En el marco del Día Mundial de la Educación Ambiental, que se conmemora cada 26 de enero, Saber Nutrir, el programa de responsabilidad social de Grupo Herdez recuerda la importancia de formar conciencia ambiental desde la infancia. La educación ambiental en los más pequeños no sólo implica hablar de naturaleza, sino enseñar, desde edades tempranas, a cuidar los recursos, entender los ciclos de los alimentos y asumir un rol activo en la protección del entorno.
Desde su experiencia ha observado que cuando las infancias participan en actividades prácticas, el aprendizaje se vuelve más significativo y duradero. Acciones cotidianas como separar residuos, aprovechar alimentos y reutilizar materiales se transforman en herramientas educativas que fortalecen valores como la responsabilidad, el respeto y el cuidado del medio ambiente.
Uno de los ejemplos más claros y accesibles para trabajar educación ambiental con las infancias es la elaboración de composta. Este proceso permite explicar, de forma sencilla, qué ocurre con los residuos orgánicos después de su consumo y cómo pueden regresar a la tierra para nutrirla nuevamente. La composta ayuda a reducir la cantidad de desechos que llegan a los rellenos sanitarios y, al mismo tiempo, enseña que muchos residuos no son basura, sino recursos con un nuevo propósito.
Involucrar desde edades tempranas en la elaboración de composta fomenta la observación, la paciencia y el entendimiento de los ciclos naturales. Ver cómo restos de frutas y verduras se convierten en abono, refuerza la idea de que el cuidado del planeta comienza con pequeñas acciones diarias, tanto en casa como en la escuela. Además, estas prácticas suelen replicarse en familia, amplificando su impacto y generando una cultura de sostenibilidad que trasciende generaciones.

¿Cómo hacer una composta en casa o en la escuela?
Este proceso de degradación de la materia orgánica es una actividad sencilla que puede adaptarse a distintos espacios y convertirse en una experiencia educativa para niñas y niños:
1) Elegir un recipiente adecuado. Puede ser un bote, caja o contenedor con tapa y pequeños orificios para permitir la ventilación.
2) Separar los residuos orgánicos. Restos de frutas y verduras, cáscaras de huevo, posos de café y bolsitas de té. Evitar carnes, lácteos y alimentos grasos.
3) Agregar material seco. Hojas secas, cartón sin tinta o aserrín ayudan a controlar la humedad.
4) Intercalar capas. Alternar residuos orgánicos con material seco para facilitar la descomposición.
5) Mezclar y observar. Remover la mezcla una vez por semana permite oxigenarla y observar los cambios.
6) Aprovechar el resultado. Tras algunas semanas, la composta se convierte en abono natural para plantas, huertos o áreas verdes.
Para Saber Nutrir, este tipo de prácticas además de fortalecer la educación ambiental, refuerzan la relación entre alimentación, cuidado del suelo y bienestar comunitario. Apostar por la educación ambiental desde la infancia es sembrar hábitos conscientes que contribuyen a un futuro más sostenible.
En este Día Mundial de la Educación Ambiental, el llamado es claro: enseñar a cuidar el planeta comienza con acciones simples y cercanas. La composta es una de ellas y, al integrarla en la vida cotidiana de niñas y niños, se siembra conciencia hoy para proteger los recursos del mañana.







