio. A pocos metros de distancia conviven desarrollos inmobiliarios de alto valor y comunidades que siguen enfrentando retos relacionados con ingresos, infraestructura y seguridad.
Las cifras del informe de Oxfam México confirman que esta brecha no es únicamente una percepción, sino una realidad estructural que continúa moldeando la economía del país. Aunque se han registrado avances importantes en la reducción de la pobreza, la concentración de riqueza sigue siendo un desafío central.
Frente a este panorama, atender la desigualdad en México requiere una visión integral que involucre a gobiernos, empresas y sociedad civil. Solo mediante esfuerzos coordinados será posible avanzar hacia un modelo de desarrollo más inclusivo, donde el crecimiento económico se traduzca en bienestar compartido.









